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La violencia


En esta humanidad presente, superviven el sufrimiento, la tragedia, los apuros económicos, la pérdida del amor, el desempleo, la falta de oportunidades de promoción, la derrota, la falta de estudios eficaces, los sentimientos de inferioridad y el consumo de drogas. Todo esto nos indicaría un destino cruel; hiriéndonos durante un día, una semana, un mes, un año, o para el resto de la existencia terrenal. El “Hombre-Sujeto” es aquel que permanece racional o controlador, de cualquiera maquinación o ardid de nuestros tiempos de violencia.
Se manifiesta cotidianamente, que los poderes de la mente, sujetos al servicio de los sentidos, hacen al ser humano, mucho más peligroso y feroz, que cualquier animal de la jungla. Todo individuo que sea posesivo, tiene que ser necesariamente agresivo; finalmente prevalece la violencia rutinaria. Es enemigo quien expone por signos físicos, psíquicos, sociales y morales, la impresión de estar en desacuerdo, con el ideal de la felicidad humana. En el transcurrir del horror temporal y espacial, la praxis precede a la teoría, pues hay que actuar improvisadamente, y así ocurre la génesis de violencia: un puro gesto, un malentendido, una palabra premeditada puede desencadenarla.
La violencia expuesta en sus más altos índices, como son el terrorismo y la guerra, son productos del fanatismo religioso o político. Países como Estados Unidos, Rusia, Corea del Norte, Irak, Inglaterra, Israel, La República Popular China y Alemania, poseen armamentos de destrucción masiva. No se podría exclamar a tambor batiente que la democracia es factor vitalicio de progreso o desarrollo, cuando se está gesticulando, cómo exterminar a toda la biodiversidad. En estas naciones bélicas el dogmatismo, el voluntarismo y la violencia, son inherentes a un “Totalitarismo Anárquico”, patrocinador de los “genocidios culturales”. La violencia intrafamiliar, escolar, colegial, universitaria e institucional, es propia de los espíritus desequilibrados. Es necesario endulzar una “Democracia Futura”, proponiendo una economía mixta, a la par de los valores de excelencia en la producción multidimensional, en el financiamiento del individuo. En la futura democracia universal o suprema, no habrá discriminación alguna, para ningún ser humano, revestido del humanismo progresivo y del humanitarismo cósmico (patrimonio exclusivo de la Liberación Real del sujeto). Con la paz (bien común), la solidaridad, la próspera ayuda mutua, la comprensión veraz y la eliminación de la hipocresía, como moral convencional de la sociedad, surge el establecimiento a macronivel del “Universalismo Libertario, Igualitario y Fraternal”.
Con la doctrina del amor entre los humanos y otras especies vivientes, estaríamos cosechando el triunfo de la civilización, sobre el salvajismo sectorizante, que se fundamenta en una ideología, raza o tendencia.
Pero a medida que se avanzaba, los árboles se hacían tan gigantescos que cerraban el paso a la luz del sol. Aunque era temprano en la mañana, parecía que se acercaba el ocaso.
Por esas trochas caminan familias enteras, con niños de meses en los brazos de los adultos. También son usadas por paramilitares, guerrilleros y aventureros suramericanos.
Cada cierto tiempo, hay que cruzar ríos sobre "puentes", que en realidad son troncos de árboles, que deben cruzarse manteniendo el equilibrio, para no caer al agua.
Según narraron los guías que condujeron al equipo por esos "caminos", ningún desplazado pernocta en el estrecho sendero, que generalmente ha sido abierto a punta de machete. Todos lo hacen introduciéndose en la selva, tratando de no dejar huellas ni ramas partidas, a fin de que los guerrilleros y paramilitares no encuentren su rastro, lo que podría significar una muerte segura y de la manera más horrenda.
En ocasiones, los guerrilleros encuentran a familias enteras en plena selva. Estas llevan algunos enseres para sobrevivir en ella. Entonces, los insurgentes les advierten que les dan media hora para que "desaparezcan" del lugar, o de lo contrario, los matan.
A los desplazados no les queda otra que dejar comida, zapatos, ropa o cualquier utensilio que llevaban, para salir en estampida por las trochas.
Muchos se arriesgan a tratar de llegar a su destino por el río, en balsas construidas con troncos de "balso", muy rudimentarias y mal amarradas.
¿Resultado? La destrucción de las precarias embarcaciones en los rápidos (chorros) de los ríos y, muchas veces, una muerte segura, de acuerdo con los guías.
Por esta trocha, en particular, un caminante adiestrado puede durar tres días en llegar a Colombia, especialmente ahora que la trocha se ha hecho más ancha, conforme pasan desplazados, guerrilleros y paramilitares.
Sin embargo, una familia con niños y mujeres demora entre ocho y 15 días para atravesarla.
"Los hombres lloran por el dolor de dejar sus tierras, los niños porque se pullan los pies con las espinas, y las mujeres por ver el sufrimiento de su familia", aseguró un guía. "Yo lo he visto", resaltó.
De esa manera han llegado decenas de colombianos que prefieren morir por la mordedura de una serpiente, de hambre o de sed en la selva, antes que ser masacrados por grupos irregulares de su país, que se enfrentan en una guerra que ha dejado de buscar ideales para saciar el hambre de violencia y genocidio que parece no satisfacerse nunca.
Muchos han llegado con Leshmaniasis, deshidratados, con parasitosis y otras enfermedades tropicales, incluso la malaria. Esos han tenido suerte, porque otros han quedado enterrados en la selva, sin una lápida que indique que allí está su cuerpo, ni un familiar que visite su tumba.

101 años de Panamá América

 
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