default

La transición de poderes


Aunque un poco tarde, el período de transición de poderes es un espacio de tiempo propicio para que tanto gobierno saliente como el entrante, puedan evaluar la labor realizada durante los cinco años de administración gubernamental; es una gran oportunidad para conocer la realidad del país y desde ahí iniciar el trabajo de reestructuración y de mejoramiento de todos los aspectos nacionales.
Ello requiere de una actitud adecuada de parte de quienes participan en el análisis de los problemas existentes, de comprensión, de ayuda mutua, de solidaridad, de honestidad, a fin de que este proceso resulte transparente y eficaz.
El gobierno entrante suele cuestionar la labor del régimen que termina, pero también debe reconocer esperanzas para que el pueblo logre mejorar sus condiciones de vida.
Todos los renglones de la vida nacional, economía, salud, educación, seguridad ciudadana, administración de justicia, etc., merecen un especial estudio, para que el nuevo gobierno pueda enrumbar la nave del Estado por caminos ciertos y, así cumpla con las promesas que hiciera a la nación en las elecciones pasadas.
La transición de poderes no debe ser, por ningún motivo, el momento para la crítica destructiva, para la lucha de intereses ajenos al propósito de dar a los panameños una "Patria Nueva" en donde podamos encontrar, en lugar de corrupción, droga, crimen y violencia, el florecimiento del trabajo constructivo, de la dignidad del ser humano, el fortalecimiento de los valores éticos y morales, la concertación y las oportunidades para la participación en el quehacer nacional. Quienes participan en esta transición son los colaboradores más cercanos al nuevo mandatario y como tales, están obligados a hacer una labor eficiente que sirva de guía y de sostén para la elaboración de planes y programas de acción que respondan a las verdaderas necesidades del país.
El trabajo realizado por el gobierno saliente, sin duda, tiene sus errores que podrán ser corregidos si existe el interés de contribuir al desarrollo de la nación. También encontraremos obras de aliento como la remodelación del Hospital Santo Tomás, la Escuela Normal Juan Demóstenes Arosemena, el Puente Centenario, programas de viviendas, mejoramiento del IDAAN, impulso a las granjas sostenibles, mejoramiento y construcción de escuelas, etc.
Toda esta labor realizada por la administración que termina el 1 de septiembre de 2004, debiera ser reconocida por el nuevo gobierno y seguir con aquellos proyectos que así lo ameriten. Lo importante es dar continuidad a las cosas buenas y erradicar aquellas que han dañado la imagen de la nación.
Panamá requiere de una reflexión profunda en estos momentos de transición, principalmente en el sector gubernamental para rectificar caminos que nos lleven a puerto seguro; necesitamos despojarnos de los intereses partidistas y personales y pensar seriamente en la responsabilidad que tenemos los panameños en la consecución de una patria libre de la corrupción, de la delincuencia y de la pobreza extrema; tenemos que unificarnos en un solo haz de voluntades para el trabajo constructivo que devuelva la fe, la paz y el bienestar a la familia panameña. Así lo ha manifestado el nuevo presidente, y así también lo grita un pueblo que se ha cansado de esperar la solución para sus problemas vitales.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América