Las arenas de Farallón
Para promover inversiones se requiere esfuerzos, políticas definidas, promoción, facilidades para los inversionistas y apoyo del gobierno central y los locales. En el quinquenio anterior se tomaron medidas dirigidas a continuar incentivando el turismo como elemento básico para el desarrollo económico nacional. Ese parecía ser el rumbo el discurso de este gobierno, pero desde hace 21 meses, todos los signos son contrarios y por lo tanto, se ha estancado la inversión en turismo.
Las decisiones improvisadas, la falta de madurez política para definir qué es una política de Estado y el reparto de canonjía a grupos de empresarios afines al gobierno, ha comenzado a erosionar la confianza de los inversionistas en general y especialmente del Turismo. El ya mentado caso de Farallón demuestra que son los grupos privilegiados y las inconsistencias de políticas las que originan deterioro de la confianza en las inversiones en Panamá.
El problema de hoy no es que los inversionistas de Decameron dejen sin efecto su segunda etapa del proyecto en Farallón, sino el hecho que otros inversionistas están tomando distancia de invertir en turismo en Panamá, debido, como se sabe, a los cambios de rumbos, decisiones y de políticas en general.
El turismo parecía ser el sector con mayor futuro en los próximos años en Panamá, pero con algunas medidas descabelladas, los inversionistas se han asustado y retenido sus proyectos. Esto no sólo perjudica la oferta de turismo sino también la futura demanda y además deja sin efecto inversiones destinadas a generar empleos.
El caso de Farallón será el más comentado, pero tenemos casos más importante aún en la Autoridad Regional Interoceánica, donde simplemente los inversionistas han decidido dejar pasar el tiempo y esperar nuevos y mejores días con esa institución. Lo triste no es que se hayan estancado las inversiones, sino que estamos perdiendo oportunidades y disminuyendo las posibles fuentes de inversión.
Unido a este hecho de la erosión de la confianza de los inversionistas, es oportuno mencionar el tema de los estudios ambientales con la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM); los inversionistas todos dicen en una sola voz que existe una gran burocracia y que la institución en vez de ser un instrumento de apoyo se ha convertido en un elemento distorsionador y retrograda para la inversión. Sería interesante que el Director de la ANAM presentara la cantidad de solicitudes de aprobación de Estudios de Impacto Ambiental y el monto de la inversión paralizada, esto ayudaría a tomar decisiones.
Otro elemento importante en la industria del turismo lo constituye, sin duda, la seguridad y resulta que todos los indicadores demuestran que hay un grave deterioro y que los propios turistas comienzan a sentir esta inseguridad que viven los ciudadanos panameños.
El acontecimiento de las arenas de Farallón no es más que el resultado de la falta de visión, políticas y de criterios de los funcionarios públicos. Lo que nos toca ahora es una decisión firme, un esfuerzo colectivo del gobierno por redefinir rumbos y orientaciones hacia la inversión tanto nacional como extranjera. En cuanto al turismo, tenemos que comenzar a crear confianza, pasar de los actos irresponsables de mencionar un carnaval, suspenderlo y de pronto hacerlo. En la industria del turismo se requiere de planificación, definiciones y decisiones firmes, en consecuencia, nunca es tarde para volver a comenzar.
El caso de Farallón pasará a la historia como el resultado de la incoherencia y falta de madurez de los técnicos de dos instituciones responsables, en este caso el Instituto Panameño de Turismo y la ANAM y, sin lugar a duda, de la falta de decisión de la Señora Presidente.
Las decisiones improvisadas, la falta de madurez política para definir qué es una política de Estado y el reparto de canonjía a grupos de empresarios afines al gobierno, ha comenzado a erosionar la confianza de los inversionistas en general y especialmente del Turismo. El ya mentado caso de Farallón demuestra que son los grupos privilegiados y las inconsistencias de políticas las que originan deterioro de la confianza en las inversiones en Panamá.
El problema de hoy no es que los inversionistas de Decameron dejen sin efecto su segunda etapa del proyecto en Farallón, sino el hecho que otros inversionistas están tomando distancia de invertir en turismo en Panamá, debido, como se sabe, a los cambios de rumbos, decisiones y de políticas en general.
El turismo parecía ser el sector con mayor futuro en los próximos años en Panamá, pero con algunas medidas descabelladas, los inversionistas se han asustado y retenido sus proyectos. Esto no sólo perjudica la oferta de turismo sino también la futura demanda y además deja sin efecto inversiones destinadas a generar empleos.
El caso de Farallón será el más comentado, pero tenemos casos más importante aún en la Autoridad Regional Interoceánica, donde simplemente los inversionistas han decidido dejar pasar el tiempo y esperar nuevos y mejores días con esa institución. Lo triste no es que se hayan estancado las inversiones, sino que estamos perdiendo oportunidades y disminuyendo las posibles fuentes de inversión.
Unido a este hecho de la erosión de la confianza de los inversionistas, es oportuno mencionar el tema de los estudios ambientales con la Autoridad Nacional del Ambiente (ANAM); los inversionistas todos dicen en una sola voz que existe una gran burocracia y que la institución en vez de ser un instrumento de apoyo se ha convertido en un elemento distorsionador y retrograda para la inversión. Sería interesante que el Director de la ANAM presentara la cantidad de solicitudes de aprobación de Estudios de Impacto Ambiental y el monto de la inversión paralizada, esto ayudaría a tomar decisiones.
Otro elemento importante en la industria del turismo lo constituye, sin duda, la seguridad y resulta que todos los indicadores demuestran que hay un grave deterioro y que los propios turistas comienzan a sentir esta inseguridad que viven los ciudadanos panameños.
El acontecimiento de las arenas de Farallón no es más que el resultado de la falta de visión, políticas y de criterios de los funcionarios públicos. Lo que nos toca ahora es una decisión firme, un esfuerzo colectivo del gobierno por redefinir rumbos y orientaciones hacia la inversión tanto nacional como extranjera. En cuanto al turismo, tenemos que comenzar a crear confianza, pasar de los actos irresponsables de mencionar un carnaval, suspenderlo y de pronto hacerlo. En la industria del turismo se requiere de planificación, definiciones y decisiones firmes, en consecuencia, nunca es tarde para volver a comenzar.
El caso de Farallón pasará a la historia como el resultado de la incoherencia y falta de madurez de los técnicos de dos instituciones responsables, en este caso el Instituto Panameño de Turismo y la ANAM y, sin lugar a duda, de la falta de decisión de la Señora Presidente.