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La responsabilidad de un funcionario


O la irresponsabilidad es fácil de detectar en la vida diaria, especialmente en su faceta negativa: la vemos en el plomero que no hizo correctamente su trabajo, en el carpintero que no llegó a reparar las puertas en el día que se había comprometido, en el joven que tiene bajas calificaciones, en el arquitecto que no ha cumplido con el plan de construcción para un nuevo proyecto y, en casos más graves, en el funcionario que no ha hecho lo que prometió o que utiliza los recursos públicos para sus propios intereses.
La responsabilidad tiene un efecto directo en otro concepto fundamental: la confianza. Confiamos en aquellas personas que son responsables. Ponemos nuestra fe y lealtad en aquellos que de manera cumplen lo que han prometido. Aquí me refiero al Despacho de la Primera Dama y a la labor que realiza la Ministra de Vivienda, se han ganado el aprecio de la comunidad por su esfuerzo en beneficio de los demás, rozándose con el dolor ajeno. Otro que toma muy en serio su trabajo es el Director de SINAPROC. Muchacho joven, con gran dinamismo y que no le teme al trabajo. En cambio, nos encontramos con autoridades que no hacen bien su trabajo y que tienen que ver con la seguridad, y con los programas sociales y educativos del país. A ellos, lo sucedido en Curundú le deja un mensaje claro: falta de prioridades correctamente ordenadas.
Soy de la opinión que aquel que no hace su trabajo o lo posterga para después, debe ser señalado y puesto a órdenes de su casa. En otras palabras, que como incompetente debe buscarse otra ocupación, porque fácilmente dejamos de confiar debido a su ineptitud. Y, esto es fatal. En este punto nos enfrentamos a la disyuntiva: abandonar, desplazar o continuar. Nadie es "capaz de dar lo que no tiene", por eso, el liderazgo de un funcionario de jerarquía implica un reto constante de superación en todos los aspectos que se relacionan con el desarrollo completo y armónico de la persona y, por consiguiente, del país.
En todo ministerio debe haber un departamento de investigación y medición que pueda evaluar de forma científica-numérica la labor de los funcionarios que conforman el equipo de trabajo de los jefes de entidades, sobre todo cuando se les ha encargado de algún programa de interés social y cuando el mismo está sostenido con un presupuesto millonario.
Existe una variedad de programas para disminuir la delincuencia. Eso se sabe y se aplaude. El problema está cuando no se conoce para quienes va dirigidos, quienes participan de los mismos, cuál es el tiempo estimado para ver resultados tangibles, que alcance tienen, los parámetros a seguir, son programas de prevención o, de represión? Hay que dejar a un lado el misterio, el romanticismo, la reserva, cuando se refieren a planes y/o programas en momentos cruciales en que la seguridad está aprisionada. La divulgación tal y como es, se hace necesaria y, los que conforman la sociedad civil organizada deben participar en los proyectos que se desarrollan supuestamente para el bien común.
¿Qué podemos hacer para mejorar nuestra responsabilidad? Fácil. Lograr que nuestros actos correspondan a nuestras promesas. Sin embargo, el camino más difícil, pero que a la larga es el mejor, es que las autoridades de alta jerarquía logren disciplinar, perfeccionar hasta corregir a quienes están a su alrededor -a su equipo de trabajo- dejando a un lado el amiguismo que tanto impera en los círculos políticos y que se adueñan de nuestros ministerios e instituciones y, por ende, del país. ¿Realmente romper con el amiguismo es la mejor solución? Incluso podría parecer que es "lo justo" y que estamos haciendo "lo correcto". El hecho de aceptar formalmente un compromiso hace suponer que se conocen todos los aspectos, alcances y obligaciones que conlleva: informarse, estudiar y poner en práctica las nuevas técnicas y medios que hay para desempeñar mejor el trabajo.
En todas partes se habla de los problemas sociales, corrupción, inseguridad, vicios, etc. y es algo tan cotidiano que ya forma parte de nuestra vida, dejamos que sean otros quienes piensen, tomen decisiones y actúen para solucionarnos hasta que nos vemos afectados. Como ciudadanos debemos evitar la indiferencia, no podemos quejarnos de la situación actual del país sin hacer algo para cambiarlo, debemos exigir a los funcionarios con puestos privilegiados que rindan cuentas de sus obligaciones y, a la vez, apoyar campañas que beneficien a todos: en el área de salud, seguridad, en lo laboral, etc. Lo peor que nos sucede es creer que poco podemos hacer como si viviéramos aislados.
Vivimos con los ojos cerrados a la responsabilidad y pensando sólo en recibir beneficios, con el temor a dar más de nosotros mismos. Seamos honestos, en esto no existe temor sino egoísmo. Promover la seguridad, la limpieza, la creación de lugares de sano entretenimiento y los servicios básicos para el lugar donde vivimos, es una manera de comprometernos con nuestra sociedad y nuestra nación. ¿Qué no es fácil? Si todos hiciéramos un pequeño esfuerzo en corregir la irresponsabilidad, nuestra sociedad, nuestros países y nuestro mundo serían diferentes. Sí, es difícil, pero vale la pena.
gemiliani@cableonda.net
3- Una verdadera independencia judicial
4- Un Ministerio Público que defienda y no que persiga los Derechos Humanos
5- Que impere el principio de la legalidad administrativa
6- Verdaderos mecanismos de control ciudadano sobre las actividades de los órganos estatales
7- Medios de comunicación totalmente independientes del Gobierno y de sus intereses.
8- la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente de plenos poderes, para liberarnos de los que hoy se han eregido en verdugos de nuestras libertades.

101 años de Panamá América

 
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