La veta populista del gobierno
Todo el país que recuerda las crisis del déficit fiscal que llevaron a profundos problemas económicos la década pasada a países como Argentina, Brasil, Ecuador y más recientemente, Uruguay, no podía renegar de la necesidad de la reforma fiscal. Incluso, el argumento de la falta de consulta se diluyó desde el momento en que el gobierno presentó el proyecto en la Asamblea Legislativa y demostró amplia receptividad a las propuestas de cambios e incluso, aceptó mucha de las recomendaciones de los gremios.
Al final de la jornada, la discusión central se centró en la viabilidad económica de un impuesto alternativo al impuesto sobre la renta. Y aunque algunos actores sociales no quedaron conformes con la redacción final, sí tenemos que aceptar que la propuesta elimina el tratamiento igualitario y discriminatorio para quienes pudieran tener disímiles márgenes de ganancia, al establecer una renta mínima gravable, trasladando la tasación del impuesto a la utilidad. Las previsiones para los casos de pérdida o ganancias en el límite de la utilidad, también son importantes.
Tal vez el sabor amargo que hoy se siente en la relación entre el gobierno y la empresa privada, se deba a la estrategia que utilizó el primero para vender las bondades del proyecto. Queremos creer que el gobierno cayó preso, sin darse cuenta, de su propia retórica. Yo, sinceramente, esperaba de este gobierno una política que sumara a los empresarios a la tarea de enfrentar las nuevas obligaciones del Estado. Sobre todo, si consideramos que este mismo gobierno tendrá que recurrir a ellos, como sus mejores aliados, en las próximas batallas que están por venir.
Por su parte, los empresarios deben comprender que si el gobierno se mostraba demasiado complaciente a sus intereses, hubiera perdido el liderazgo y la credibilidad que necesita para enfrentar los retos que hacen falta. Estamos frente a un nuevo gobierno que ha demostrado hasta ahora su capacidad para asumir responsabilidades, y que, a diferencia de otros, no rehúye de sus responsabilidades. Cuando los gobernantes asumen este estilo de gobernar, se suele tildar de vicio autocrático, el ejercicio de un liderazgo consustancial.
Esperemos que ante el ejercicio de esa responsabilidad por parte del gobierno, se entienda también que legitimidad política no es lo mismo que mayoría legislativa. Además, nada justifica la falta de tacto político con el que el gobierno abordó a la clase empresarial. El Presidente de la República todavía está a tiempo de corregir, aprovechando la oportunidad para crear canales de comunicación efectivos con los empresarios. Respetuosamente, desde aquí, lo instamos a que lo haga.
Al final de la jornada, la discusión central se centró en la viabilidad económica de un impuesto alternativo al impuesto sobre la renta. Y aunque algunos actores sociales no quedaron conformes con la redacción final, sí tenemos que aceptar que la propuesta elimina el tratamiento igualitario y discriminatorio para quienes pudieran tener disímiles márgenes de ganancia, al establecer una renta mínima gravable, trasladando la tasación del impuesto a la utilidad. Las previsiones para los casos de pérdida o ganancias en el límite de la utilidad, también son importantes.
Tal vez el sabor amargo que hoy se siente en la relación entre el gobierno y la empresa privada, se deba a la estrategia que utilizó el primero para vender las bondades del proyecto. Queremos creer que el gobierno cayó preso, sin darse cuenta, de su propia retórica. Yo, sinceramente, esperaba de este gobierno una política que sumara a los empresarios a la tarea de enfrentar las nuevas obligaciones del Estado. Sobre todo, si consideramos que este mismo gobierno tendrá que recurrir a ellos, como sus mejores aliados, en las próximas batallas que están por venir.
Por su parte, los empresarios deben comprender que si el gobierno se mostraba demasiado complaciente a sus intereses, hubiera perdido el liderazgo y la credibilidad que necesita para enfrentar los retos que hacen falta. Estamos frente a un nuevo gobierno que ha demostrado hasta ahora su capacidad para asumir responsabilidades, y que, a diferencia de otros, no rehúye de sus responsabilidades. Cuando los gobernantes asumen este estilo de gobernar, se suele tildar de vicio autocrático, el ejercicio de un liderazgo consustancial.
Esperemos que ante el ejercicio de esa responsabilidad por parte del gobierno, se entienda también que legitimidad política no es lo mismo que mayoría legislativa. Además, nada justifica la falta de tacto político con el que el gobierno abordó a la clase empresarial. El Presidente de la República todavía está a tiempo de corregir, aprovechando la oportunidad para crear canales de comunicación efectivos con los empresarios. Respetuosamente, desde aquí, lo instamos a que lo haga.