default

La visita de Mr. Rumsfeld


El mayor mérito de la visita de Donald Rumsfeld a Panamá fue que develó cosas que antes se intuían y que ahora se confirman: Panamá forma parte del "sistema de defensa regional" bajo la dirección del gobierno de Estados Unidos (EU), pero no a partir de nuestros propios intereses y visiones, ni como consecuencia de un debate amplio, como debe ser en una verdadera democracia en la que los pueblos participativamente decidan su futuro, sino a partir de la visión particular que tiene la actual administración norteamericana, sobre lo que debe ser una estrategia contra el terrorismo y el narcotráfico; estrategia a mi juicio equivocada y, peor aún, sumamente peligrosa para la seguridad nacional panameña y para la propia seguridad del Canal.
Todo ello se percibía desde el 2000 cuando Simón Ferro, a la sazón embajador de EU en Panamá, comenzó a presionar a la clase política del país (gobierno y oposición) señalándoles la necesidad de establecer una estrategia de seguridad nacional. En aquella ocasión el ministro arnulfista de Gobierno y Justicia Winston Spadafora, raudo y veloz a los requerimientos del embajador, convocó a las fuerzas políticas del país para discutir una propuesta que llenara el vacío tan "gentilmente" señalado por Mr. Ferro, a la vez que el titular de Relaciones Exteriores, José Miguel Alemán, firmaba acuerdos administrativos que ahora, con la visita del halcón norteamericano, se hacen más evidentes.
En esa ocasión el documento presentado -y luego aprobado por los partidos políticos del país- tenía la rara casualidad de coincidir íntegramente con los planteamientos militares que hicieran los norteamericanos cuando se conversaba sobre el CMA, que fueron rechazados en su momento y que le costó la visa de entrada a EU al Dr. Ernesto Pérez Balladares. Los mismos consistieron en crear en Panamá una plataforma militar para controlar e intervenir en la región cuando los intereses norteamericanos lo consideraran pertinente. Los hechos del 11 de Septiembre y las posiciones guerreristas de la administración Bush aceleraron el interés por impulsar la alianza regional que hoy se evidencia, con las maniobras navales militares y la próxima reunión sobre seguridad que se realizará en Quito.
En Panamá, con la Estrategia de Seguridad Nacional propuesta por Ferro e impulsada por los arnulfistas -y aceptada por la oposición-, con los acuerdos administrativos de seguridad firmados por la administración de Mireya Moscoso que permiten que las autoridades civiles y militares gringas actúen en el país como si fueran soberanos, controlando tierra, aire y mar, fronteras, comunicaciones públicas y privadas, aduanas, migración y, ahora, con la visita de Estado de Mr. Rumsfeld, se cierra un capítulo y se abre uno nuevo que tiene la peligrosa virtud de situarnos en el foco de atención de los enemigos de EU. La concepción de neutralidad, conveniente al interés nacional porque mantiene a nuestro país fuera de las convulsiones y conflictos internacionales, ha sido sustituida por las prácticas tradicionalistas de la época en que la oligarquía panameña se alineaba a los dictámenes de Washington, volviendo a los tiempos en que éstos escogían a nuestros amigos y enemigos.
Lo paradójico de esta nueva realidad histórica es que una facción oligárquica, heredera de esos intereses antinacionales, con nuevos discursos y ropajes, se viene abriendo paso con críticas amañadas para capitalizar políticamente lo que pudiera ser el colapso de una política entreguista y zigzagueante. Son los mismos que se arrastraron ante Jesse Helms, y en las escalinatas del Congreso de los EU, rogando la intervención armada en Panamá el 20 de diciembre de 1989; mismos que a través de sus medios señalan con cinismo que se "impulsa nuevamente el militarismo en Panamá", pero aplauden frenéticamente las acciones que las fuerzas militares de EU realizan en Afganistán e Irak, para que los valores civilizados de Occidente se plasmen en esos países islámicos mediante la paz de los sepulcros.
Si los proponentes de una Patria Nueva no se han dado cuenta de los retrocesos que se dieron durante el gobierno de Moscoso, es bueno que ahora que estamos a tiempo tomen nota para que el país no tenga que recorrer nuevamente caminos superados por el torrijismo. Regresar a los tiempos de la patria boba, con alianzas regionales que nos ponen en la tarjeta de tiro de fuerzas incontrolables, además de traición a la lucha generacional, flaco favor hace a lo que pudiera ser una Patria Nueva de verdad, libre, soberana e independiente como la soñó el General Torrijos y muchos otros patriotas, alejada de esa tradición entreguista oligárquica que tanta sangre, luto y destrucción trajo a Panamá y a los panameños.

101 años de Panamá América

 
101 años Panamá América