La visita de Bush a Irak
El sorpresivo viaje del presidente George W. Bush a Irak fue un golpe de efecto que subió un escalón más la aprobación popular del mandatario, cuyo nivel de aceptación ya había rebasado el 51%.
Por su parte, la oposición demócrata supo tomar el tan publicitado viaje relámpago como una advertencia de la ventaja que el presidente llevará a la campaña de su reelección el próximo año.
Hasta uno de los más decididos adversarios del mandatario, el senador demócrata John Kerry, veterano de la guerra de Vietnam, tuvo palabras de elogio para el gesto del presidente de compartir la comida del Día de Gracia con sus tropas en el Oriente Medio, aunque fuera sólo por dos horas.
La prensa mundial, que hasta el momento ha demostrado relativamente poco entusiasmo por Bush, aparentemente quedó impresionada con el fugaz viaje al frente iraquí. "Un gesto audaz del mandatario norteamericano", proclamó el matutino Clarín de Buenos Aires.
Bush viajó a Bagdad en medio de un operativo secreto para celebrar el Día de Acción de Gracias junto a las tropas estadounidenses y defendió su política de ocupación en ese país. El avión presidencial aterrizó en medio de la noche en el aeropuerto de Bagdad sólo para que el presidente, vestido con una campera militar, hiciera la visita por dos horas y 32 minutos.
Durante ese tiempo, agradeció a 600 soldados el esfuerzo que están realizando en Irak y hasta llegó a servirles el tradicional pavo.
La visita, la primera de un presidente de EE.UU. a Irak, fue interpretada como una provocación para la resistencia a la ocupación norteamericana en ese país.
Mientras que otros la vieron como una forma de reafirmar la política estadounidense. Douglas Brinkley, el biógrafo oficial del presidente, dijo que fue "uno de los más importantes momentos de la vida de Bush".
El operativo de seguridad estableció que el avión presidencial llegara a Bagdad sorpresivamente. Con las luces apagadas y las ventanas cerradas para evitar ser detectado, aterrizó en la noche. La seguridad obedeció al aumento de la efectividad de la resistencia iraquí, que días atrás impactó con un misil a un avión de carga y ya derribó a varios helicópteros.
En una puesta en escena para las fotos, Bush entró a un comedor donde había cientos de soldados. Ahí esperaba el gobernador norteamericano de Irak, Paul Bremer, quien lo presentó. Bush entró en medio de aplausos. La primera frase del presidente fue: "Estaba buscando un lugar para comer algo caliente." Al rato, el mandatario tomó una bandeja con un pavo asado gigantesco y empezó a servirlo, mientras también ofrecía papas y maíz.
La excusa de la visita fue el Día de Acción de Gracias, una de las fiestas más tradicionales en EE.UU. y, según Bush, fue movida por el deseo de agradecerles por "derrotar a los terroristas".
Por su parte, la oposición demócrata supo tomar el tan publicitado viaje relámpago como una advertencia de la ventaja que el presidente llevará a la campaña de su reelección el próximo año.
Hasta uno de los más decididos adversarios del mandatario, el senador demócrata John Kerry, veterano de la guerra de Vietnam, tuvo palabras de elogio para el gesto del presidente de compartir la comida del Día de Gracia con sus tropas en el Oriente Medio, aunque fuera sólo por dos horas.
La prensa mundial, que hasta el momento ha demostrado relativamente poco entusiasmo por Bush, aparentemente quedó impresionada con el fugaz viaje al frente iraquí. "Un gesto audaz del mandatario norteamericano", proclamó el matutino Clarín de Buenos Aires.
Bush viajó a Bagdad en medio de un operativo secreto para celebrar el Día de Acción de Gracias junto a las tropas estadounidenses y defendió su política de ocupación en ese país. El avión presidencial aterrizó en medio de la noche en el aeropuerto de Bagdad sólo para que el presidente, vestido con una campera militar, hiciera la visita por dos horas y 32 minutos.
Durante ese tiempo, agradeció a 600 soldados el esfuerzo que están realizando en Irak y hasta llegó a servirles el tradicional pavo.
La visita, la primera de un presidente de EE.UU. a Irak, fue interpretada como una provocación para la resistencia a la ocupación norteamericana en ese país.
Mientras que otros la vieron como una forma de reafirmar la política estadounidense. Douglas Brinkley, el biógrafo oficial del presidente, dijo que fue "uno de los más importantes momentos de la vida de Bush".
El operativo de seguridad estableció que el avión presidencial llegara a Bagdad sorpresivamente. Con las luces apagadas y las ventanas cerradas para evitar ser detectado, aterrizó en la noche. La seguridad obedeció al aumento de la efectividad de la resistencia iraquí, que días atrás impactó con un misil a un avión de carga y ya derribó a varios helicópteros.
En una puesta en escena para las fotos, Bush entró a un comedor donde había cientos de soldados. Ahí esperaba el gobernador norteamericano de Irak, Paul Bremer, quien lo presentó. Bush entró en medio de aplausos. La primera frase del presidente fue: "Estaba buscando un lugar para comer algo caliente." Al rato, el mandatario tomó una bandeja con un pavo asado gigantesco y empezó a servirlo, mientras también ofrecía papas y maíz.
La excusa de la visita fue el Día de Acción de Gracias, una de las fiestas más tradicionales en EE.UU. y, según Bush, fue movida por el deseo de agradecerles por "derrotar a los terroristas".