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La sombra del CEMIS


Escándalo es el único sustantivo que adecuadamente nombra lo ocurrido en el 2002 cuando el entonces partido opositor acusó al Ejecutivo de entonces de comprar votos de los miembros de la Asamblea Nacional para obtener la aprobación de los magistrados designados a la Corte Suprema de Justicia, siendo que eran de todos conocidos los estrechos lazos de amistad y colaboración política que unían a la Presidenta con los designados al máximo tribunal. El contraataque de uno de los acusados consistió en denunciar, ante las cámaras de televisión, la compra de votos para obtener la aprobación de un millonario contrato con la nación para el desarrollo de un centro multimodal en la ciudad atlántica. El jefe del Ministerio Público de entonces consideró que se trataba de una sola operación de soborno con múltiples implicados. Recientemente, la Corte Suprema decidió separar las investigaciones. Juntos o separados, sobornados y perpetradores de ambos sobornos deben ser investigados, juzgados y sancionados. Hasta que esto no se resuelva de modo satisfactorio, la sombra del escándalo seguirá los pasos de los tres órganos del Estado, y de los dos partidos mayoritarios, por más que cada cinco años cambien de lado en la alternancia del poder. No se puede dejar de lado tampoco la exigencia de que se castigue a los empresarios que comprobadamente usaron el dinero para fines aviesos. La nueva jefatura del Ministerio Público debe entender que esta será la medida con que se ponderará su actuación. Menos de esto es inaceptable.

101 años de Panamá América

 
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