La Universidad de Panamá - 70 años
EL 7 DE OCTUBRE de 1935, el Presidente de la República, Doctor Harmodio Arias Madrid, estampó su firma en el Decreto Ejecutivo que creaba la Universidad oficial del Estado panameño.
Se cumplían las ilusiones del Maestro Octavio Méndez Pereira, de José Dolores Moscote y de una pléyade de connacionales ilustres que deseaban dotar al país de un centro de estudios superiores. El mismo Maestro Méndez la definió en negativo -y conviene recordar sus vigentes palabras: "... No será ... un centro burocrático, fábrica de títulos y vivero de profesionales, tan limitadas con un oficio manual".
Contra todo vaticinio agorero, empinándose por encima de las dificultades de toda índole, más allá de campañas negativas, la Universidad ha sido y continuará siendo la conciencia de la Nación, la atalaya del saber panameño, el epicentro de la crítica y el nido de los retos y las inquietudes de acuerdo a las épocas.
Setenta años más tarde, la presencia académica y culturizadora de la Universidad recorre el país, expande el conocimiento, forma e informa en las más variadas ramas de la ciencia, las humanidades y la tecnología.
Quienes le hemos dedicado los años mejores de nuevas vidas a la enseñanza universitaria y a la investigación desde y por la cátedra, todavía aspiramos a mejores momentos para la querida Institución. Hace falta un impulso cultural poderoso e innovador: las conferencias de visitantes ilustres, las revistas y boletines especializados de las Facultades, una Orquesta Sinfónica Universitaria bien constituida, abundancia de exposiciones con variedad temática, docentes con óptimos títulos, apoyo a la investigación, editorial universitaria bien instalada, bibliotecas y laboratorios con las últimas conquistas del conocimiento, una librería que pueda llamarse así; en una palabra, vida académica en la significación exacta del vocablo.
Y sobre todo, por encima de todo, menos política incrustada en el quehacer cotidiano de la Universidad lo cual desdice de sus objetivos primordiales.
Una Universidad politizada lleva corroída la raíz de su propia razón de ser y desvirtúa su esencia.
El mismo fundador, Octavio Méndez Pereira señaló el derrotero y habló de investigación y cultura como pilares indispensables de nuestra Universidad, especialmente en una Nación pequeña como Panamá que ha de cifrar en su rostro espiritual los atributos de su identidad. Es verdad evidente que nos constituimos en un país maduro, con justificación de porvenir cuando fue fundada la Universidad. Es más, Universidad y panameñidad son conceptos complementarios.
Siete décadas de trayectoria universitaria representan un instante apropiado para volver la mirada en retrospectiva y otear un futuro de realizaciones académicas, reafirmar nuestra Institución superior como faro avizor de nuestra condición de país libre y soberano.
Cada día, la Universidad escribe su historia y coadyuva poderosamente a delinear los anales del país. Las egregias figuras que han honrado la cátedra y los millares de egresados son el mejor testimonio de que la visual de sus creadores permanece en el claustro y alienta los años que vendrán. Cierro con la expresión de Ricardo J. Alfaro acerca de la Universidad: "Hacer de ella una fuerza de renovación y de selección por el mérito efectivo".
Se cumplían las ilusiones del Maestro Octavio Méndez Pereira, de José Dolores Moscote y de una pléyade de connacionales ilustres que deseaban dotar al país de un centro de estudios superiores. El mismo Maestro Méndez la definió en negativo -y conviene recordar sus vigentes palabras: "... No será ... un centro burocrático, fábrica de títulos y vivero de profesionales, tan limitadas con un oficio manual".
Contra todo vaticinio agorero, empinándose por encima de las dificultades de toda índole, más allá de campañas negativas, la Universidad ha sido y continuará siendo la conciencia de la Nación, la atalaya del saber panameño, el epicentro de la crítica y el nido de los retos y las inquietudes de acuerdo a las épocas.
Setenta años más tarde, la presencia académica y culturizadora de la Universidad recorre el país, expande el conocimiento, forma e informa en las más variadas ramas de la ciencia, las humanidades y la tecnología.
Quienes le hemos dedicado los años mejores de nuevas vidas a la enseñanza universitaria y a la investigación desde y por la cátedra, todavía aspiramos a mejores momentos para la querida Institución. Hace falta un impulso cultural poderoso e innovador: las conferencias de visitantes ilustres, las revistas y boletines especializados de las Facultades, una Orquesta Sinfónica Universitaria bien constituida, abundancia de exposiciones con variedad temática, docentes con óptimos títulos, apoyo a la investigación, editorial universitaria bien instalada, bibliotecas y laboratorios con las últimas conquistas del conocimiento, una librería que pueda llamarse así; en una palabra, vida académica en la significación exacta del vocablo.
Y sobre todo, por encima de todo, menos política incrustada en el quehacer cotidiano de la Universidad lo cual desdice de sus objetivos primordiales.
Una Universidad politizada lleva corroída la raíz de su propia razón de ser y desvirtúa su esencia.
El mismo fundador, Octavio Méndez Pereira señaló el derrotero y habló de investigación y cultura como pilares indispensables de nuestra Universidad, especialmente en una Nación pequeña como Panamá que ha de cifrar en su rostro espiritual los atributos de su identidad. Es verdad evidente que nos constituimos en un país maduro, con justificación de porvenir cuando fue fundada la Universidad. Es más, Universidad y panameñidad son conceptos complementarios.
Siete décadas de trayectoria universitaria representan un instante apropiado para volver la mirada en retrospectiva y otear un futuro de realizaciones académicas, reafirmar nuestra Institución superior como faro avizor de nuestra condición de país libre y soberano.
Cada día, la Universidad escribe su historia y coadyuva poderosamente a delinear los anales del país. Las egregias figuras que han honrado la cátedra y los millares de egresados son el mejor testimonio de que la visual de sus creadores permanece en el claustro y alienta los años que vendrán. Cierro con la expresión de Ricardo J. Alfaro acerca de la Universidad: "Hacer de ella una fuerza de renovación y de selección por el mérito efectivo".