La solución al problema de la educación
Las acciones de corto plazo son tan indispensables como los cuartos de urgencia, pues hay que evitar que el enfermo se nos muera de una crisis. La confusión radica en que cada vez que al paciente se le dan los primeros auxilios, algunos piensan que ya está curado. En realidad, las primeras acciones tendientes al cambio buscan ordenar los temas y comprar el tiempo necesario para llevar a cabo una operación más profunda.
Y es que el conjunto de problemas que han malogrado al sistema educativo panameño, no podrá resolverse todo ni en el corto ni en el mediano plazo. Como los males que aquejan a las escuelas públicas se han arraigado durante los últimos 25 o 30 años, las medidas que se tomen, en los próximos dos a cinco, jamás serán una solución en el sentido exacto del término. Hay que darle la bienvenida entonces al esfuerzo que significa el inicio del "Compromiso Social por la Educación", pero hay que hacerlo sin falsas pretensiones.
Lo que esta nueva iniciativa aporta al proceso de reforma no es algo nuevo. En realidad, la sociedad civil, a través de distintas organizaciones cívicas y gremiales, había estado presente en los anteriores intentos de diálogo, pero no se había realzado el significado de su participación. La reforma de la educación no puede ser el resultado de una negociación entre el Ministerio y el Magisterio solamente: debe estar orientada por una conversación multilateral en la que los gremios docentes son solo uno de los actores en un complejo proceso. El contenido de la discusión implica acordar presupuestos plurianuales de inversión pública, reforzar carreras universitarias en las que se preparan los docentes y revisar los parámetros de la gerencia de los centros educativos. Luego de un esfuerzo sostenido que dure, al menos, dos décadas, podremos ver resultados y constatar que se ha producido el cambio que el país y las futuras generaciones necesitan.