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La revuelta de Atalaya


La ciudadanía acudió estupefacta a uno de los más bochornosos espectáculos de las últimas fechas: el acoso y retención ilegal de la persona del obispo de Veraguas, Oscar Mario Brown en Atalaya.

En Panamá nos estamos acostumbrando a hechos que unos años atrás hubiesen sido motivo de escándalo. Asesinatos; políticos de alto rango que en vivo y a todo color violan la ley por televisión; robos a mano armada; violaciones carnales; vínculos del narcotráfico con gentes de todos los niveles sociales...

Aún así, llena de espanto ver a un gentío iracundo, golpeando el radio patrulla de la Policía, dispuestos a cualquier cosa por ponerle la mano encima al prelado, un anciano y buen hombre que hizo mucho por Panamá en los peores momentos de la dictadura.

El motivo es lo que más perturba. Ese grupo de feligreses dice estar molesto porque cambiaron la imagen de madera del Cristo, que les sirve de cuidador de su fe y sus vidas, y les pusieron uno "falso".

Esa situación bastó para alterar a una comunidad que se creía pacífica. El hecho pinta de cuerpo entero a una sociedad que, sin duda, se encamina al abismo.

A falta de referentes sociales, ese pueblo se aferra a una estatua, a una cosa que se convierte en ídolo y determina su fe.

¡Quo vadis, Panamá!

101 años de Panamá América

 
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