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La tragedia del panameño


Panamá se encamina hacia un éxito sin precedente en la historia de las clases económicamente pudientes, observar fortunas inmensas, edificios altísimos cuyos costos son elevadísimos, autos muy caros y un comercio con constantes compradores que despilfarran sus ahorros para llenar las arcas de los dueños de almacenes.
Paralelamente a esto, una inmensa masa de la población sufre los estragos de la pobreza, el hambre y la desesperación de no alcanzar, realizar sus ideales y necesidades. La brecha entre los más ricos y la clase media y baja, se va agrandando cada vez más, llegando el instante cuando el poco importa por el necesitado se convierte en costumbre por parte de funcionarios públicos con altísimos salarios y de la aristocracia.
Ya la gente vegeta. Existen valores positivos en Panamá, pero la pereza los opaca. Aquí no se apoya las ideas de los profesionales comunes, a menos que sea para sacar provecho económico, porque los incentivos están pereciendo, aunque se trata de inculcar lo contrario.
El Ministerio de Educación no tiene la habilidad hasta ahora, para ofrecer los adecuados instrumentos hacia una fructífera enseñanza. Las pandillas juveniles se incrementan. La rama de la economía estatal se balancea, debido a que continuamente suben los precios de las necesidades básicas; no se reparte la economía proporcionalmente, habiendo muchísimos desempleados y no hay prudentes estudios que puedan canalizar las capacidades del ciudadano hacia un beneficio colectivo que alivie las penurias del pobre.
¿Hasta cuándo el nacional podrá soportar sentir que sus ideas no las puede poner en práctica porque no tiene quién lo respalde? Se desea privatizar casi todo, y ya se ha hecho, debido a la presión de la banca internacional que impone su dictamen como un dictador, y el gobierno anterior lo aceptó para conseguir más préstamos. ¿Hasta cuándo el panameño sufrirá ser títere de una Asamblea Nacional con altísimos salarios y que se la pasan politiqueando, y casi nunca están los honorables legisladores en sus respectivas oficinas?.
La diaria rutina es agobiante. No existen gratuitas distracciones sanas; carecemos de lugares públicos adecuados para que el nacional practique sus artes con gente que lo aplauda; todo tiene su precio y hay que sacar el billete por todo y para todo.
Casi nadie lee literatura clásica, por ser los libros carísimos, y no hay clubes cívicos, ni sociales, ni entidades, ni patrocinadores adecuados para que el panameño pueda publicar sus escritos, por adolecer del real incentivo.
Al panameño lo han acostumbrado a gastar lo poco que tiene en juego de azar; a disfrutar del bochinche; a complacerse del mal de otras personas. Hay demasiada tensión en el ambiente social, y mucha droga se consume por doquier, además de ingerir una cantidad desproporcionada de licor y cerveza.
Por todo lo anterior, o cambian la manera de ser del panameño, o casi todo pasará a ser propiedad del extranjero, y el nacional será simplemente un ente que respira, come y duerme, porque los demás lo hacen.

101 años de Panamá América

 
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