La visita de Bush, de lo sublime a lo ridículo
SIN DUDA, la visita del presidente George W. Bush ha sido muy oportuna para el futuro de nuestro país. Después del repudio general durante su estadía en Argentina y Brasil, el cálido recibimiento istmeño fue un tranquilizante para regresar con algo diferente que enseñar en casa.
Conociendo el "modus operandi" del gobierno norteño, esta visita será apreciada y bien recordada por el Departamento de Estado por algunos meses. Por eso debo darle un justo reconocimiento al gobierno de la Patria Nueva. Lo importante ahora es capitalizar esta oportunidad y para ello es necesario que tanto la "chancillería" como nuestra embajada en Washington se pongan las pilas y de inmediato inicien una ofensiva para concretar algunas de las cosas que se hablaron en dicha visita. Si esperamos que las cosas sucedan por osmosis, todo quedará en letra muerta y vamos sólo a recoger migajas. Los efectos positivos del éxito internacional y el haber estado en las mayores cadenas televisivas del mundo pasa rápido, luego se firman las cartas de agradecimiento y los problemas internos absorben de inmediato las mentes de los mandatarios. Si no hay un seguimiento y alguien responsable para concretar cada tema, no pasará de ser un triunfo diplomático para Torrijos y no para Panamá.
Pero como en todo hay defectos, considero conveniente llamar la atención a algunos errores y aportar mi grano de arena para que nos sirva de enseñanza en un futuro. Los países tienen que manejar sus relaciones políticas y diplomáticas internacionales en un plano de trato igual y de mutuo respeto a la soberanía, eso lo comprenden perfectamente todos los gobiernos. Si bien hay ocasiones, como fue esta visita del mandatario de la potencia más importante del mundo, en que se permite que algunas exigencias de seguridad sobrepasen estos límites, éstas deben ser muy definidas, anticipadamente acordadas y bajo la supervisión y coordinación de la correspondiente autoridad local. De no ser así nos exponemos a abusos y luego a ser criticados como Estado sumiso, por decir lo menos.
Si al Servicio Secreto de Estados Unidos no se le establece claramente y con antelación el radio de acción para la protección del presidente y se le reitera que dentro de nuestro territorio son las autoridades locales los responsables de mantener el control del orden fuera del perímetro establecido, tendremos como resultado un innecesario y exagerado control de la ciudad.
Trancar vías más allá de la ruta propuesta, aislar residentes de sus casas y no permitir el acceso de trabajadores a sus empresas en barrios distantes de los eventos como El Chorrillo, Santa Ana y Calidonia, fue exagerado.
Poner al vicepresidente y los ministros de Estado a tomar un bus en el cuartel de la Policía Nacional para ir al Palacio de Las Garzas, es inaceptable. Permitir sólo a los camarógrafos de la Casa Blanca filmar la reunión en la Presidencia de la República y limitar sólo a dos periodistas locales preguntar en la conferencia de prensa, resultó patético.
No invitar a un representante de la coordinadora de los partidos de oposición, ni a un representante del sector de los trabajadores a la mesa redonda de la sociedad civil demuestra poco respeto y consideración por dos de los más importantes sectores de nuestra sociedad.
Aislar por completo a las familias de los peloteritos de las ligas infantiles del acto que se dio entre los presidentes y los grandes ligas panameños, fue innecesario. Existen gradas en ese campo donde podían ubicar a prudente distancia a estos orgullos padres.
Una cosa es cancelar las clases en la Universidad de Panamá y otra es no permitir el acceso de los estudiantes a sus instalaciones.
Estas pequeñas cosas que dejaron un mal sabor a nivel interno se hubiesen evitado con un poco de sentido común y exigiendo a los visitantes respeto por la capacidad de nuestras autoridades, cosa que ellos entienden perfectamente y lo aplican sin excepciones en su país. En ninguno de los casos que he mencionado era necesario traspasar el límite de lo sublime a lo ridículo.
Conociendo el "modus operandi" del gobierno norteño, esta visita será apreciada y bien recordada por el Departamento de Estado por algunos meses. Por eso debo darle un justo reconocimiento al gobierno de la Patria Nueva. Lo importante ahora es capitalizar esta oportunidad y para ello es necesario que tanto la "chancillería" como nuestra embajada en Washington se pongan las pilas y de inmediato inicien una ofensiva para concretar algunas de las cosas que se hablaron en dicha visita. Si esperamos que las cosas sucedan por osmosis, todo quedará en letra muerta y vamos sólo a recoger migajas. Los efectos positivos del éxito internacional y el haber estado en las mayores cadenas televisivas del mundo pasa rápido, luego se firman las cartas de agradecimiento y los problemas internos absorben de inmediato las mentes de los mandatarios. Si no hay un seguimiento y alguien responsable para concretar cada tema, no pasará de ser un triunfo diplomático para Torrijos y no para Panamá.
Pero como en todo hay defectos, considero conveniente llamar la atención a algunos errores y aportar mi grano de arena para que nos sirva de enseñanza en un futuro. Los países tienen que manejar sus relaciones políticas y diplomáticas internacionales en un plano de trato igual y de mutuo respeto a la soberanía, eso lo comprenden perfectamente todos los gobiernos. Si bien hay ocasiones, como fue esta visita del mandatario de la potencia más importante del mundo, en que se permite que algunas exigencias de seguridad sobrepasen estos límites, éstas deben ser muy definidas, anticipadamente acordadas y bajo la supervisión y coordinación de la correspondiente autoridad local. De no ser así nos exponemos a abusos y luego a ser criticados como Estado sumiso, por decir lo menos.
Si al Servicio Secreto de Estados Unidos no se le establece claramente y con antelación el radio de acción para la protección del presidente y se le reitera que dentro de nuestro territorio son las autoridades locales los responsables de mantener el control del orden fuera del perímetro establecido, tendremos como resultado un innecesario y exagerado control de la ciudad.
Trancar vías más allá de la ruta propuesta, aislar residentes de sus casas y no permitir el acceso de trabajadores a sus empresas en barrios distantes de los eventos como El Chorrillo, Santa Ana y Calidonia, fue exagerado.
Poner al vicepresidente y los ministros de Estado a tomar un bus en el cuartel de la Policía Nacional para ir al Palacio de Las Garzas, es inaceptable. Permitir sólo a los camarógrafos de la Casa Blanca filmar la reunión en la Presidencia de la República y limitar sólo a dos periodistas locales preguntar en la conferencia de prensa, resultó patético.
No invitar a un representante de la coordinadora de los partidos de oposición, ni a un representante del sector de los trabajadores a la mesa redonda de la sociedad civil demuestra poco respeto y consideración por dos de los más importantes sectores de nuestra sociedad.
Aislar por completo a las familias de los peloteritos de las ligas infantiles del acto que se dio entre los presidentes y los grandes ligas panameños, fue innecesario. Existen gradas en ese campo donde podían ubicar a prudente distancia a estos orgullos padres.
Una cosa es cancelar las clases en la Universidad de Panamá y otra es no permitir el acceso de los estudiantes a sus instalaciones.
Estas pequeñas cosas que dejaron un mal sabor a nivel interno se hubiesen evitado con un poco de sentido común y exigiendo a los visitantes respeto por la capacidad de nuestras autoridades, cosa que ellos entienden perfectamente y lo aplican sin excepciones en su país. En ninguno de los casos que he mencionado era necesario traspasar el límite de lo sublime a lo ridículo.