La tercera fuerza
He dicho varias veces que en Panamá siempre ha ganado la oposición. Pero en política, llega un momento en que el pueblo apoya a un hombre, o a una mujer, que no pertenece o está identificado con los partidos clásicos que se turnan o permanecen en el poder. Véase la vida de Napoleón, Hitler, Mussolini, o cualquiera de los caudillos que rompieron con las estructuras del poder establecido. Todos ellos surgieron y triunfaron por el descontento que tenían los pueblos con sus gastados líderes tradicionales. El triunfo de Vicente Fox, en México, y el de Álvaro Uribe, en Colombia, son ejemplos de lo que digo. En nuestro país está ocurriendo el mismo fenómeno. Cuando el Dr. Arnulfo Arias hizo su revelación histórica, captó enseguida la admiración de quienes lo veían como el símbolo de un nuevo tipo de gobernante. Pero en realidad, él no llegó al poder por primera vez, en 1940, con el apoyo del pueblo panameño; él triunfó porque fue el candidato del gobierno; y como tal fue impuesto. El se creció ante el pueblo cuando se convirtió en el hombre de la tercera fuerza. Decir: "¡Viva Arnulfo Arias!", era el grito con que el pueblo expresaba su descontento. De ahí en adelante, Arnulfo Arias simbolizó al político que no estaba ni con la oligarquía ni con los cuarteles, que eran las dos fuerzas tradicionales del poder. Él llegó con el apoyo del pueblo, tal vez por primera vez en la historia republicana.
El pueblo panameño quiere en el poder a una figura nueva. Es decir, que no sea arnulfista ni perredista. Y, si puede haber alguien, que aunque tuviera vinculaciones anteriores con una de las dos fuerzas mencionadas, puede surgir ahora como una tercera fuerza independiente. Es el caso de Alvaro Uribe, de raíces liberales, que acaba de ganar el poder como hombre de la tercera fuerza. El hombre que surgiera como una tercera fuerza, tiene ahora mucho más posibilidades que antes. Porque, repito, las dos fuerzas - el arnulfismo y el perredismo -, están agotadas. Y si un Alberto Vallarino, por ejemplo, forma un nuevo partido político captaría para sí el apoyo de los descontentos, que es la mayoría del país. Si él constituye una tercera fuerza, hasta los mismos arnulfistas (descontentos) lo apoyarían, porque se han quedado sin figuras con posibilidades de éxito en las próximas elecciones.
La pelea sería entonces entre Alberto Vallarino y Martín Torrijos; pero todos saben que el PRD no obtendrá nunca más de una tercera parte de los electores; y ganaría Vallarino, con el apoyo de todos los panameños que detestan al partido de la dictadura.
Insisto, en que el tinglado político ha cambiado radicalmente. El pueblo panameño no quiere al gobierno ni a la oposición: quiere a una figura que represente la independencia de esos dos partidos políticos. Y esa figura puede ser Alberto Vallarino. Pero es necesario, que él reúna en un partido todas las fuerzas independientes. Alguien dijo con certera puntería, que un político sin partido es como una tortuga sin caparazón... Creo expresar lo que expresan todas las encuestas de popularidad. ¡Mano a la obra!
Es ridículo que los arnulfistas y los perredistas intercambien acusaciones de corrupción cuando el Ministerio Público -que debería estar en la vanguardia en la lucha contra la corrupción- ha estado en las mismas manos en ambos gobiernos. Imposible detener la corruptela que desde la dictadura de los militares y sus socios civiles carcome los cimientos de esta Nación, cuando las autoridades hostigan a quienes investigan y denuncian.
El pueblo panameño quiere en el poder a una figura nueva. Es decir, que no sea arnulfista ni perredista. Y, si puede haber alguien, que aunque tuviera vinculaciones anteriores con una de las dos fuerzas mencionadas, puede surgir ahora como una tercera fuerza independiente. Es el caso de Alvaro Uribe, de raíces liberales, que acaba de ganar el poder como hombre de la tercera fuerza. El hombre que surgiera como una tercera fuerza, tiene ahora mucho más posibilidades que antes. Porque, repito, las dos fuerzas - el arnulfismo y el perredismo -, están agotadas. Y si un Alberto Vallarino, por ejemplo, forma un nuevo partido político captaría para sí el apoyo de los descontentos, que es la mayoría del país. Si él constituye una tercera fuerza, hasta los mismos arnulfistas (descontentos) lo apoyarían, porque se han quedado sin figuras con posibilidades de éxito en las próximas elecciones.
La pelea sería entonces entre Alberto Vallarino y Martín Torrijos; pero todos saben que el PRD no obtendrá nunca más de una tercera parte de los electores; y ganaría Vallarino, con el apoyo de todos los panameños que detestan al partido de la dictadura.
Insisto, en que el tinglado político ha cambiado radicalmente. El pueblo panameño no quiere al gobierno ni a la oposición: quiere a una figura que represente la independencia de esos dos partidos políticos. Y esa figura puede ser Alberto Vallarino. Pero es necesario, que él reúna en un partido todas las fuerzas independientes. Alguien dijo con certera puntería, que un político sin partido es como una tortuga sin caparazón... Creo expresar lo que expresan todas las encuestas de popularidad. ¡Mano a la obra!
Es ridículo que los arnulfistas y los perredistas intercambien acusaciones de corrupción cuando el Ministerio Público -que debería estar en la vanguardia en la lucha contra la corrupción- ha estado en las mismas manos en ambos gobiernos. Imposible detener la corruptela que desde la dictadura de los militares y sus socios civiles carcome los cimientos de esta Nación, cuando las autoridades hostigan a quienes investigan y denuncian.