Las 5 guerras de la globalización
El editor de la revista "Foreign Policy"(Política Internacional), Moisés Naim, asevera que la estrategia de los Estados modernos en materia de seguridad debiera considerar las 5 guerras de la globalización: el comercio ilegal de drogas, armas, propiedad intelectual, personas y dinero. Pero no sólo debe identificar cada una de las variantes del comercio ilegal sino que cada país debe elaborar respuestas estratégicas para conjurar las 5 plagas que desestabilizan a la sociedad contemporánea a escala global.
Los estadistas y autoridades gubernamentales sectoriales podrían plantearse un test para examinar sus fortalezas y debilidades ante la vigencia o asechanza de cada una de las 5 guerras. Sería procedente, por ejemplo, que en Panamá revisáramos las políticas sectoriales implementadas para establecer si estamos actuando con eficacia en la lucha interna contra el narcotráfico, el tráfico de armas, las violaciones de la propiedad intelectual, la inmigración ilegal de extranjeros y el lavado de dinero.
En el campo del narcotráfico se lucha todos los días para impedir la introducción y salida de estupefacientes por las fronteras marina, aérea y terrestre. Pero, aunque aumenta la captura y decomiso de alijos de drogas cada año, existe la seguridad que aún somos una coladera. Para bien o para mal, somos el territorio natural de salida de la mercancía ilícita de las bandas más grandes del mundo y, no obstante el apoyo prestado por la marina norteamericana, carecemos de los recursos indispensables para evitar que se burlen los puestos de vigilancia. Nos falta mucho todavía para decir que hemos ganado la batalla contra el narcotráfico internacional. El tráfico de armas, ya sea para abastecer a la guerrilla subversiva o a los paramilitares colombianos, procede del norte centroamericano y del Cono Sur. Desdichadamente exgobernantes sureños como Carlos R. Menem comprometieron a nuestro país como destino de armas de guerra, a sabiendas que en Panamá no hay fuerzas armadas, como una argucia para desviar armamento a un tercer país. En Argentina se abrió investigación sobre el tráfico de armas, pero poco o nada se hizo al respecto en Panamá. Por su parte, la lucha contra el uso indebido de propiedad intelectual está constreñida al campo de la informática (software), área en la que se han obtenido avances. Sin embargo, a los autores de libros se les imprimen sus libros en las universidades, sin pago de derechos de autor, con la complicidad y lucro de las autoridades universitarias. Otro tanto ocurre con las bandas fonográficas y de videos correspondientes a música, cine y similares. Poco hay que agregar sobre el flujo de inmigrantes chinos, paquistanos y en menor porcentaje, sudamericanos.
En el área del lavado de dinero sí se ha respondido con realismo, modificando la legislación bancaria ad hoc y suscribiendo convenios multilaterales, preservando el perfil de la soberanía nacional.
La lucha, empero, contra estas cinco plagas contemporáneas no puede cesar. Mantengámonos alertas, coordinando esfuerzos con otros Estados, que también sufren el mismo flagelo.
Los estadistas y autoridades gubernamentales sectoriales podrían plantearse un test para examinar sus fortalezas y debilidades ante la vigencia o asechanza de cada una de las 5 guerras. Sería procedente, por ejemplo, que en Panamá revisáramos las políticas sectoriales implementadas para establecer si estamos actuando con eficacia en la lucha interna contra el narcotráfico, el tráfico de armas, las violaciones de la propiedad intelectual, la inmigración ilegal de extranjeros y el lavado de dinero.
En el campo del narcotráfico se lucha todos los días para impedir la introducción y salida de estupefacientes por las fronteras marina, aérea y terrestre. Pero, aunque aumenta la captura y decomiso de alijos de drogas cada año, existe la seguridad que aún somos una coladera. Para bien o para mal, somos el territorio natural de salida de la mercancía ilícita de las bandas más grandes del mundo y, no obstante el apoyo prestado por la marina norteamericana, carecemos de los recursos indispensables para evitar que se burlen los puestos de vigilancia. Nos falta mucho todavía para decir que hemos ganado la batalla contra el narcotráfico internacional. El tráfico de armas, ya sea para abastecer a la guerrilla subversiva o a los paramilitares colombianos, procede del norte centroamericano y del Cono Sur. Desdichadamente exgobernantes sureños como Carlos R. Menem comprometieron a nuestro país como destino de armas de guerra, a sabiendas que en Panamá no hay fuerzas armadas, como una argucia para desviar armamento a un tercer país. En Argentina se abrió investigación sobre el tráfico de armas, pero poco o nada se hizo al respecto en Panamá. Por su parte, la lucha contra el uso indebido de propiedad intelectual está constreñida al campo de la informática (software), área en la que se han obtenido avances. Sin embargo, a los autores de libros se les imprimen sus libros en las universidades, sin pago de derechos de autor, con la complicidad y lucro de las autoridades universitarias. Otro tanto ocurre con las bandas fonográficas y de videos correspondientes a música, cine y similares. Poco hay que agregar sobre el flujo de inmigrantes chinos, paquistanos y en menor porcentaje, sudamericanos.
En el área del lavado de dinero sí se ha respondido con realismo, modificando la legislación bancaria ad hoc y suscribiendo convenios multilaterales, preservando el perfil de la soberanía nacional.
La lucha, empero, contra estas cinco plagas contemporáneas no puede cesar. Mantengámonos alertas, coordinando esfuerzos con otros Estados, que también sufren el mismo flagelo.