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La última oportunidad de Saddam Hussein


En la víspera de la Operación Tormenta en el Desierto, el entonces Secretario General de la ONU, Javier Pérez de Cuéllar, negociador diplomático por excelencia, viajó a Bagdad para intentar convencer a Saddam Hussein de la insensatez de su postura belicista. Aunque es conocida la historia de aquel fracaso, el nuevo Secretario General Kofi Annan viaja a la capital iraquí casi para cumplir una rutina condenada de antemano por el escepticismo internacional.
Lo que ahora está en juego no es impedir, como en el pasado, que Irak ataque a los países vecinos. El dictador tiene en su poder el arsenal de armas biológicas más terroríficas del mundo, capaz de diseminar por el Medio Oriente y donde quiera enfermedades malignas de carácter mortal. Quienes abogan por evitar el derramamiento de sangre se refieren a las consecuencias de una represalia militar de Estados Unidos, mas no toman en cuenta las peligrosas perspectivas mundiales de un ataque sorpresivo con armas biológicas. Por un despliegue de funesto espejismo, el malo se disfraza de bueno.
Mientras el frente aliado se divide entre escépticos y optimistas por el resultado de la visita de Annan, Saddam Hussein aprovecha el tiempo en buscar nuevos pretextos para postergar la inspección de los científicos de la Comisión Especial de la ONU a los llamados palacios presidenciales donde se sospecha tiene escondido el arsenal de armas biológicas. Kofi Annan, a su vez, conoce que lo que van a solicitarle ya ha sido rechazado, y que si Hussein tuviera mínimos de cordura no existiría la crisis. En verdad, a excepción de Estados Unidos, Inglaterra, Alemania y otros países que apoyan la opción militar, el resto no se percata que no es lo mismo negociar con un estadista cuerdo que con un dictador alucinado, transgresor de la sensatez y la razón.
"Estados Unidos no aceptará otra solución que no sea el acceso libre y completo de los lugares sospechosos de toda la geografía de Irak", ha puntualizado Bill Clinton, basándose en que el problema es establecer dónde tiene el arsenal y no preguntar si lo tiene o no lo tiene, dadas las evidencias desarrolladas por los inspectores de la ONU.
El mandato que el Consejo de Seguridad ha confiado a Kofi Annan es claro en el sentido de que no es admisible más vaguedades y postergaciones a la inspección de la ONU. El africano tiene una prueba de fuego que podría involucrar su prestigio como diplomático. Al final de la semana sabremos si el dictador volvió a burlarse de la ONU.

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