La soledad del corredor de fondo
EN UN ARTÍCULO DE opinión publicado en el Panamá América el jueves 15 de febrero del corriente año, bajo el título: "Dos personajes para la historia", el veterano periodista y diplomático chiricano, Don Juan B. Gómez, persona a quien aprecio y admiro, expresaba lo siguiente:
"El domingo ( 4 de febrero) publicó El Panamá América, en el segmento Semblanzas, dos artículos que se deben guardar para la historia. Uno, la entrevista que le hicieron al Dr. Miguel Antonio Bernal, en la que se retrata de cuerpo entero un hombre que honra la nacionalidad panameña.
Es una lástima que hombres como el Dr. Bernal no alcancen nunca en nuestra deficiente democracia, puestos cimeros en la conducción del Estado. El Doctor Bernal, un Quijote redivivo, está destinado a ser siempre derrotado. Toda una vida dedicado a adecentar nuestra vida institucional - tan degradada y tan corrupta- será siempre detenido y frustrado. Bernal, que en un país democrático sería el gran estadista, entre nosotros pasará a la historia como el eterno y esencial derrotado. En esa entrevista se retrata a un patriota que todos deben conocer".
No puedo dejar de agradecer públicamente a Don Juan B. Gómez sus reflexiones que me han motivado a recuperar -nuevamente- de mis archivos un artículo que escribí hace 23 años, en diciembre de 1983, y que, por su vigencia, comparto con ustedes:
"Dieciseis años ininterrumpidos de predominio del régimen militar en Panamá, han ocasionado una hecatombe y una progresiva erosión en las incipientes instituciones republicanas existentes en nuestro país a lo largo de su vida republicana. Sin embargo, si existe un terreno en el cual el mal llamado "proceso revolucionario" ha causado estragos, es el de la actividad política del panameño.
Los embates y ataques permanentes de la dictadura militar contra la política, los políticos y la militancia política ha creado un ambiente de desasosiego en las conciencias de millares de ciudadanos, que se expresa, la mayoría de las veces, en un sentimiento o actitud temerosa a participar en política.
Así tenemos que para muchos sectores de la población, es hoy un lugar común el avergonzarse de ser político, en lugar de avergonzarnos de los políticos o politiqueros sinvergüenzas. Hay quienes prefieren que la política se meta con ellos en lugar de meterse en política. Participar, activarse, opinar, militar en un partido político es visto por muchos conciudadanos como algo "ajeno" a sus intereses y a la necesaria defensa de sus intereses, libertades, necesidades y derechos.
Simultánea y paralelamente se da, en el mismo terreno, otro fenómeno que no por menos visto deja de ser menos importante. Se trata de quienes al participar en una u otra forma u organización partidaria en política, pretenden desarrollar un comportamiento de velocistas, olvidando completamente que la política (sobre todo en nuestro medio) es antes que nada, cuando de participación activa se trata, una carrera de fondo.
Así no sencontramos con numerosos jóvenes y menos jóvenes que, en su desesperación por "ascender" han dejado o más bien abandonado principios, ideales, objetivos y también valores morales. Alocados y encantados por montarse en el carro gubernamental donde las sirenas de la corrupción, el soborno, la antipatía, la figuración entonan sus cantos para rodearlos con sus tentáculos de lo antidemocrático y convertirlos en instrumentos dóciles del servilismo y la mediocridad y padrinos de la irresponsabilidad y la incapacidad, terminan exhaustos.
De ahí que valga, pues, establecer las diferencias que existen -también en el terreno político- entre el velocista y el corredor de fondo. El corredor de fondo vive con el riesgo, casi permanente de solitario, el velocista por su parte, siempre corre acompañado.
El corredor de fondo necesita ser tenaz, terco, insistente; acompañado a ratos por otros participantes siempre y cuando consiga imponerle su ritmo a la carrera, pero solo finalmente cuando las metas son más distantes.
El velocista le basta un esfuerzo y ya, corre mientras mira despectivamente a quienes pretenden disputarle la gloria inmediata. El corredor de fondo conoce el comportamiento de los que abandonan, de los espectadores o participantes sentados al borde del camino, así como a aquellos que vió pasar veloces y despreciativos. El velocista embuido en la competencia, alterado por la rapidez y la bulla no piensa, en tanto que el corredor de fondo tiene necesariamente que hacerlo. Pensar para los rápidos, es siempre un inconveniente pues: "nada hay más propicio para la tranquilidad que carecer en absoluto de opiniones", les basta el entusiasmo.
No faltan quienes se deslumbran por los velocistas y los acompañan, pero finalmente no llegan a la meta, se quedan tirados al borde del camino.
Muchos reprochan la actitud del corredor de fondo. Lo cubren de epítetos, procuran aislarlo, lo denigran todo lo posible.
La independencia del corredor de fondo resulta desagradable para los que van veloces (un corredor aislado o una sigla partidaria), pero ella es parte de la carrera, porque la meta es una sola y paso a paso nos acercamos a ella, siempre y cuando mantengamos la seguridad, la seguridad que sólo el corredor de fondo tiene. La seguridad de saber que llegará aún cuando a algunos les corresponde renunciar a conocer el triunfo como fruto para resignarse a ser semilla".
"El domingo ( 4 de febrero) publicó El Panamá América, en el segmento Semblanzas, dos artículos que se deben guardar para la historia. Uno, la entrevista que le hicieron al Dr. Miguel Antonio Bernal, en la que se retrata de cuerpo entero un hombre que honra la nacionalidad panameña.
Es una lástima que hombres como el Dr. Bernal no alcancen nunca en nuestra deficiente democracia, puestos cimeros en la conducción del Estado. El Doctor Bernal, un Quijote redivivo, está destinado a ser siempre derrotado. Toda una vida dedicado a adecentar nuestra vida institucional - tan degradada y tan corrupta- será siempre detenido y frustrado. Bernal, que en un país democrático sería el gran estadista, entre nosotros pasará a la historia como el eterno y esencial derrotado. En esa entrevista se retrata a un patriota que todos deben conocer".
No puedo dejar de agradecer públicamente a Don Juan B. Gómez sus reflexiones que me han motivado a recuperar -nuevamente- de mis archivos un artículo que escribí hace 23 años, en diciembre de 1983, y que, por su vigencia, comparto con ustedes:
"Dieciseis años ininterrumpidos de predominio del régimen militar en Panamá, han ocasionado una hecatombe y una progresiva erosión en las incipientes instituciones republicanas existentes en nuestro país a lo largo de su vida republicana. Sin embargo, si existe un terreno en el cual el mal llamado "proceso revolucionario" ha causado estragos, es el de la actividad política del panameño.
Los embates y ataques permanentes de la dictadura militar contra la política, los políticos y la militancia política ha creado un ambiente de desasosiego en las conciencias de millares de ciudadanos, que se expresa, la mayoría de las veces, en un sentimiento o actitud temerosa a participar en política.
Así tenemos que para muchos sectores de la población, es hoy un lugar común el avergonzarse de ser político, en lugar de avergonzarnos de los políticos o politiqueros sinvergüenzas. Hay quienes prefieren que la política se meta con ellos en lugar de meterse en política. Participar, activarse, opinar, militar en un partido político es visto por muchos conciudadanos como algo "ajeno" a sus intereses y a la necesaria defensa de sus intereses, libertades, necesidades y derechos.
Simultánea y paralelamente se da, en el mismo terreno, otro fenómeno que no por menos visto deja de ser menos importante. Se trata de quienes al participar en una u otra forma u organización partidaria en política, pretenden desarrollar un comportamiento de velocistas, olvidando completamente que la política (sobre todo en nuestro medio) es antes que nada, cuando de participación activa se trata, una carrera de fondo.
Así no sencontramos con numerosos jóvenes y menos jóvenes que, en su desesperación por "ascender" han dejado o más bien abandonado principios, ideales, objetivos y también valores morales. Alocados y encantados por montarse en el carro gubernamental donde las sirenas de la corrupción, el soborno, la antipatía, la figuración entonan sus cantos para rodearlos con sus tentáculos de lo antidemocrático y convertirlos en instrumentos dóciles del servilismo y la mediocridad y padrinos de la irresponsabilidad y la incapacidad, terminan exhaustos.
De ahí que valga, pues, establecer las diferencias que existen -también en el terreno político- entre el velocista y el corredor de fondo. El corredor de fondo vive con el riesgo, casi permanente de solitario, el velocista por su parte, siempre corre acompañado.
El corredor de fondo necesita ser tenaz, terco, insistente; acompañado a ratos por otros participantes siempre y cuando consiga imponerle su ritmo a la carrera, pero solo finalmente cuando las metas son más distantes.
El velocista le basta un esfuerzo y ya, corre mientras mira despectivamente a quienes pretenden disputarle la gloria inmediata. El corredor de fondo conoce el comportamiento de los que abandonan, de los espectadores o participantes sentados al borde del camino, así como a aquellos que vió pasar veloces y despreciativos. El velocista embuido en la competencia, alterado por la rapidez y la bulla no piensa, en tanto que el corredor de fondo tiene necesariamente que hacerlo. Pensar para los rápidos, es siempre un inconveniente pues: "nada hay más propicio para la tranquilidad que carecer en absoluto de opiniones", les basta el entusiasmo.
No faltan quienes se deslumbran por los velocistas y los acompañan, pero finalmente no llegan a la meta, se quedan tirados al borde del camino.
Muchos reprochan la actitud del corredor de fondo. Lo cubren de epítetos, procuran aislarlo, lo denigran todo lo posible.
La independencia del corredor de fondo resulta desagradable para los que van veloces (un corredor aislado o una sigla partidaria), pero ella es parte de la carrera, porque la meta es una sola y paso a paso nos acercamos a ella, siempre y cuando mantengamos la seguridad, la seguridad que sólo el corredor de fondo tiene. La seguridad de saber que llegará aún cuando a algunos les corresponde renunciar a conocer el triunfo como fruto para resignarse a ser semilla".