La seguridad, entre la realidad y la percepción
Cuando las autoridades del Ministerio Público dieron a conocer sus reportes sobre la cantidad de procesos penales tramitados el año pasado, hicieron la sorpresiva afirmación de que la actividad criminal había disminuido en comparación con la del año anterior.
Ahora bien, nadie en esta ciudad cree que hayan disminuido los delitos, sobre todo porque los robos a residencias de personas muy conocidas se han reportado con frecuencia en los últimos días, lo que ha intensificado la percepción de una mayor presión por parte de los cacos.
¿Hay contradicción entre la realidad y la percepción? ¿Reflejan las estadísticas la realidad del delito? ¿O mejor debemos guiarnos por lo que nos dicen nuestros miedos? Quizás debamos tomar el asunto con un poco de pragmatismo y percatarnos de una vez por todas que el delito tiene sus ciclos de altas y bajas.
Cada vez que hay más dinero en la calle, porque la gente sale a hacer las compras del inicio de clases, o de Navidad, la cantidad de incidentes de hurtos, robos y atracos de menor cuantía aumentan, y luego de unas semanas desciende, pero jamás se apaga. Esto lo sabemos gracias a las estadísticas, no a las percepciones.
Estamos en una época de alta incidencia delictiva, particularmente en lo que se refiere a los delitos contra la propiedad, de modo que no es una sorpresa que haya repentinamente más casos. Las autoridades lo saben, conocen los lugares y las horas de mayor incidencia criminal, y sería bueno que nos contaran qué hacen al respecto y cómo puede la ciudadanía tomar más precauciones para prevenirse de estas calamidades. Pero no esperemos que la estadística criminal le ofrezcan alivio a los que son víctimas del delito y no tomemos la expresión de sus sentimientos como si fuesen un tratado de criminología tampoco.
El delito es una realidad medible como cualquiera, pero también es una noticia que crea una percepción, la cual rara vez corresponde de modo exacto con la realidad. No ganamos nada luchando contra las estadísticas del delito, debemos concentrarnos en las acciones individuales, familiares y comunitarias que nos pueden ayudar a disminuir los riesgos de ser su víctima.
Ahora bien, nadie en esta ciudad cree que hayan disminuido los delitos, sobre todo porque los robos a residencias de personas muy conocidas se han reportado con frecuencia en los últimos días, lo que ha intensificado la percepción de una mayor presión por parte de los cacos.
¿Hay contradicción entre la realidad y la percepción? ¿Reflejan las estadísticas la realidad del delito? ¿O mejor debemos guiarnos por lo que nos dicen nuestros miedos? Quizás debamos tomar el asunto con un poco de pragmatismo y percatarnos de una vez por todas que el delito tiene sus ciclos de altas y bajas.
Cada vez que hay más dinero en la calle, porque la gente sale a hacer las compras del inicio de clases, o de Navidad, la cantidad de incidentes de hurtos, robos y atracos de menor cuantía aumentan, y luego de unas semanas desciende, pero jamás se apaga. Esto lo sabemos gracias a las estadísticas, no a las percepciones.
Estamos en una época de alta incidencia delictiva, particularmente en lo que se refiere a los delitos contra la propiedad, de modo que no es una sorpresa que haya repentinamente más casos. Las autoridades lo saben, conocen los lugares y las horas de mayor incidencia criminal, y sería bueno que nos contaran qué hacen al respecto y cómo puede la ciudadanía tomar más precauciones para prevenirse de estas calamidades. Pero no esperemos que la estadística criminal le ofrezcan alivio a los que son víctimas del delito y no tomemos la expresión de sus sentimientos como si fuesen un tratado de criminología tampoco.
El delito es una realidad medible como cualquiera, pero también es una noticia que crea una percepción, la cual rara vez corresponde de modo exacto con la realidad. No ganamos nada luchando contra las estadísticas del delito, debemos concentrarnos en las acciones individuales, familiares y comunitarias que nos pueden ayudar a disminuir los riesgos de ser su víctima.