La sobria virtud de la juma
Respeto al abstemio, pero, prefiero cierta distancia. Las costumbres ajenas se pegan demasiado y soy capaz de terminar abstemio de espíritu. Aprecio la sobriedad de la institución social de la juma moderada, tanto como rechazo aquella entelequia torpe y sobona, que arrastra palabras y repite ideas hasta el cansancio: el borracho.
Entre extremos de borrachera y sobriedad, la juma moderada es virtud del justo medio y excelente activo social. Es como alimento del alma, parte integral de una dieta sana y el mejor aceite de la amistad. Unos tragos son como una aspirina, sólo que funcionan más rápido. A más de bajar tensiones, reducir colesterol y riesgo de desarrollar demencia, ayudan a librarnos de la esclavitud del pensamiento racional y lógico.
Ese caos gracioso y arriesgado que es el juma´o, apuesta a encampanar su loco para que los presentes juzguemos el vuelo. El borracho, que en su exceso brinda el espectáculo triste de exponer hoy lo que mañana será su vergüenza, siempre pierde. El abstemio, en cambio, no arriesga y prefiere mantener su demencia bajo llave.
La juma moderada, esa especie de recurso natural sustentable en la parte divertida del mundo, es lenguaje universal. El placer de sacar lo que llevamos dentro, algo así como el desyerbe del terreno para que lo nuevo emerja, parece consustancial al alma humana. Hace más de 3,500 años los egipcios descubren que, mientras unos persiguen la felicidad, el juma´o la crea. Se esmeran entonces en fermentar jugo de uvas. No en vano tienen su Cleopatra, que de aburrida, nada.
La Ley Seca promulgada en los años 20 en EE.UU., acicatea el gusto por lo prohibido y se bebe sin mesura.
A pesar de un Jesús realista que convierte el agua en buen vino en aquella boda, algunos ilusos quisieran imaginar un Panamá abstemio. La abstinencia total que sobrios proponen a una sociedad de bebedores, no es siquiera un objetivo real. A lo largo de la vida, en toda celebración mediarán copas. Tomar tragos sin perder compostura, jumarse con moderación digo yo, es una habilidad social que necesita enseñarse a su debido tiempo. Desarrollar tan excelsa virtud conlleva practicar con gente alrededor. Júmate y el mundo celebrará contigo, emborráchate y acabarás sólo.
La juma solamente libera el espíritu, nunca lo afina, menos eleva. El sustrato libre de amarras que emerge allí es lo que más de verdad puede contener la expresión humana. El juma´o es un niño inocente.
El peor enemigo de la juma no es el dolor, la enfermedad o la crisis. Es la seriedad del burro, ese rostro largo, que ensombrecido, agua el trago y aburre hasta a las piedras. El burrico adusto toma tan en serio su ilusión que llega a creer que hace Patria. Más que nadie, éste necesita de una saludable juma que le devuelva la noción que, como dice la canción, "...la vida es un sueño y todo se va".
Los muy trabajados, los cerrados de espíritu, los serios patológicos, los inexpresivos, que aprovechen estos carnavales para recetarse una juma medicinal y dosificada. Una que actúe como un limpiavidrios, que no quita todas las manchas, pero, cómo contribuye en hacer más traslúcido el cristal del alma.
¡Viva Parita!