Las cifras de la vergüenza
El pasado viernes el Ministerio Público dio a conocer que cien personas han fallecido en los últimos seis meses por envenenamiento con Dietilene Glycol, un tóxico suministrado por equivocación y negligencia en medicamentos de la Caja de Seguro Social a los pacientes de esa institución. Una entidad que más que ninguna otra debería velar por la salud pública de la población panameña.
Este incidente se ha convertido en un oscuro episodio de la vida nacional y que dista mucho de ser aclarado aún. Lo grave es que la infamia cometida contra víctimas inocentes debido a la indolente burocracia no tiene, hasta ahora, responsables de ningún tipo, a pesar de que las cifras siguen creciendo.
El fiscal Superior Especial, Dimas Guevara, dijo que con esta cifra Panamá "pasó del cuarto al tercer lugar entre los países" con más decesos relacionados al mortal compuesto químico. Pero las cifras aumentarán, puesto que de las 365 denuncias interpuestas, hasta la fecha se confirmaron cien, 62 fueron desechadas y 203 están siendo investigadas. Al final, el número de muertos podría quedar indeterminado; pero si en los próximos meses el número de envenenados aumenta, lo que sí es cierto es que nos convertiremos en el primer país con la mayor vergüenza del mundo porque se trata de un crimen sin castigo.
Con este caso, la justicia panameña se muestra débil y complaciente con la lentitud que caracteriza la actuación de los agentes del Estado que son a los únicos a quienes no les conviene la celeridad en la aclaración de estos hechos. Pero si la impunidad logra imponerse por encima de la justicia sería lamentable que el resto del país sea condenado a la vergüenza pública.
Este incidente se ha convertido en un oscuro episodio de la vida nacional y que dista mucho de ser aclarado aún. Lo grave es que la infamia cometida contra víctimas inocentes debido a la indolente burocracia no tiene, hasta ahora, responsables de ningún tipo, a pesar de que las cifras siguen creciendo.
El fiscal Superior Especial, Dimas Guevara, dijo que con esta cifra Panamá "pasó del cuarto al tercer lugar entre los países" con más decesos relacionados al mortal compuesto químico. Pero las cifras aumentarán, puesto que de las 365 denuncias interpuestas, hasta la fecha se confirmaron cien, 62 fueron desechadas y 203 están siendo investigadas. Al final, el número de muertos podría quedar indeterminado; pero si en los próximos meses el número de envenenados aumenta, lo que sí es cierto es que nos convertiremos en el primer país con la mayor vergüenza del mundo porque se trata de un crimen sin castigo.
Con este caso, la justicia panameña se muestra débil y complaciente con la lentitud que caracteriza la actuación de los agentes del Estado que son a los únicos a quienes no les conviene la celeridad en la aclaración de estos hechos. Pero si la impunidad logra imponerse por encima de la justicia sería lamentable que el resto del país sea condenado a la vergüenza pública.