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Lanzar la primera piedra


Los discursos controversiales, en materia política, siempre son buenos y bienvenidos. Los problemas que se plantean en estos tipos de diferencias electorales o electoreras, surgen cuando se malogran, con intención dolosa y hasta perversa, la clase de personalidad de cada cual y se crean absurdos o clichés políticos con el claro y manifiesto fin de lograr restar prestancia en el escenario político a uno u otro candidato y, de esta manera, malograr las pretensiones políticas de quienes aspiran al solio presidencial.

Lo terrible de todo esto, aunque comprensible lo primero, pero no por ello justificante, es que sea, de entre los propios candidatos, entre quienes corren juntos en la contienda, que surjan o emanen las diatribas, las indisposiciones, las tachas y objeciones llegando al absurdo de minimizarse en todo contexto, a veces hasta cuestionada la propia virilidad.

Es así, como nuestro pueblo no soslaya lo que, personalmente, califico como las tres grandes diatribas que se atribuyen a los tres candidatos que surgen, por el momento, como aspirantes al solio presidencial. A una la tildan de "ñangarona o izquierdista", supuestamente aliada al chavismo venezolano; al otro lo han calificado de "bipolar", como hombre de doble personalidad y, en consecuencia, de doble ánimo, lo que traduce la idea de que no sabemos quién habla y, al tercero, lo han tachado como el "hombre que solo sabe de licor", y de más nada.

Todo esto produce en la psiquis popular una idea de reaccionismo e incomodidad dado que el escenario político pareciera estarnos presentando a tres grandes despistados y que, no obstante, aspiran a dirigir los destinos de nuestra nación y de todo un pueblo.

Sin embargo, la realidad y las experiencias pasadas denotan que no es a través de indisposiciones, de síndromes elaborados de malquerencias que se destruye la imagen de una persona o, en este caso, de los candidatos a ocupar la primera silla del país. Es en ellos mismos, cada uno, con sus actos, con sus ejemplos o testimonios de vida, a lo largo de sus trayectorias, en donde podemos encontrar si realmente se hallan o no en la posibilidad soberana de ofrecerse ante el país como la verdadera panacea que podrá paliar, atenuar, al menos, los rigores de los grandes problemas nacionales.

En consecuencia, no podemos, tampoco, en el análisis objetivo de la personalidad de cada cual, dejar de tener la suficiencia y entereza moral necesarias para analizar al hombre o a la mujer en cada contexto histórico conforme al momento que le tocó o correspondió vivir. Lance, en defecto de lo anterior, la primera piedra todo aquel que se encuentre libre de pecados.

101 años de Panamá América

 
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