La revuelta de Bocas del Toro
Los reciente hechos ocurridos en Bocas del Toro hay que analizarlos bajo un prisma diferente de todos aquellos fenómenos sociales y políticos que se dan en el país, ya que presenta características extremas que pueden ser paradigma sobre lo que puede ocurrir en otros pueblos de la República.
Partiendo de esta premisa, las características propias y la naturaleza tan singular de esta provincia, permiten explican este fenómeno social que degeneró en un levantamiento popular que mantuvo en vilo por varios días a las autoridades provinciales y nacionales.
Bocas del Toro ha sido una provincia olvidada por todos los gobiernos, que han prácticamente cedido por decenas de años a la compañía bananera la responsabilidad de dotar de los servicios públicos básicos. Han sido más de cien años de soledad donde la empresa bananera ha sido y es el eje central sobre el cual giran todas las actividades importantes de la región, comenzando por la economía.
Por primera vez en toda la historia de Panamá, Bocas del Toro no está aislada del resto de Panamá. En abril de este año se inauguró el último tramo para unir Chiriquí-Grande y Almirante. El atraso en infraestructuras públicas es notorio. Carreteras, puentes, aceras, señales viales, agua potable y acueductos, manejo de aguas negras, abastecimientos de alimentos, etc. El costo del transporte público es uno de los más caros del país. Cualquier desplazamiento urbano en autobús cuesta cincuenta centavos. El combustible es igual de caro. Los billetes de lotería se venden con un "impuesto" adicional y los diarios los venden a más de cincuenta por ciento de su valor original.
A pesar de este atraso general, existen "islas de la fantasía" que contrastan abruptamente con la realidad bocatoreña. Esto es tema para otro artículo.
Bocas del Toro es una mezcla de etnias. Gnöbe-Buglé y guaimíes; afro-antillanos; chiricanos inmigrantes: centroamericanos y en menor número europeos y norteamericanos.
Son quizás estos elementos los que se conjugaron recientemente y provocaron esta extraña revuelta, que de no ser por la oportuna y atinada intervención de la mandataria Mireya Moscoso, el movimiento hubiera degenerado en una insurrección popular capaz, al igual que ocurrió en enero de 1931, con el Movimiento de Acción Comunal, de tomarse el poder al extenderse como la pólvora por el resto del país; porque aquí en Bocas del Toro llegó un momento en que la población civil se tomó la provincia, "sitiando" a la Fuerza Pública en sus casernas donde prácticamente se habían quedado sin pertrechos para preservar el orden y su vida propia. Tal como la Presidenta encontró la situación era asunto de horas para que cayeran los últimos signos del poder central en Bocas del Toro y esto iba a ocurrir sin disparar un tiro y sin heroicos asaltos del Cuartel Moncada.
Lo que sucedió en Bocas del Toro ha sido una clarinada para que nuestras autoridades nacionales le presten atención a las justas demandas de regiones como Bocas del Toro que tradicionalmente a través de su trabajo e impuestos cobrados a las transnacionales que en ellas operan, han dado mucho y han recibido muy poco, tal como Panamá cuando era una provincia de Colombia.
Partiendo de esta premisa, las características propias y la naturaleza tan singular de esta provincia, permiten explican este fenómeno social que degeneró en un levantamiento popular que mantuvo en vilo por varios días a las autoridades provinciales y nacionales.
Bocas del Toro ha sido una provincia olvidada por todos los gobiernos, que han prácticamente cedido por decenas de años a la compañía bananera la responsabilidad de dotar de los servicios públicos básicos. Han sido más de cien años de soledad donde la empresa bananera ha sido y es el eje central sobre el cual giran todas las actividades importantes de la región, comenzando por la economía.
Por primera vez en toda la historia de Panamá, Bocas del Toro no está aislada del resto de Panamá. En abril de este año se inauguró el último tramo para unir Chiriquí-Grande y Almirante. El atraso en infraestructuras públicas es notorio. Carreteras, puentes, aceras, señales viales, agua potable y acueductos, manejo de aguas negras, abastecimientos de alimentos, etc. El costo del transporte público es uno de los más caros del país. Cualquier desplazamiento urbano en autobús cuesta cincuenta centavos. El combustible es igual de caro. Los billetes de lotería se venden con un "impuesto" adicional y los diarios los venden a más de cincuenta por ciento de su valor original.
A pesar de este atraso general, existen "islas de la fantasía" que contrastan abruptamente con la realidad bocatoreña. Esto es tema para otro artículo.
Bocas del Toro es una mezcla de etnias. Gnöbe-Buglé y guaimíes; afro-antillanos; chiricanos inmigrantes: centroamericanos y en menor número europeos y norteamericanos.
Son quizás estos elementos los que se conjugaron recientemente y provocaron esta extraña revuelta, que de no ser por la oportuna y atinada intervención de la mandataria Mireya Moscoso, el movimiento hubiera degenerado en una insurrección popular capaz, al igual que ocurrió en enero de 1931, con el Movimiento de Acción Comunal, de tomarse el poder al extenderse como la pólvora por el resto del país; porque aquí en Bocas del Toro llegó un momento en que la población civil se tomó la provincia, "sitiando" a la Fuerza Pública en sus casernas donde prácticamente se habían quedado sin pertrechos para preservar el orden y su vida propia. Tal como la Presidenta encontró la situación era asunto de horas para que cayeran los últimos signos del poder central en Bocas del Toro y esto iba a ocurrir sin disparar un tiro y sin heroicos asaltos del Cuartel Moncada.
Lo que sucedió en Bocas del Toro ha sido una clarinada para que nuestras autoridades nacionales le presten atención a las justas demandas de regiones como Bocas del Toro que tradicionalmente a través de su trabajo e impuestos cobrados a las transnacionales que en ellas operan, han dado mucho y han recibido muy poco, tal como Panamá cuando era una provincia de Colombia.