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La voz de la mujer


En Panamá, como en el resto del mundo, ser mujer y trabajadora es llevar una doble carga que se vuelva cada vez más pesada si se consideran las crisis económicas y los desafíos asociados a la globalización que obstaculizan alcanzar progreso y mejores niveles de vida. La discriminación de la mujer ha significado privar de las oportunidades del desarrollo a la mitad de la humanidad.
Desde la década del 90, la visión del desarrollo básicamente centrada en el crecimiento económico, evolucionó positivamente con la introducción del concepto de Desarrollo Humano Sostenible elaborado para el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), por notables economistas como Mahub Ul Hag, promotor del concepto y Amartya Sen, Premio Nobel de Economía. Esta visión propone que el objetivo de las políticas de desarrollo se concentren en el fortalecimiento de las capacidades de las personas obteniendo esto a través de: lograr la igualdad de derechos y opciones; mantener las oportunidades de una generación a la siguiente; y, aumentar la participación de las personas en el disfrute de los beneficios del desarrollo.
Para medir el Desarrollo Humano se requiere construir indicadores especiales que además de utilizar los acostumbrados como el PIB, incluyan la distribución del éste, así como la consideración de asuntos culturales, políticos y sociales vinculados íntimamente con el Desarrollo Humano. Con ese propósito, el PNUD presenta en sus Informes sobre Desarrollo Humano distintos indicadores, entre otros: el Índice de Desarrollo Humano (IDH) que mide tres dimensiones: longevidad, acceso al conocimiento y nivel decente de vida; el Índice de Desarrollo relativo al Genero (IDG); y, el Índice de Potenciación de Genero (IPG).
El PNUD presentó por primera vez, el "Informe Nacional de Desarrollo Humano Panamá 2002, El compromiso con el Desarrollo Humano: un desafío Nacional", que además de presentar los indicadores arriba mencionados incluye para el caso de IDH, otras dimensiones como acceso al conocimiento -agregando la medición de años de escolaridad y nivel de formación de los docentes-; y, nivel decente de vida -calculado a través del PIB per cápita- que representan un ajuste metodológico para la medición del IDH en Panamá. El informe incluye, además, datos esclarecedores de la situación de la mujer panameña.
El IDG, que mide o evidencia las disparidades existentes entre hombres y mujeres en relación al Desarrollo Humano, señala que en Panamá están disminuyendo las brechas existentes entre los géneros; declara, además, que las mujeres están adquiriendo cada vez mayor educación, pues permanecen aún más tiempo que los varones en el sistema educativo. Igualmente, el IDG indica que las mujeres alcanzan una mayor longevidad, y revela una creciente inserción femenina en el mercado laboral. El informe también advierte sobre aspectos preocupantes. Este es el caso del nivel decente de vida, el cual presenta desigualdades con respecto a los hombres, particularmente por los menores niveles de ingreso que perciben las mujeres a pesar de sus crecientes niveles educativos. Así, el informe señala que: "existe informalidad, subempleo y, aunque alcancen el salario mínimo, reciben en promedio menores ingresos que los hombres".
Por otra parte, el IPG, que indica más bien las oportunidades de las mujeres más que sus capacidades, refleja los desequilibrios de genero en tres ámbitos: Participación política y poder de decisión -medidos a través del porcentaje de hombres y mujeres Legisladores-; Participación económica y poder para adoptar decisiones - medido por medio de dos indicadores: participación porcentual en la Asamblea, altos funcionarios y ejecutivos, y participación porcentual en puestos profesionales y técnicos; y, finalmente, poder sobre los recursos económicos, calculados en base a la estimación del ingreso procedente del trabajo de hombres y mujeres. En cuanto a este indicador, el informe de Panamá muestra que en términos generales se ha dado un significativo avance de 17.2% en la última década. Destaca una mayor y consistente participación de las mujeres en cargos profesionales y técnicos, con porcentajes casi iguales a los alcanzados por los hombres (49.2%), lo cual evidencia un mayor reconocimiento social de las capacidades femeninas. Aunque tristemente, al igual que en otros indicadores, esta situación positiva no existe de forma equitativa en todas las regiones de Panamá.
Para tener una perspectiva más cabal de la situación de la mujer panameña es preciso consultar los indicadores IDG e IPG, que presenta el Informe de Desarrollo Humano 2001 ( a nivel mundial). Este reporte indica que los primeros seis países que ofrecen una mejor condición para las mujeres son: Noruega, Australia, Canadá, Suecia, Bélgica y Estados Unidos. Panamá ocupa el lugar número 52 a nivel mundial, y viendo la lista completa, pero considerando únicamente los países latinoamericanos, Panamá se ubica luego de Argentina (puesto 34) , Uruguay (37) Chile (39), Costa Rica ( 42) y México ( 51).
Los dos indicadores presentados por el informe del PNUD a nivel nacional se suman a otros valiosos estudios que coadyuvan a analizar mejor el problema de desigualdad entre hombres y mujeres. También ayudan a entender que para lograr desarrollo humano debe incorporarse a la mujer. Sin igualdad de genero no se alcanza el desarrollo humano y sin desarrollo humano no hay crecimiento económico sostenible.
Son ya muchos los estudios que señalan que el instrumento más eficaz del impulso al desarrollo es el cambio cultural a través del mejoramiento integral de las condiciones de las mujeres. Aumentar las oportunidades para mejorar su capacitación intelectual y laboral es primordial para la reproducción y distribución social del desarrollo, puesto que son ellas las que asumen en la mayoría de las culturas -como es el caso de la panameña- la transmisión de valores y actitudes logrando modificar los patrones de conducta de una generación a otra.
(magelacabrera@hotmail.com)

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