default

La última zafra


Los laboriosos cooperativistas de las salinas de Aguadulce han anunciado que la del año pasado fue su última zafra, puesto que abandonarán a partir del presente la industria que sus antepasados habían explotado desde el siglo pasado.
Una masiva importación de sal de mina colombiana, traída en el preciso momento en que se iniciaba la zafra local, dejó prácticamente sin mercado ni sustento a los humildes productores artesanales de las salinas.
"Tierra del azúcar y de la sal", es como se conoce desde tiempos inmemoriales a Aguadulce, gracias al don providencial de sus fértiles llanuras, donde se planta el oro dulce de la caña de azúcar, pero también por sus salinas, producto de una suave marea que duerme en su costa, abrazada por el sol brillante, del que surge como fruto la sal rubia y generosa como el carácter de su gente.
Más con el orgullo propio de quienes pelearon el "Sitio de Aguadulce" y tantas otras batallas, entre victorias y derrotas, pero nunca rendidos, los cooperativistas reconocieron haber sido vencidos por un producto que, con bajos aranceles y altos subsidios, entra al país a menos de la mitad del precio local.
"Nuestros costos son en dólares y los de Colombia en pesos, pero nos reconvertiremos en donde no puedan ganarnos: criaremos camarones, que es allí donde están las mayores ganancias", explicó un vocero cooperativista. De hecho en algunos estanques ya se siembran presurosas las primeras larvas.
A pocos kilómetros de allí, se inicia otro drama. Más de 25 mil jornaleros empiezan a levantar lo que podría significar una de las últimas zafras azucareras tanto en los ingenios privados, como estatales.
El año pasado, el gobierno de Ernesto Pérez Balladares decretó la rebaja del impuesto de importación de azúcar a 15%, dejando sin protección al sector, frente al azúcar subsidiada de América Central y el Caribe, cuyos mercados están protegidos por "reservas sociales", admisibles en la Organización Mundial de Comercio (OMC).
Pero con el rigor propio del socio de reciente ingreso, Panamá levantó el año pasado, de un sólo plumazo, todo el andamiaje de protección arancelaria a sus sectores agropecuarios e industrial, aún a sabiendas de no recibir a cambio reciprocidad alguna, salvo los millones de empréstitos que se consumirán en la gran urbe; y que pagaremos todos con nuestros impuestos y con el dolor de nuestra gente pobre del campo y la ciudad.
Porque por cruel ironía, como con el arroz y el pan, la rebaja arancelaria no llega al consumidor. Se la quedan otros.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América