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La voluntad para el trabajo


Un punto de capital importancia para la buena marcha de una determinada empresa, lo es sin duda la voluntad para el trabajo de parte del trabajador. Se ha podido comprobar, precisamente, que un rendimiento insuficiente no depende siempre de una escasa formación profesional, sino de la poca disposición para el trabajo. Hoy ya no se puede obligar despóticamente al obrero a trabajar mediante amenazas y castigos, como en las épocas de esclavitud o de servidumbre. Hoy, tanto el rendimiento cuantitativo como cualitativo dependen, en gran parte, de la buena voluntad del trabajador.
Las estadísticas han probado, en efecto, que cuando hay descontento entre trabajadores, a consecuencia de choques con los jefes, no sólo baja la producción, sino que se producen, además, actos de agresión y daños en las instalaciones y en los instrumentos de trabajo. Es siempre el factor emocional, el descontento, lo que produce toda clase de trastorno en el mundo laboral, desde la falta de puntualidad y el ausentismo, hasta las huelgas con sus graves consecuencias económicas y sociales.
Todos estos hechos han inducido a los directores de empresas modernos a tomar en cuenta el factor humano en la actividad laboral y considerar el problema de las relaciones humanas como una parte integrante de la organización del trabajo, cualquiera que ésta sea. Es así como en estos últimos tiempos se ha procurado aplicar, cada vez más, ciertas reglas prácticas basadas en principios psicológicos en el trato con el personal, sea en forma individual, o bien en lo que respecta a los sindicatos que agrupan a los gremios para lograr la buena voluntad de los trabajadores. Pero hay más: las leyes sociales protegen tanto al empleado como al empleador. El patrón ha dejado de ser el señor todopoderoso. La distancia que separa a ambos miembros de la productividad -el capital y el trabajo- han disminuido significativamente. La masa obrera ha dejado de ser la "gleba ignara". Desde la Revolución Francesa hasta hoy, con los grandes movimientos sociales, los trabajadores han tomado conciencia de su valor como seres humanos. La multiplicación de las escuelas públicas, la acción de los periódicos que están en todas las manos, la radio y, por ultimó, la televisión y la computadora, han contribuido a su cultura espiritual. Por otra parte, los adelantos de la técnica los han obligado a mejorar su formación profesional para poder operar, así, las máquinas e instrumentos de trabajo cada vez más complicados y con esto aumentar sus exigencias como partícipes del progreso económico.
La parte patronal ha tenido que modificar su actitud con respecto a sus empleados, reconociendo, quizás a la fuerza, la justicia de sus exigencias. Es así como fue otorgado paulatinamente todas aquellas mejoras posibles del momento, para tener satisfecho al personal y seguir manteniendo alto el nivel de la productividad. Hay que reconocer, además, que todas estas mejoras, tanto materiales como morales, actúan cual verdaderos estímulos psicológicos sobre el ánimo de los trabajadores, puesto que son los más eficaces incentivos para la actividad de la masa laboral.
Los incentivos y las motivaciones son muestras que el factor afectivo o emocional desempeña un papel preponderante en la conducta humana. Así, para los trabajadores, los incentivos son estímulos objetivos que están en las cosas materiales, en los salarios, en la atmósfera laboral, en los instrumentos de trabajo y otras condiciones externas que hacen menos pesada la labor, porque provocan estados afectivos de signo positivo e influyen consiguientemente en el rendimiento. Las motivaciones, en cambio, tienen una raíz subjetiva porque yacen en el fondo de la naturaleza del sujeto mismo. Dependen de su constitución física y psíquica, sus aptitudes y capacidades, sus aspiraciones y anhelos, sus esperanzas y ambiciones, sus ideas y convicciones, así como de su actitud ante la vida y ante sus semejantes. Estos factores subjetivos influyen directo sobre las relaciones recíprocas entre los hombres y mujeres, ya sea entre los propios trabajadores, ya entre éstos y sus empleadores, y condicionan la armonía y paz, así como repercuten sobre el rendimiento del trabajo.
Este acompañado de una fuente, ahora no tiene agua que en un principio se abastecía con 296 galones, que representaba un costo al mes de B/.115.00.
Impresos sobre uno de los muros se observan diferentes pasajes históricos como la llegada de españoles, situación de los indígenas en la época de la conquista, el Canal de Panamá así como otras figuras que muestran lindas empolleradas y animales silvestres, sin faltar la imagen del máximo líder panameñista.
En la parte posterior se pueden observar algunas placas que narran la historia de este servidor de la nación panameña que fue tres veces presidente de la República.
Este monumento no se encuentra sólo, esta rodeado de una numerosa vegetación donde sobresalen las flores, también tiene algunas luminarias y en varios carteles se advierten mensajes que indican "prohibido pisar el césped".

101 años de Panamá América

 
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