La sombra de Héctor
La gran expectativa nacional que generó la posibilidad de que se encontraran los restos de Héctor Gallego fue motivo de sorna por parte de los que quieren eternizar el lavado cerebral que se aplicó a la colectividad panameña referente a supuestas grandes cualidades y bondades de Torrijos. Se supone que existe algo que denominan torrijismo. Tildaron de alharaca los fervientes deseos del panameño de conocer la verdad de todos los crímenes cometidos durante la torri-nori-tori-narcodictadura, no sólo el de Héctor.
Hoy los hechos nos motivan más para recordar a Héctor, el cura de nacionalidad colombiana que es un mártir panameño. La sombra de Héctor vuelve a proyectarse para recordarnos hechos graves que debemos investigar para cumplir con Dios y la patria. Su sombra mantendrá latente ese compromiso ineludible. Su desaparición en las circunstancias que todos conocemos lleva sin duda a la convicción de que fue asesinado por las Fuerzas de Defensa en donde nada se podía hacer en contra de la voluntad de su comandante. El enigma de la muerte de Héctor debe ser esclarecido. La gran mayoría de panameños sabemos que nuestros valores morales, nuestra dignidad de nación nunca permitirá el olvido de tan horrendo crimen.
Me uno al coro de ciudadanos que por cuestión de principios piden con vehemencia, a todos los que tengan información de tantos crímenes cometidos durante la narcodictadura, que revelen lo que conocen a las autoridades competentes. Por supuesto, la opinión pública nacional no dejará de exigir que se encuentre la verdad de todos esos delitos. Son imperdonables e inolvidables.
Es interesante observar que algunas personas -que opino que más bien les conviene continuar repitiendo una mentira, para quizás convertirlas en "verdad"- alegan que la alharaca de las osamentas halladas en el antiguo cuartel de los Machos de Monte tiene como objetivo el no reconocer la gran ejecutoria, el gran protagonismo, el enorme mérito de Torrijos en nuestra recuperación del Canal.
Creo que hay que reconocerle a Torrijos todo lo que hizo para internacionalizar nuestra lucha generacional y lograr el traspaso del canal a Panamá. Esto no puede divorciarse de la valentía de muchos panameños, digamos, el 9 de enero de 1964. Ni de la ayuda que recibimos de la comunidad internacional y de dirigentes tercermundistas, tales como Tito, Nasser y Nehru, para citar unos pocos. Tampoco podemos desestimar que EE.UU. sabía que con un gobierno dictatorial era posible llegar a acuerdos más favorables a sus intereses. Por eso nunca olvido que los Tratados 3-en-1 fueron convenidos pero nunca sometidos a nuestra Asamblea Legislativa para su ratificación, mientras el coloso ni siquiera los mencionaba. Todo para que años después Torrijos los echara a la basura.
Bien sé que los temas que puntualizamos aquí han sido y serán motivo de intensos debates. Ello es saludable y hasta obligatorio. Lo que quiero enfatizar en este escrito es que el endiosamiento de Torrijos se plantó, se manipuló, mientras todos los poderes de la nación se asentaban en la punta de las bayonetas.
Flaco favor le hacemos al progreso moral y material de nuestro Panamá si insistimos tozudamente en erigir en verdad el lavado cerebral de ejecutorias torrijistas fraudulentas. No le regateo a Torrijos cualesquiera créditos que en verdad se merece. Sólo pido que le demos a Torrijos los méritos que son de Torrijos y a la patria lo que ella se merece. Como persona imperfecta plagio una sentencia bíblica y lo hago con cierto remordimiento. Sin embargo, por encima de mis imperfecciones está la patria. Por ello, reitero, nuestra deuda con Héctor es inconmensurable e inextinguible.
Hoy los hechos nos motivan más para recordar a Héctor, el cura de nacionalidad colombiana que es un mártir panameño. La sombra de Héctor vuelve a proyectarse para recordarnos hechos graves que debemos investigar para cumplir con Dios y la patria. Su sombra mantendrá latente ese compromiso ineludible. Su desaparición en las circunstancias que todos conocemos lleva sin duda a la convicción de que fue asesinado por las Fuerzas de Defensa en donde nada se podía hacer en contra de la voluntad de su comandante. El enigma de la muerte de Héctor debe ser esclarecido. La gran mayoría de panameños sabemos que nuestros valores morales, nuestra dignidad de nación nunca permitirá el olvido de tan horrendo crimen.
Me uno al coro de ciudadanos que por cuestión de principios piden con vehemencia, a todos los que tengan información de tantos crímenes cometidos durante la narcodictadura, que revelen lo que conocen a las autoridades competentes. Por supuesto, la opinión pública nacional no dejará de exigir que se encuentre la verdad de todos esos delitos. Son imperdonables e inolvidables.
Es interesante observar que algunas personas -que opino que más bien les conviene continuar repitiendo una mentira, para quizás convertirlas en "verdad"- alegan que la alharaca de las osamentas halladas en el antiguo cuartel de los Machos de Monte tiene como objetivo el no reconocer la gran ejecutoria, el gran protagonismo, el enorme mérito de Torrijos en nuestra recuperación del Canal.
Creo que hay que reconocerle a Torrijos todo lo que hizo para internacionalizar nuestra lucha generacional y lograr el traspaso del canal a Panamá. Esto no puede divorciarse de la valentía de muchos panameños, digamos, el 9 de enero de 1964. Ni de la ayuda que recibimos de la comunidad internacional y de dirigentes tercermundistas, tales como Tito, Nasser y Nehru, para citar unos pocos. Tampoco podemos desestimar que EE.UU. sabía que con un gobierno dictatorial era posible llegar a acuerdos más favorables a sus intereses. Por eso nunca olvido que los Tratados 3-en-1 fueron convenidos pero nunca sometidos a nuestra Asamblea Legislativa para su ratificación, mientras el coloso ni siquiera los mencionaba. Todo para que años después Torrijos los echara a la basura.
Bien sé que los temas que puntualizamos aquí han sido y serán motivo de intensos debates. Ello es saludable y hasta obligatorio. Lo que quiero enfatizar en este escrito es que el endiosamiento de Torrijos se plantó, se manipuló, mientras todos los poderes de la nación se asentaban en la punta de las bayonetas.
Flaco favor le hacemos al progreso moral y material de nuestro Panamá si insistimos tozudamente en erigir en verdad el lavado cerebral de ejecutorias torrijistas fraudulentas. No le regateo a Torrijos cualesquiera créditos que en verdad se merece. Sólo pido que le demos a Torrijos los méritos que son de Torrijos y a la patria lo que ella se merece. Como persona imperfecta plagio una sentencia bíblica y lo hago con cierto remordimiento. Sin embargo, por encima de mis imperfecciones está la patria. Por ello, reitero, nuestra deuda con Héctor es inconmensurable e inextinguible.