default

La rosca infernal


Yo temblaba de indignación el 3 de enero cuando, después de leer El Panamá América, le informé a mi esposo que la presidenta había regalado a cada uno de los 71 legisladores un reloj Cartier o un par de aretes de oro con esmeraldas. Mi esposo me contestó: "Panamá está perdido. Te lo he dicho y te lo vuelvo a repetir. No hay esperanza de que se componga. It"s hopeless".
Me ardieron los ojos y quise llorar. Pero no lo hice. Me limité a responder secamente: "Panamá no está perdido". Sin embargo, me acordé del nombramiento del norieguista Otilio Miranda como cónsul de Panamá en la República Dominicana y de otra serie de desaciertos de la presidenta que dan motivo para pensar que Mireya Moscoso está muy mal asesorada por personas que, buscando su propio provecho, no les importa hundir a la primera mujer presidente de Panamá y hacer perder las esperanzas del pueblo panameño de que vamos hacia un futuro mejor.
Me acordé de lo que me dijo un analista político: "El Gobierno sigue infestado de perredistas y en mi opinión siguen mandando. Mireya actúa más como primera dama que como presidenta, gracias a quienes la empujan a ello para distraerla". También se me había dicho que el Gobierno está dominado por clanes de "golosos" que se dedican a ver qué se pueden apropiar a como dé lugar y que trabajan vertical, horizontal y perpendicularmente en pro de lo suyo. Se me dijo además que la oligarquía mira con gula hacia el Canal y que terminará desbancando a la presidenta o sometiéndola a sus directrices.
En mi propia lista de los desaciertos conocidos de este Gobierno está el proyecto de remodelar un caserón en Punta Mala para que sirva como casa de descanso de la mandataria, el plan de comprar una aeronave presidencial a un costo de B/. 5 millones, el nombramiento de Guillermo Endara como magistrado de la Corte Suprema, la retención de las partidas circuitales, y la garantía de un mínimo de B/. 300 mil por concepto de partida circuital que se le dio a cada uno de los legisladores del PRD para que aprobaran el Presupuesto del Estado y la "Ley Chorizo" (El Panamá América 3 de enero de 2000).
En la mañana del tres de enero yo tenía la esperanza de que al día siguiente El Panamá América daría la buena nueva de que los legisladores habían regresado los relojes o las prendas. Sin embargo, el diario informó: "A varios no les gustó el reloj porque mostraban cabezas de tornillos en el marco; y terminaron vendiéndolo a colegas por mil balboas. Al día siguiente vieron que en las tiendas lo tenían a B/.3 mil y corrieron a reclamar B/.500 más. Fuera de eso, a cada legislador se le garantizó una partida circuital de B/.538 mil bajo su exclusivo control".
Las manos me tiemblan cuando escribo lo siguiente y no es porque tengo frío. ¡Dios mío! No se trata solamente de que la presidencia ha hecho un burdo esfuerzo por comprar a los legisladores sino que los legisladores han demostrado que están corrompidos hasta el tuétano.
Nos pasa lo siguiente. Los valores en este país están trastocados debido a que, por más de veinte años, en Panamá no hubo libertad de expresión y la corrupción estuvo respaldada por la fuerza de las armas. Por más de veinte años, denuncias sobre la compra de los legisladores como la que ha hecho El Panamá América no pudieron ser publicadas. En ese lapso, ¿quién sabe cuántos relojes Cartier, cuántas prendas, cuántas licitaciones, cuánto dinero del erario se repartieron entre los adeptos del Gobierno, los dirigentes de la empresa privada y los políticos de la oposición? En ese lapso, la corrupción fue creciendo sin cortapisas, involucrando a todos los estratos sociales, inclusive el sector religioso porque hubo sacerdotes que se hicieron amigotes de los dictadores.
Sin libertad de expresión producto del golpe militar de 1968, Panamá fue como un invernadero que quedó sin luz. En circunstancias donde sólo podía prosperar el abuso del poder y la corrupción, muchos hombres y mujeres decentes se malograron y se multiplicaron especies que solamente podían crecer en la oscuridad. Prosperaron los chantajistas, los corrompidos y los matones. Una rosca infernal se apoderó del invernadero.
Hubo de todo en este país. Los dictadores se acostaron con las mujeres que quisieron, inclusive con las esposas de sus socios civiles y los cónyuges se tuvieron que tragar la humillación. Se le dio trato deferencial a individuos cuyas fortunas emanaban del tráfico de drogas y el lavado del dinero y nadie pudo objetar. A la cabeza de respetadas organizaciones de la empresa privada escalaron los cómplices de torturadores y asesinos, y no se pudo alzar una voz de protesta. Detrás de los represores, no pocos empresarios, supuestamente "respetables", se engordaron como sanguijuelas. Así, la corrupción se diseminó en todo el cuerpo social. El pueblo panameño -sometido a la censura, la mentira y la represión- sin poder saber la verdad de lo que acontecía y sin poder resistir con efectividad, sufrió no sólo la destrucción de las instituciones democráticas sino de los valores que mantienen a una sociedad sana.
Eso es lo que estamos viendo hoy. Hay, además, una gran confusión en el escenario político. No se acepta la noción de que hay principios que tenemos que defender y mantener ante todo. Por lo tanto, la política se conduce en término de bandos, de que es correcto apoyar todo lo que haga el bando propio y de rechazar todo lo que haga el contrario. Por ejemplo, mucha gente que votó por Mireya Moscoso mantiene la actitud de que hay que apoyarla, no importa lo que haga, porque de lo contrario se le hace el juego al PRD. En el caso del nombramiento de Guillermo Endara como magistrado de la Corte Suprema, quienes criticamos aquel desacierto fuimos tildados de "anti-mireyistas".
Esto nos demuestra que en Panamá aún no se percibe que lo principios aplican a todos y que la justicia debe ser igual para todos. Aún no se entiende que la nave del Estado tiene que conducirse hacia un norte y que debe ser censurado cualquiera que la aparte de ese norte. No ha penetrado a la conciencia nacional el hecho de que, para que no se desvíe el curso de la Nación, tenemos que ser objetivos, asegurándonos de que nuestras opiniones estén basadas en datos confiables y usando la misma medida para juzgar a tirios y a troyanos.
Los "mireyistas" y muy especialmente la presidente Mireya Moscoso deben comprender que quienes criticamos las acciones objetables de la presidenta somos sus mejores amigos porque no nos quedamos callados ante las maniobras de quienes persiguen destruirla y exigimos lo mejor que Mireya Moscoso puede dar a un pueblo que sufre hambre y miseria.
Panamá no está perdido. Porque hay libertad de expresión, hoy más que nunca tenemos que luchar por los principios morales y éticos que mantienen la democracia y la justicia. Hoy más que nunca tenemos que luchar por la verdad y contra la corrupción. Hoy más que nunca debemos luchar contra la rosca infernal, denunciando todo lo que va en contra de la justicia y del bien común. Si es preciso, para que éste sea un país democrático y justo, debemos arriesgar nuestra honra y nuestras vidas porque, quienes vivimos hoy, tenemos esa responsabilidad ante Dios, ante nuestros muertos y ante las generaciones venideras.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América