La SPIA y la devastación de playas y ríos
En una carta sin precedentes, el presidente de la Sociedad Panameña de Ingenieros y Arquitectos, Miguel Ulloa, ha instado al ministro de Comercio e Industrias, Raúl Hernández, que se controle y regule la extracción de piedra y arena de los ríos y playas.
La carta recuerda al alto funcionario gubernamental los negativos efectos de la explotación descontrolada de playas y ríos, en término de inundaciones, reducción del caudal de aguas fluviales, ensanchamiento de cauces, erosión costera y merma de la seguridad de los ciudadanos que habitan las riberas de ríos y playas.
A lo anterior agregamos las pérdidas en concepto de deterioro y destrucción de recursos turísticos, recursos hidráulicos para irrigación y agua potable, y el adelgazamiento de la franja arenera de las costas, indispensable colchón protector entre el mar y la tierra firme.
La misma carta invita a ese ministerio a ser más serio en la evaluación de los estudios de impacto ambiental, sin obviar la necesaria consulta a las comunidades.
Como alternativa sugiere explorar otras fuentes de materiales, como lo serían las canteras pétreas y areneras de origen continental, como las hay algunas en la actualidad. Y a este respecto, debería considerarse la conveniencia de otorgar incentivos fiscales a quienes exploten estas alternativas menos dañosas del medio ambiente.
Los tristes ejemplos de los ríos Chagres, Pacora y La Villa, entre otros, son citados en la misma nota, como ejemplos de la devastación inmisericorde que debe detenerse.
Cierto es que la industria de la construcción requiere de materiales y estímulos. Cierto es también que existen grandes concesiones en favor de inversionistas que explotan el negocio de extracción de piedra y arena. Pero también es cierto que se trata de recursos no renovables cuya utilización requiere de extremada cautela para no provocar daños irreversible que hoy lamentamos y que mañana deplorarán aún más las futuras generaciones.
Los lamentables sucesos de estos días, de devastadoras inundaciones, con su secuela de víctimas y damnificados, cada vez más frecuentes y graves, son clara indicación de que la Naturaleza nos está devolviendo los golpes con creces. Hagamos algo con urgencia, antes de que sea tarde.
La carta recuerda al alto funcionario gubernamental los negativos efectos de la explotación descontrolada de playas y ríos, en término de inundaciones, reducción del caudal de aguas fluviales, ensanchamiento de cauces, erosión costera y merma de la seguridad de los ciudadanos que habitan las riberas de ríos y playas.
A lo anterior agregamos las pérdidas en concepto de deterioro y destrucción de recursos turísticos, recursos hidráulicos para irrigación y agua potable, y el adelgazamiento de la franja arenera de las costas, indispensable colchón protector entre el mar y la tierra firme.
La misma carta invita a ese ministerio a ser más serio en la evaluación de los estudios de impacto ambiental, sin obviar la necesaria consulta a las comunidades.
Como alternativa sugiere explorar otras fuentes de materiales, como lo serían las canteras pétreas y areneras de origen continental, como las hay algunas en la actualidad. Y a este respecto, debería considerarse la conveniencia de otorgar incentivos fiscales a quienes exploten estas alternativas menos dañosas del medio ambiente.
Los tristes ejemplos de los ríos Chagres, Pacora y La Villa, entre otros, son citados en la misma nota, como ejemplos de la devastación inmisericorde que debe detenerse.
Cierto es que la industria de la construcción requiere de materiales y estímulos. Cierto es también que existen grandes concesiones en favor de inversionistas que explotan el negocio de extracción de piedra y arena. Pero también es cierto que se trata de recursos no renovables cuya utilización requiere de extremada cautela para no provocar daños irreversible que hoy lamentamos y que mañana deplorarán aún más las futuras generaciones.
Los lamentables sucesos de estos días, de devastadoras inundaciones, con su secuela de víctimas y damnificados, cada vez más frecuentes y graves, son clara indicación de que la Naturaleza nos está devolviendo los golpes con creces. Hagamos algo con urgencia, antes de que sea tarde.