La televisión, empresa educativa
Los medios masivos de comunicación social son, hoy, poderosos instrumentos de efecto comunal. La ciencia y la tecnología que deben de ser aplicadas para el desarrollo sociológico de la humanidad a través de la educación, la información y la cultura, son en la actualidad, fundamentalmente vehículos del comercio (en ese rumbo va también la internet).
Pero, ¿no será posible asociar estos objetivos y ofrecer al respetable público, enseñanzas y orientaciones junto con darles una sana distracción, y además promocionar productos útiles y favorecedores de la superación material de las personas?
La capacidad de los creativos, los libretistas, los productores y sobre todo, de los directores y propietarios y patrocinadores pueden ofrecerles a sus televidentes una superior calidad de programación, que además de mantener a los televidentes en sus pantallas, le ofrezcan mejor calidad de vida y sobre todo, motivarles los valores individuales y colectivos para ser cada día mejores, en una sociedad mejor.
De este tema mucho se ha dicho y escrito. Lamentablemente pareciera ser que mientras la sociedad civil se queja de la delincuencia, de la inseguridad y la violencia, por otra parte los canales de televisión nos saturan de armas, explosivos y asesinatos. Mientras pedimos amor, comprensión y armonía, lo que pasan las telenovelas son modelos de engaños, mentiras, traiciones, etc.
Mejorar el rating, las encuestas a como dé lugar. El asunto es obtener mayores ventas, más ganancias, más dinero, aunque con ello se pese por encima de los muertos, los robos y las violadas.
Existe una reglamentación televisiva de auto control y regulación sin sanciones. Definitivamente esto no ha funcionado por irresponsabilidad, negligencia, falta de interés o atención de los autos regulados.
Estando en la época de los consensos ¿No será posible que el comercio, las televisoras y el gobierno logren una fórmula para dar mejores programas, que eleven el nivel cultural de sus televidentes, sin que por eso se desmejoren las ganancias mercantiles? Otros países ya lo hacen. Los clubes cívicos ya han preconizado campañas de civismo y moral.
Nos traen enlatados, a veces malos hechos con fines del escándalo barato y explosivas escenográficas. Ahora de afuera vienen a filmar nuestros problemas para explotarlos en una venta internacional de desprestigio nacional, igual pudieran haberlo hecho en su país.
Una televisora nacional paga miles de dólares por esos videos, ¿pero quién los trajo, o los preparó o contrató para este trabajito?. Ahora ya somos parte de los escándalos, como si estos problemas fueran sólo nuestros. Y todavía editan ilegal e irresponsablemente sin previa autorización escenas de nuestras autoridades tomadas de otro contexto. Evidentemente la intención no fue la denuncia o el castigo a los proxenetas o llegar al fondo del asunto en el desempleo, la injusticia social, la ignorancia y el consumismo, sino filmar un video pornográfico para su explotación comercial morbosa. Eticamente no es un buen periodismo, sino un abuso de la libertad que no puede ser impunidad. Que nuestros periodistas y empresarios se autoevalúen y hagan encuestas sobre qué quiere la gente ver en televisión para superarse, y no sólo copien métodos y enlatados importados, sino que se unan al objetivo humanístico de hacer una televisión mejor, para un mundo mejor.
Pero, ¿no será posible asociar estos objetivos y ofrecer al respetable público, enseñanzas y orientaciones junto con darles una sana distracción, y además promocionar productos útiles y favorecedores de la superación material de las personas?
La capacidad de los creativos, los libretistas, los productores y sobre todo, de los directores y propietarios y patrocinadores pueden ofrecerles a sus televidentes una superior calidad de programación, que además de mantener a los televidentes en sus pantallas, le ofrezcan mejor calidad de vida y sobre todo, motivarles los valores individuales y colectivos para ser cada día mejores, en una sociedad mejor.
De este tema mucho se ha dicho y escrito. Lamentablemente pareciera ser que mientras la sociedad civil se queja de la delincuencia, de la inseguridad y la violencia, por otra parte los canales de televisión nos saturan de armas, explosivos y asesinatos. Mientras pedimos amor, comprensión y armonía, lo que pasan las telenovelas son modelos de engaños, mentiras, traiciones, etc.
Mejorar el rating, las encuestas a como dé lugar. El asunto es obtener mayores ventas, más ganancias, más dinero, aunque con ello se pese por encima de los muertos, los robos y las violadas.
Existe una reglamentación televisiva de auto control y regulación sin sanciones. Definitivamente esto no ha funcionado por irresponsabilidad, negligencia, falta de interés o atención de los autos regulados.
Estando en la época de los consensos ¿No será posible que el comercio, las televisoras y el gobierno logren una fórmula para dar mejores programas, que eleven el nivel cultural de sus televidentes, sin que por eso se desmejoren las ganancias mercantiles? Otros países ya lo hacen. Los clubes cívicos ya han preconizado campañas de civismo y moral.
Nos traen enlatados, a veces malos hechos con fines del escándalo barato y explosivas escenográficas. Ahora de afuera vienen a filmar nuestros problemas para explotarlos en una venta internacional de desprestigio nacional, igual pudieran haberlo hecho en su país.
Una televisora nacional paga miles de dólares por esos videos, ¿pero quién los trajo, o los preparó o contrató para este trabajito?. Ahora ya somos parte de los escándalos, como si estos problemas fueran sólo nuestros. Y todavía editan ilegal e irresponsablemente sin previa autorización escenas de nuestras autoridades tomadas de otro contexto. Evidentemente la intención no fue la denuncia o el castigo a los proxenetas o llegar al fondo del asunto en el desempleo, la injusticia social, la ignorancia y el consumismo, sino filmar un video pornográfico para su explotación comercial morbosa. Eticamente no es un buen periodismo, sino un abuso de la libertad que no puede ser impunidad. Que nuestros periodistas y empresarios se autoevalúen y hagan encuestas sobre qué quiere la gente ver en televisión para superarse, y no sólo copien métodos y enlatados importados, sino que se unan al objetivo humanístico de hacer una televisión mejor, para un mundo mejor.