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La sombra del narcoterrorismo


A principios de esta semana cuatro familiares de un marino que intervino en la captura y muerte del capo narcotraficante mexicano Arturo Beltrán Leyva fueron asesinados en Tabasco, en el sureste de México. Observadores y autoridades coincidieron en calificar la acción como un acto de venganza. Hace ya varios años México enfrenta una cruenta lucha contra el narcoterrorismo, que ha terminado por retar cara a cara a los propios órganos de justicia. Con horas de diferencia en Colombia encontraban degollado al gobernador del Caquetá, Luis Francisco Cuellar, secuestrado por las FARC. En el mismo período de tiempo, desconocidos asesinaban a Otto René García, alcalde de Siquinalá, en el departamento Escuintla, a sur de Ciudad de Guatemala. Cifras de organismos internacionales indican que en ese país el narcotráfico tiene hoy una presencia inocultable. De los tres hechos se desprenden evidencias de la gran amenaza que es el narcoterrorismo en la región, y de la fuerza con que se debe enfrentar. El que en esas naciones las acciones narcoterroristas se expresen de esa manera, no niega otras modalidades que pese a ser menos violentas no dejan de ser tan condenables como los asesinatos que comentamos, por lo que los Estados deben fortalecer su lucha contra esos delitos, y sobre todo con aquellos que le son inherentes, como el lavado de dinero. De eso se habla mucho por estos días en Panamá, y la ciudadanía espera que tanto los que ejecutan el delito como sus cómplices sean puestos al descubierto y sancionados debidamente. De eso depende la vida misma del país.

101 años de Panamá América

 
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