La seguridad alimentaria empieza en el campo
América Latina y el Caribe ha sido una de las regiones menos afectadas durante la actual crisis, cuyos ajustes traumáticos hoy barren Europa del Este y Grecia, y amenazan también a la Península Ibérica. Más que disfrutar la inercia de un ambiente de estabilidad democrática y relativa solidez económica, esta es la hora de fortalecer la inmunidad estratégica de la economía y propiciar avances sociales en el menor espacio de tiempo.
Uno de ellos es el fortalecimiento de la agricultura familiar y, con ella, el rescate de productos alimentarios originarios de la región para garantizar la seguridad alimentaria. Esta fue una de las conclusiones de la 31ª Conferencia Regional de la FAO, realizada a fines de abril en Panamá, que reunió a 15 ministros y viceministros y representantes de 26 países de América Latina y el Caribe, además de observadores de otros gobiernos, de la sociedad civil y de organismos internacionales.
A pedido de los gobiernos, la FAO deberá reforzar su apoyo a las políticas públicas para aumentar la producción de la agricultura familiar; promover su integración en cadenas productivas; apoyar la comercialización de las cosechas y diseñar mecanismos de financiamiento asociados al uso de prácticas de manejo que aseguran la sustentabilidad social, económica y ambiental.
El reposicionamiento de la agricultura y de la seguridad alimentaria en el centro de los programas nacionales y regionales de desarrollo fue destacado por el Director General de la FAO, Jacques Diouf, durante el encuentro. No se trata de mera retórica protocolar, sino una constatación de un cambio político atestiguada por las leyes de seguridad alimentaria ya aprobadas o en trámite en más de 15 países de la Región.
La agricultura familiar puede cumplir un rol clave, dado su enorme peso en el campo: ella representa el 70 % de las propiedades, el 40 % de la producción y genera dos de cada tres ocupaciones rurales en promedio en nuestra Región.
Estudios hechos por la FAO y el BID, en 2007, confirman su papel insustituible en el abastecimiento del hasta el 80 % de la canasta básica en las regiones y núcleos de población de menor renta.
Reconociendo dicha situación, la 31ª Conferencia Regional de la FAO enfatizó la necesidad de que los países recuperen su capacidad soberana de producir alimentos para atender las demandas de su producción.
A quienes consideran este movimiento como una moda anti-mercado, cabe recordar la declaración del ex presidente norteamericano Bill Clinton en la Comisión de Relaciones Exteriores del Senado de dicho país, en marzo de este año, poco antes de partir a Puerto Príncipe.
El gobierno de Clinton (1993-2001) fue uno de los que más presionaron a Haití para eliminar las tarifas y liberalizar la importación de arroz subsidiado de los EE.UU.— lo que destruyó la producción local y generó una dieta de granos de calidad inferior al producto nacional. Este mecanismo nefasto dejó a Haití preso de los vaivenes de las oscilaciones especulativas en las bolsas internacionales, y reveló un efecto aún más perverso sobre la seguridad alimentaria luego del terremoto del 12 de enero. En su mea culpa, Clinton admitió: “Eso puede haber sido bueno para los agricultores de Arkansas, pero fue un error.”