La situación de la CSS
La crisis de la Caja de Seguro Social (CSS) es real, no es producto de la imaginación (aunque como se trata el problema, asemeja una pesadilla), es real y extremadamente peligrosa con consecuencias funestas para los panameños, asegurados o no asegurados, de ahora y siempre; más aún para las generaciones futuras, nuestros hijos y nietos. Históricamente, la situación ha sido muy mal manejada y ahora lo hacemos peor.
El famoso Diálogo ha sido un fracaso. La relación con la administración, tanto del sector privado como del gobierno, no es buena, por decir lo menos. No se vislumbra solución concreta en el horizonte y mucho menos ahora que se acercan las elecciones nacionales. A pesar de que cada día que pasa la crisis se torna más crítica, pareciera que existe la intención de "darle larga al problema" para que el próximo gobierno se encargue del asunto. Algo así como diría mi abuela: "el que viene atrás que arree".
Lo cierto es que la crisis del Seguro Social no la resolverán diálogos estériles ni posturas demagógicas llenas de acusaciones a los gobiernos militares, ni otras referencias al pasado; como tampoco culpar a la morosidad de cuotas del gobierno y la empresa privada. El cobro de las cuotas atrasadas sin duda ayudará, pero no resolverá el problema. La crisis financiera es más profunda; la solución está en otros factores y sobre todo, requerirá mucho juicio, análisis y apoyo profesional, mucho valor personal y voluntad política de nuestros gobernantes. Requerirá tomar medidas que, de seguro, no serán agradables.
Todos los panameños tendremos que contribuir y aceptar sacrificios por el bienestar común. Va a ser duro. Creará conflictos, pero peor es no hacer nada, pues el tiempo se acabó. Hemos perdido mucho tiempo tratando el tema como un asunto político, como lo hacemos en la actualidad. Hemos hecho caso omiso de las advertencias de los técnicos en seguridad social y organismos internacionales competentes. Hemos preferido no alienar a sectores y grupos de presión, y postergar el problema. En pocas palabras, históricamente ha prevalecido el interés político sobre el bienestar social. Salvo que ahora "llegó Matea" y el tiempo del juego político se acabó.
La crisis financiera es real y hay que resolverla pronto, porque de no hacerlo peligra la estabilidad financiera y social del país. Ningún gobierno futuro soporta la carga financiera que implica el pago de jubilaciones y otros servicios de seguridad social que envuelven una eventual quiebra total de la Caja. La situación es más crítica aún cuando en aras de defender sus posiciones y posturas políticas o ideológicas, se esconda al pueblo la verdadera realidad de la situación financiera presente y futura de la CSS.
Observen cómo ciertos grupos acuden al "cuco" de la privatización, a pesar que todos los sectores de gobierno, empresariales y políticos han descartado esta vía para la solución de la crisis del Seguro Social. El sacar el tema de la privatización en cada declaración o manifestación pública es simplemente irresponsable y demagógico. El pueblo y especialmente los asegurados, tenemos derecho a saber la cruda realidad de la Caja. Es nuestro bienestar social el que está en juego. Crear cortinas de humo con el objeto de desviar nuestra atención de las causas, situación real y posibles soluciones concretas es imperdonable; como también lo es pensar que al prolongar la discusión estéril del tema vendrán los Reyes Magos o Mandrake, u otra solución mágica, a resolver el problema.
Para mí no hay más opciones: o continuamos directo al caos social que implicaría la eminente quiebra de la Caja o la sociedad civil, los políticos, los gremios, la Iglesia, el gobierno, los sindicatos, en fin, todos, nos ponemos de acuerdo en un proceso de búsqueda y ejecución de soluciones concretas pronto. Escojamos el camino.
Para mi buen entender, la solución del problema de la CSS implica considerar el aumento de cuotas, edad y período de ingreso al sistema de jubilación; equiparación de las edades de jubilación y, contrario a lo expresado por las mayorías, yo sí creo en brindarle a los panameños la opción de escoger una jubilación privada. La he visto funcionar bien en otros países.
Ojo a las críticas de izquierdistas sobre el sistema mixto. Sus intereses no descansan en nuestro bienestar, es en lo menos que piensan. Sueñan con regresar a la época de la Cortina de Hierro; todavía no aceptan que el mundo, aún en los países comunistas, ha cambiado. Viven en la decada del "60, tanto así que aún gritan slogans como: "Yankee go home". No se han dado cuenta que se fueron el 31 de diciembre de 1999.
El famoso Diálogo ha sido un fracaso. La relación con la administración, tanto del sector privado como del gobierno, no es buena, por decir lo menos. No se vislumbra solución concreta en el horizonte y mucho menos ahora que se acercan las elecciones nacionales. A pesar de que cada día que pasa la crisis se torna más crítica, pareciera que existe la intención de "darle larga al problema" para que el próximo gobierno se encargue del asunto. Algo así como diría mi abuela: "el que viene atrás que arree".
Lo cierto es que la crisis del Seguro Social no la resolverán diálogos estériles ni posturas demagógicas llenas de acusaciones a los gobiernos militares, ni otras referencias al pasado; como tampoco culpar a la morosidad de cuotas del gobierno y la empresa privada. El cobro de las cuotas atrasadas sin duda ayudará, pero no resolverá el problema. La crisis financiera es más profunda; la solución está en otros factores y sobre todo, requerirá mucho juicio, análisis y apoyo profesional, mucho valor personal y voluntad política de nuestros gobernantes. Requerirá tomar medidas que, de seguro, no serán agradables.
Todos los panameños tendremos que contribuir y aceptar sacrificios por el bienestar común. Va a ser duro. Creará conflictos, pero peor es no hacer nada, pues el tiempo se acabó. Hemos perdido mucho tiempo tratando el tema como un asunto político, como lo hacemos en la actualidad. Hemos hecho caso omiso de las advertencias de los técnicos en seguridad social y organismos internacionales competentes. Hemos preferido no alienar a sectores y grupos de presión, y postergar el problema. En pocas palabras, históricamente ha prevalecido el interés político sobre el bienestar social. Salvo que ahora "llegó Matea" y el tiempo del juego político se acabó.
La crisis financiera es real y hay que resolverla pronto, porque de no hacerlo peligra la estabilidad financiera y social del país. Ningún gobierno futuro soporta la carga financiera que implica el pago de jubilaciones y otros servicios de seguridad social que envuelven una eventual quiebra total de la Caja. La situación es más crítica aún cuando en aras de defender sus posiciones y posturas políticas o ideológicas, se esconda al pueblo la verdadera realidad de la situación financiera presente y futura de la CSS.
Observen cómo ciertos grupos acuden al "cuco" de la privatización, a pesar que todos los sectores de gobierno, empresariales y políticos han descartado esta vía para la solución de la crisis del Seguro Social. El sacar el tema de la privatización en cada declaración o manifestación pública es simplemente irresponsable y demagógico. El pueblo y especialmente los asegurados, tenemos derecho a saber la cruda realidad de la Caja. Es nuestro bienestar social el que está en juego. Crear cortinas de humo con el objeto de desviar nuestra atención de las causas, situación real y posibles soluciones concretas es imperdonable; como también lo es pensar que al prolongar la discusión estéril del tema vendrán los Reyes Magos o Mandrake, u otra solución mágica, a resolver el problema.
Para mí no hay más opciones: o continuamos directo al caos social que implicaría la eminente quiebra de la Caja o la sociedad civil, los políticos, los gremios, la Iglesia, el gobierno, los sindicatos, en fin, todos, nos ponemos de acuerdo en un proceso de búsqueda y ejecución de soluciones concretas pronto. Escojamos el camino.
Para mi buen entender, la solución del problema de la CSS implica considerar el aumento de cuotas, edad y período de ingreso al sistema de jubilación; equiparación de las edades de jubilación y, contrario a lo expresado por las mayorías, yo sí creo en brindarle a los panameños la opción de escoger una jubilación privada. La he visto funcionar bien en otros países.
Ojo a las críticas de izquierdistas sobre el sistema mixto. Sus intereses no descansan en nuestro bienestar, es en lo menos que piensan. Sueñan con regresar a la época de la Cortina de Hierro; todavía no aceptan que el mundo, aún en los países comunistas, ha cambiado. Viven en la decada del "60, tanto así que aún gritan slogans como: "Yankee go home". No se han dado cuenta que se fueron el 31 de diciembre de 1999.