La visita del presidente Bush
Muchas veces en las reuniones de alto nivel, como la que se realizó con la visita a nuestro país del Presidente de Estados Unidos (EU), George W. Bush, más es lo que se acuerda informalmente, fuera de toda agenda, que lo que oficialmente trasciende a la opinión pública. Esos resultados los iremos sabiendo con el pasar de los días y de las semanas.
La presencia del presidente Bush en Panamá, considero, fue positiva. Sé que alrededor de la misma habrá otras opiniones, pero eso es de esperar en una democracia como la nuestra que cada vez se profundiza más.
El presidente norteamericano, en su corta visita, tuvo la oportunidad de conocer muchos aspectos de nuestra vida. No sólo pudo ver, como quería, el funcionamiento detallado del Canal, hoy bajo la administración y responsabilidad de los panameños, sino también a su gente, el sentir de nosotros, de cómo somos y actuamos. Bush no sólo se vinculó con los que conforman el engranaje oficial, sino con distintos sectores de la sociedad, incluyendo a glorias de nuestro deporte de ayer, de hoy y de algunas promesas del futuro.
Hay dos posiciones del presidente Bush que aclararon, en mi concepto, varias interrogantes que tenemos amplios sectores. En sus palabras en la conferencia de prensa que tuvo, dentro del cauteloso lenguaje diplomático que es usual, se colige que el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Panamá constituía una de sus prioridades. Con respecto a la limpieza de los polígonos se manifestó a favor de la posición panameña, en cuanto a que éste no era un "asunto cerrado".
En cuanto al TLC llegó, inclusive, a pedir la contribución panameña a favor del mismo en los círculos del Congreso norteamericano. Pienso que tenía en mente la efectividad que tuvo nuestro país en el "lobby" liderado por nuestro entonces embajador Gabriel Lewis Galindo a favor del Tratado Torrijos-Carter.
Sobre los "polígonos", siendo muy sincero, tenemos que aceptar que el lenguaje que se utilizó en el Tratado del Canal era ambiguo y daba "salidas" como la adoptada por EU para no cumplir con el espíritu de lo firmado. Bush aceptó la tesis panameña de que el asunto no es "caso cerrado" mostrando, así, una gran diferencia con opiniones anteriores muy firmes de varios funcionarios norteamericanos.
La visita del presidente Bush puede, también por las muestras de simpatía que tuvo hacia Panamá, resultar muy conveniente a nuestros intereses. Hay que aceptar, nos guste o no, que vivimos bajo la esfera de influencia norteamericana. Una cercanía con Washington la ven como una buena señal inversionistas foráneos que contribuirán con sus nuevas empresas, buscando el gran mercado norteamericano, a disminuir el desempleo que nos asfixia.
El panameño demostró con la venida del presidente Bush que no existe aversión, sino mucha simpatía hacia la potencia norteña. Sólo un pequeño grupo, cada vez más reducido, utilizando discursos trasnochados, con la retórica de 5 a 10 años atrás, protagonizaron aislados actos de violencia que no tuvieron otra trascendencia que causarle a ellos mismos perjuicios y la repulsa de la comunidad que cada vez se aleja más de ellos. Fue, por lo mismo, innecesario el exceso de las medidas de seguridad que se utilizaron durante esos días; ellas llegaron a causar perjuicios a muchos ciudadanos en sus diarios quehaceres. Fue también muy criticado el hecho de declarar un día feriado que demuestra que todavía tenemos mentes primitivas en un mundo que exige mayor trabajo y productividad para podernos adaptar a los avances tecnológicos que nos retan constantemente.
Uno se pregunta si es que habrá tantos políticos que no entienden, o si es que su celo por los votos pesa más que su mandato moral.
La presencia del presidente Bush en Panamá, considero, fue positiva. Sé que alrededor de la misma habrá otras opiniones, pero eso es de esperar en una democracia como la nuestra que cada vez se profundiza más.
El presidente norteamericano, en su corta visita, tuvo la oportunidad de conocer muchos aspectos de nuestra vida. No sólo pudo ver, como quería, el funcionamiento detallado del Canal, hoy bajo la administración y responsabilidad de los panameños, sino también a su gente, el sentir de nosotros, de cómo somos y actuamos. Bush no sólo se vinculó con los que conforman el engranaje oficial, sino con distintos sectores de la sociedad, incluyendo a glorias de nuestro deporte de ayer, de hoy y de algunas promesas del futuro.
Hay dos posiciones del presidente Bush que aclararon, en mi concepto, varias interrogantes que tenemos amplios sectores. En sus palabras en la conferencia de prensa que tuvo, dentro del cauteloso lenguaje diplomático que es usual, se colige que el Tratado de Libre Comercio (TLC) con Panamá constituía una de sus prioridades. Con respecto a la limpieza de los polígonos se manifestó a favor de la posición panameña, en cuanto a que éste no era un "asunto cerrado".
En cuanto al TLC llegó, inclusive, a pedir la contribución panameña a favor del mismo en los círculos del Congreso norteamericano. Pienso que tenía en mente la efectividad que tuvo nuestro país en el "lobby" liderado por nuestro entonces embajador Gabriel Lewis Galindo a favor del Tratado Torrijos-Carter.
Sobre los "polígonos", siendo muy sincero, tenemos que aceptar que el lenguaje que se utilizó en el Tratado del Canal era ambiguo y daba "salidas" como la adoptada por EU para no cumplir con el espíritu de lo firmado. Bush aceptó la tesis panameña de que el asunto no es "caso cerrado" mostrando, así, una gran diferencia con opiniones anteriores muy firmes de varios funcionarios norteamericanos.
La visita del presidente Bush puede, también por las muestras de simpatía que tuvo hacia Panamá, resultar muy conveniente a nuestros intereses. Hay que aceptar, nos guste o no, que vivimos bajo la esfera de influencia norteamericana. Una cercanía con Washington la ven como una buena señal inversionistas foráneos que contribuirán con sus nuevas empresas, buscando el gran mercado norteamericano, a disminuir el desempleo que nos asfixia.
El panameño demostró con la venida del presidente Bush que no existe aversión, sino mucha simpatía hacia la potencia norteña. Sólo un pequeño grupo, cada vez más reducido, utilizando discursos trasnochados, con la retórica de 5 a 10 años atrás, protagonizaron aislados actos de violencia que no tuvieron otra trascendencia que causarle a ellos mismos perjuicios y la repulsa de la comunidad que cada vez se aleja más de ellos. Fue, por lo mismo, innecesario el exceso de las medidas de seguridad que se utilizaron durante esos días; ellas llegaron a causar perjuicios a muchos ciudadanos en sus diarios quehaceres. Fue también muy criticado el hecho de declarar un día feriado que demuestra que todavía tenemos mentes primitivas en un mundo que exige mayor trabajo y productividad para podernos adaptar a los avances tecnológicos que nos retan constantemente.
Uno se pregunta si es que habrá tantos políticos que no entienden, o si es que su celo por los votos pesa más que su mandato moral.