La segunda vuelta
Por muchos años he venido luchando infructuosamente por establecer en nuestro sistema político la segunda vuelta electoral. Solidaridad, el partido que fundé, siempre se pronunció en este sentido. Para establecer la segunda vuelta se tiene, según los entendidos, que hacer cambios en nuestra Constitución Nacional. Pero las pocas veces en que se han introducido reformas a ella nunca, jamás, nuestra insistente solicitud fue aceptada. Ello no llegó ni a “primera base” como dicen popularmente.
La objeción a que la segunda vuelta forme parte del Código Electoral se debe exclusivamente a la oposición que le han hecho los partidos grandes (el PRD y el Panameñismo, cada uno en su época). Piensan ellos dos que aunque ninguno ha podido llegar al poder con ni siquiera un 40% del electorado que con la segunda vuelta perderían fuerza política. Siempre tuvieron (el PRD y el Panameñismo) en mente la idea del bipartidismo político. No aceptaban en el período preelectoral la vigencia de una mayor participación en los partidos “pequeños”. Aunque posteriormente al llegar al poder necesitaron de ellos para poder gobernar. Eran imprescindibles entonces para mantener la institucionalidad del país.
Panamá, creo, es el único país del mundo (excluyendo al Africa) o al menos de América que tienen presidentes electos con una minoría. Con la elección de Don Ricardo Martinelli como Presidente de la República y la extraordinaria participación como candidato de una “tercera fuerza” del Presidente Endara en el 2004, este “control” de los dos partidos pareciera que ese dominio llegó al final. Desconozco si existe algún proyecto de introducirle algún cambio constitucional, pero de haberlo es conveniente insistir nuevamente en incluir en ella la segunda vuelta electoral. Ellos permitirían que antes de la segunda elección las fuerzas se aglutinaran ideológicamente y que puedan también participar e identificarse con los nuevos planes del gobierno que tenga los distintos candidatos. Es decir se tendría una plataforma política más amplia y los proyectos gubernamentales gozarían de mayor respaldo popular. El Presidente electo tendría amplia mayoría electoral y consecuentemente más fuerza para llevar adelante sus proyectos. No se harían arreglos políticos de última hora.
Uruguay acaba de darnos una prueba muy elocuente de lo conveniente de la segunda vuelta electoral. Las fuerzas políticas se aliaron y el elector uruguayo fue a votar con dos ideologías claramente definidas: la izquierda y la derecha.