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La TV y la moral pública


Si la sociedad panameña se abocara en los próximos meses a una reforma de la educación, sería aconsejable que en ese intento incluyera el papel de los medios de comunicación, especialmente el de la televisión. Hoy día nadie subestimaría el papel rector, por ejemplo, de la televisión en la educación social, tanto en la formal como en la informal.

Está demostrado que la TV influye hoy más que los padres, el Estado o las escuelas en la sociedad y en las nuevas generaciones. Antes eran los padres los que guiaban, hoy la televisión organiza el desafío. Un vistazo a la temática que cotidianamente ofrece llama a preocupación. ¿Cuáles son los modelos a imitar?: violencia, delación, comportamiento superfluo desprovisto de moral, solidaridad o proyección futurista. Las figuras de los delincuentes, las prostitutas, el irrespeto por los demás, la vida sin límites, parecen ser los nuevos paradigmas en un mundo que refleja, precisamente como sus principales mercancías de consumo, las armas, las drogas, el lenguaje vacuo o ignorante.

No se trata de críticas hacia sectores, sino de la urgente necesidad de preocuparse por la sociedad, que parece naufragar ante un mercado cuyas posibilidades y perspectivas están ligadas más a las deslealtades y a la inmoralidad, al todo se vale porque sin aquello no hay lo otro, que al respecto y a las justas normas de convivencia.

101 años de Panamá América

 
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