La vida de fe
Al estudiar la vida de los grandes hombres y mujeres, descubrirá siempre la misma motivación: intensa creencia en sus convicciones, ideales, metas y en su capacidad personal. Los grandes santos fueron hombres y mujeres que creyeron enteramente en Dios y se entregaron por completo a Él. Su fe los llevó a alcanzar las virtudes más hermosas y a vivir el amor de Dios.
La vida de Juana de Arco es inspiración. Era sólo una sencilla niña de 12 años que tuvo la visión de que Dios la había designado para que dirigiera los ejércitos de Francia hacia la victoria sobre Inglaterra en la guerra de los 100 años, que había empezado 75 años antes de que ella naciera. ¡Una pobre pastorcita para dirigir los ejércitos de Francia! ¿Quién iba a pensar que eso era posible? Su deseo de hacer la voluntad de Dios y de servir a su patria llegó a ser su obsesión. Su creencia en esa misión, era tan grande que el Príncipe Carlos la revistió con un traje de armadura y levantó un ejército para que la siguiera en batalla. Así, con su espada destellando y su bandera personal ondeando, conquistó la fortificada ciudad de Orleans. Eso lo hizo la sencilla pastorcita que, al llamado de Dios, escuchó y creyó.
¡Si cada persona pudiera creer en sus metas tan intensamente como Juana de Arco! Esta jovencita que salvó a su país, fue traicionada, capturada y ejecutada, siendo quemada en una hoguera como hereje, pecadora e idólatra. Pero ni la traición ni la tortura ni la muerte pudieron destruir la gloria eterna de su creencia divina. La Iglesia hizo de ella "Santa Juana de Arco".
Antes que usted diga que su falta de instrucción, dinero, influencia, educación o cualquier otro obstáculo que le impide avanzar, recuerde y medite la historia de Juana de Arco. Y no olvide que con Dios, usted será ¡INVENCIBLE!