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Las cavernas de la civilización


La tierra era de ellos, los ríos y los lagos y el mar eran limpios y eran de ellos, las mujeres eran de ellos, las flores y las frutas eran de ellos y les sonreían, y tenían salud natural. El bosque era su farmacia. No había sanadores codiciosos, ni químicos que dan la salud y la muerte. No había plagas. Era la sociedad original.
12 de octubre. El sol cesó de brillar para la raza amerindia. Llegó la espada con el signo de la cruz en la empuñadura, y la idea del Dios cristiano fue implantada con barbarie, y después, hordas tras hordas fueron llegando, y fueron despojados del oro y la plata con voracidad, y de todo cuanto tenían, y fueron sometidos a trabajos tormentosos. De 70 millones quedaron un siglo y medio después 3.5 millones, dice Eduardo Galeano en la obra Las venas abiertas de la América Latina. El trato inhumano y las enfermedades importadas los diezmaron.
El poderío militar de los conquistadores, su codicia y su crueldad, explican la relativa facilidad con que fueron aniquiladas las civilizaciones nativas. El holocausto silencioso de la raza autóctona es el precio pagado por el progreso de la América llamada Latina. Eran sacados de sus aldeas y llevados al cerro Potosí para extraer la plata. Ocho millones de amerindios perecieron -dice Galeano- de hambre y de frío en las alturas del cerro.
La raza pura americana -ciento por ciento panameños y ciento por ciento americanos-, sigue siendo hoy la raza vejada, marginada, estigmatizada, mofada, por una nueva raza híbrida llamada latinoamericana. Son los descendientes de la raza amerindia mezclados con razas foráneas cazadoras de hombres y de riquezas los que consuman ahora la aniquilación de sus propias raíces ancestrales en todo el continente.
Los mansos bienaventurados que poseerían la tierra están confinados en territorios inhóspitos, en chozas de tambo y en bohíos de piso de tierra, con muchos hijos y muchos perros y abasteciéndose del agua de la quebrada. Mientras tanto, en los potreros acondicionados con agua limpia, comen la hierba jugosa las vacas del progreso. Dos hectáreas para cada una y con médico veterinario de cabecera.
Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán hartos. El Estado de derecho y la seguridad jurídica son para el amerindio el opio de la civilización.
Para los sobrevivientes de la sociedad original americana el tiempo se ha detenido. "Para las sociedades primitivas -dice Octavio Paz en Los Hijos del Limo- el arquetipo temporal, el modelo del presente y del futuro, es el pasado".
"¿Comuniyó" (¿cómo está?) pregunto a la india macilenta que en pos de su hombre adusto marcha con lento andar. "Ñatore may" (muy bien) contesta sin levantar los ojos. -tan sólo mira el polvo, remedo de su faz".
¨Ñatore"...y sus vestidos son sucios, harapientos; su hogar húmeda choza; su lecho un pajonal... "Ñatore"...y nunca supo de mimos ni de besos... descanso jamás tuvo su cuerpo de animal..!
"Y la llaman "hermana" los que siguen a Cristo y "camarada" dicen los que en vanguardia van, pero no comprende ni aquél ni el otro idioma, ella tan sólo sabe decir "Ñatore may". (Fragmentos, "Ñatore may", María Olimpia de Obaldía, la Alondra Chiricana).
Para la raza incauta, resignada y vencida, el tiempo y las fechas no significan nada.

101 años de Panamá América

 
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