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La unión hace la fuerza


Este refrán lo aprendí desde niña y siempre pensaba que si todos los niños de la escuela nos tomábamos de la mano, amarraríamos al mundo. Así es porque el sentido de solidaridad y unión nos hace sentirnos protegidos y con la fortaleza suficiente para enfrentar los obstáculos que se nos presenten.
Cuando una pareja decide casarse, sienten que entre los dos formarán un hogar, construirán una casa, harán frente a los gastos de ese hogar porque ahora son dos y no uno solo. Es como si nos recostáramos uno en el otro para sostener lo que venga. Igual sucede con cualquier unión que se haga en la vida; igual sucede cuando se fusionan dos cuerpos, dos almas o dos pensamientos. La diferencia está en que cuando dos entes se fusionan, se funden para ser uno; desaparece la identidad de ambos para dar paso a un aparato diferente, nuevo, con distinta formación, coloración y andamiaje. Sin embargo, no desaparece la esencia de cada componente. Por ejemplo, el H2 y el O se fusionan para convertirse en agua; pero dentro de ella esos dos elementos siguen teniendo vida y no desaparecen aunque hayan dado paso a una sustancia diferente.
De no seguir esta regla, se tratará sólo de una unión de dos seres, de dos elementos cuyas características se conservan casi intactas. Esto es elemental y deben comprenderlo quienes estén involucrados en una situación como la que me refiero. Es fácil decir: quiero la fusión de dos cosas, pero no cambiaré mi manera de pensar. Cuando dos partidos políticos intentan fusionarse, debe ser un movimiento con claridad, con desprendimiento, con conciencia de que aquello que fue no lo será más; de que sus símbolos, nombre y constitución pasarán a ser la novedad para atraer lo que otros esperan una nueva organización. ¿Qué se busca con ello? Tomar dos partes pequeñas y transformarlas en una más grande. ¿Qué lo hará grande? El sentimiento, la fortaleza, las actuaciones de cada uno de sus componentes que sólo cambian una mística por otra y que ahora se ubican en una plataforma engrandecida por el trabajo, por el esmero y el fervor que todos ponen en su organización. Nos mudamos de casa y, aunque sintamos nostalgia por la anterior, nos adentramos en ésta para hacerla bella y digna de nosotros.
Si bien es cierto que las personas continúan siéndolo, esta fusión debe motivarnos a crecer, a surgir, a ser mejor que los demás con esfuerzo, desbordando de alegría y mirándonos como hermanos con un denominador común que tenemos que multiplicar y no dividir. Si en aquella casa vieja yo tenía un cuarto para mí sola y acá debo compartir con otras personas, pues que el mejor espacio lo gane quien más méritos hace. En un partido político esos méritos se ganan organizando, inscribiendo nuevos adherentes y tomando las riendas de la dirección con liderazgo y ahínco. La singularidad de cada cual se moverá de acuerdo a las notas que pulse en el instrumento musical del espectáculo. A ganarlo, a conservarlo y compartirlo con los nuevos hermanos.
No debemos quejarnos por la posibilidad de una fusión entre dos partidos. Pienso que no perderemos nada de lo que somos, al contrario, esta unión reflejaría fortaleza, ceder ante pasiones y algo positivo que nos lleva a ganar posiciones en buena lid; la competencia es sana y nos permitiría trabajar con más fervor. No temo a una fusión. Cada uno tiene su valor intrínseco y ese es el único que nos salvará de un posible naufragio. Rebusquen dentro de cada uno de sus propios valores y encontrarán sorpresas agradables; muchas veces los tienen ocultos por obstáculos salvables.
Miren hacia delante que el pasado es eso y el futuro lo forja cada uno con su actuación en el presente. La vida es una lucha continua en la que triunfan aquellos que tienen frente a sí metas y no temen al cambio. Prueben y encontrarán la razón de ser de una situación que nos beneficiará a todos. La ilusión de miles de coopartidarios se verá en la alegría de crecer, de llegar a la mayoría de edad para usar pantalones largos. Si para esto se necesita ceder y ganar, bienvenido el rejuego y suerte para todos.
(marisin@movistar.com.pa)

101 años de Panamá América

 
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