Las consecuencias de la imprevisión
Ahora bien, si analizamos a fondo esta situación, podemos ver claramente que la raíz del problema es la falta de sistemas paralelos o "stand-by" de producción y de distribución de agua y de energía eléctrica, porque el gran desarrollo que se dio en los años de la dictadura nunca tomó en cuenta que las cosas se dañan y los accidentes se producen.
Si en Roma o en París o en Londres se fuera el agua o hubiera un corte general de electricidad como ocurre aquí a cada rato, al día siguiente se volcarían las masas y altos funcionarios perderían sus cargos o renunciarían, pero aquí no pasa nada.
Es cierto que las privatizaciones son una solución, pero en el caso nuestro, el desmembramiento del IRHE y la venta del INTEL todavía aguardan señales claras de sustancial mejoría, y privatizar el IDAAN no ayudaría si al mismo tiempo no se establecen programas de desarrollo coherentes para la producción y distribución del agua y para la recolección y tratamiento de aguas servidas, y si no se toman en cuenta las exigencias del crecimiento urbano y del aumento del consumo.
Toda buena privatización requiere de que el Estado se asegure que las empresas concesionarias emprendan grandes obras de producción auxiliar y de distribución paralela. Otra fórmula sería abrir las puertas a empresas nuevas que brinden servicios semejantes en competencia. Lo que digan los contratos, en el caso de los servicios públicos, está sujeto al concepto del interés social, y este concepto otorga al Estado amplios poderes para hacer que el país funcione y que no se quede sin agua y sin luz con intolerable frecuencia.
Si en Roma o en París o en Londres se fuera el agua o hubiera un corte general de electricidad como ocurre aquí a cada rato, al día siguiente se volcarían las masas y altos funcionarios perderían sus cargos o renunciarían, pero aquí no pasa nada.
Es cierto que las privatizaciones son una solución, pero en el caso nuestro, el desmembramiento del IRHE y la venta del INTEL todavía aguardan señales claras de sustancial mejoría, y privatizar el IDAAN no ayudaría si al mismo tiempo no se establecen programas de desarrollo coherentes para la producción y distribución del agua y para la recolección y tratamiento de aguas servidas, y si no se toman en cuenta las exigencias del crecimiento urbano y del aumento del consumo.
Toda buena privatización requiere de que el Estado se asegure que las empresas concesionarias emprendan grandes obras de producción auxiliar y de distribución paralela. Otra fórmula sería abrir las puertas a empresas nuevas que brinden servicios semejantes en competencia. Lo que digan los contratos, en el caso de los servicios públicos, está sujeto al concepto del interés social, y este concepto otorga al Estado amplios poderes para hacer que el país funcione y que no se quede sin agua y sin luz con intolerable frecuencia.