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La voz de las mayorías


La presencia norteamericana en Panamá fue parte de nuestra historia y contribuyó en convertir a Panamá en la tasita de oro de Latinoamérica. Hoy en día, cada vez se siente más el impacto negativo de su partida. En todos los niveles de nuestra economía se siente la ausencia de esa inyección de dinero y es algo que lo comentan las personas en todos los niveles socioeconómicos. El impacto de su partida era predecible, pero, lastimosamente no hubo quién se pronunciara al respecto en el momento oportuno. Sólo se escuchaba a unos pocos políticos darse gusto con cantos de soberanía aburridos que no resolvían problema alguno y eliminaba un sinnúmero de beneficios para todos los estratos de la economía panameña. Lo más triste del caso es que esto era contrario al sentir de las mayorías, que clamaban sus deseos de mantener nuestra relación directa con los norteamericanos, ya que ellos no sólo enriquecían nuestra economía, sino que, también garantizaban un clima de seguridad en nuestro país.
Cuando se intentó negociar la permanencia de algunas bases en Panamá y posteriormente, el CMA la población apoyaba esta iniciativa, pero no nos manifestamos públicamente al respecto. Como siempre, los enérgicos grupos minoritarios se dieron gusto haciéndonos ver lo grandioso de esa emancipación. El Panamá organizado (partidos políticos, asociaciones, consejos, clubes cívicos, etc....), le dieron la espalda al tema como si fuera un tabú. Al final de cuentas, por razones políticas y de tácticas negociadoras sin eficacia, se canceló este proyecto quedándose el pueblo panameño sin sus anhelos. Ese era el momento oportuno de manifestarnos y hacer sentir nuestras exigencias, así como lo hacen hoy en día por todas las causas habidas y por haber, siendo ésta algo realmente transcendental en nuestra economía y seguridad. Sin embargo, esa mayoría silenciosa se quedó indiferente y aceptó lo que nos imponía el gobierno de turno acuerpado por las minorías agitadoras.
Ahora añoramos el aporte económico que su presencia producía, pero, también resulta que nos encontramos con el gran dilema de cómo garantizar la seguridad en nuestro país. Sumado a esto tenemos el problema del tráfico de drogas, para el cual no tenemos recursos para controlarlo y mucho menos combatirlo. Con la salida de los estadounidenses de Panamá, los vuelos irregulares a través del espacio aéreo panameño han aumentado, así que estos aviones de extrañas misiones lo sobrevuelan como si fueran mosquitos.
El tema general entre nosotros, los empresarios, es que hay que generar más riqueza a través de nuevas inversiones, locales y extranjeras. Es necesario que se entienda que la seguridad y las inversiones están ligadas entre sí. Por más que existan las oportunidades, si no hay seguridad, no hay inversiones. El tema del turismo pareciera ser nuestra gran oportunidad. Sin embargo, debemos estar convencidos de que el turismo y la seguridad del país están ligados, ya que, nadie está dispuesto a arriesgar su vida por ir de vacaciones a un país inseguro. Adicionalmente, queremos sentirnos seguros viviendo en nuestro país, sin temor a que nada ni nadie amenace la calidad de vida que actualmente disfrutamos.
Para encontrar una formula que garantice nuestra seguridad y combatir el narcotráfico, pareciera haber posibilidades de un esquema de seguridad combinada con los norteamericanos. Si el mundo se percata que ellos tienen su paraguas abierto sobre Panamá, estaremos entre los países más seguros del mundo. Frente a las amenazas que pudiéramos tener, particularmente cuando se vean los efectos de los mil y tantos millones de dólares que los norteamericanos le darán a Colombia para combatir la guerrilla y el narcotráfico, preferiría tener una solución antes que un problema. Ya se pueden imaginar para dónde van a venir los guerrilleros cuando se forme el tiroteo. Por otro lado, estoy seguro que si los norteamericanos estuviesen presentes en Panamá, a aquellos delincuentes colombianos nunca se les hubiese ocurrido la idea de secuestrar helicópteros en nuestro suelo, pues saben que no hubieran llegado muy lejos.
Entonces, es este el momento de darle el apoyo decidido a la Presidenta, los vicepresidentes y a los ministros Spadafora y Alemán para que sigan adelante, sin temor a esos grupos minoritarios. Ese apoyo se logra manifestándoselos en la forma para que ellos se sientan que no están solos en esa decisión tan crítica. Si la vez pasada fallamos por callar o ignorar la situación, este es el momento de actuar y hacer que se atiendan nuestras aspiraciones. Les ruego a nuestros gobernantes que no tengan temor alguno, pues tienen la oportunidad de lograr su más importante misión como funcionarios públicos: cumplir con el deseo de esas mayorías.

101 años de Panamá América

 
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