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La tercera fuerza


El mensaje es transparente. En los siete meses de la actual administración es claro, para muchos, que los residentes del Palacio de Las Garzas poseen un estilo y una determinación de la que carecieron las dos corrientes políticas que se turnaron en el poder en los últimos veinte años. No hay, en este gobierno, nada de la blandenguería de la administración de Martín Torrijos; cuando se deciden a hacer algo, lo hacen, no importa lo que pase; ni de la improvisación atroz del gobierno de Mireya Moscoso ni de la preocupación sublime de Guillermo Endara, aunque eso sí, hay bastante de la arrogancia del gobierno de Ernesto Pérez Balladares, aunque de este último quizás habrían podido copiar cosas mejores, que nada tuviesen que ver con las cosas de la que lo están acusando hoy. Pero en fin, la administración Martinelli comienza a parecerse, sigilosamente al grupo aquel que a finales de los años 80 tuvo la indiscutible capacidad de ayudar a forjar alianzas entre grupos tan disímiles como los panameñistas y liberales, o liberales y demócratacristianos. Al final se unieron para combatir a Noriega. El pasado jueves, la sociedad panameña vio, boquiabierta, a la “civilista” Balbina Herrera, unirse con “antiimperialistas” como Roberto Brenes o Yeyito Barría. De que se parecen, se parecen. Aunque todos ruegan porque el país no llegue ahora hasta donde llegó en 1989. Lo único que se debe mirar con preocupación y respeto es ¿qué es lo que está pasando en esa masa anónima llamada pueblo?

101 años de Panamá América

 
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