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Las contradicciones de Carlos Castaño


El flamante comandante de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) - pomposo nombre eufemístico de los paramilitares del vecino país -, Carlos Castaño, declaró en carta enviada a la embajada de Estados Unidos en su país, que se sometería a la justicia norteamericana para enfrentar los cargos de narcotráfico que se le imputan. Dijo en especial que es un "enemigo natural" de los negociantes de drogas, aliados comprobados de la guerrilla. Añadió que renunciaría a la comandancia de su organización y se entregaría tan pronto arreglara "asuntos familiares".
No hubo pasado una semana cuando retornó por sus pasos, condicionando su entrega a que se le excluyera del cargo de "terrorista". El sabe de sobra que eso es imposible por razones de coherencia. Estados Unidos está inmerso en una guerra contra el terrorismo internacional y, en ese respecto, las AUC han acumulado "mérito" de sobra. Panamá ha sido víctima de varias incursiones armadas de esa organización con saldo de muertos y heridos, a más de la destrucción de viviendas y el desplazamiento de gente humilde. Hoy alojamos en nuestro territorio varios centenares sino algunos miles de refugiados colombianos y otros que son panameños que se han visto empujados a abandonar sus hogares.
En Colombia, Castaño y su organización están acusados de miles de asesinatos, heridos y secuestros. La mayoría de las veces tienen a los campesinos como víctimas predilectas bajo el cargo de colaborar con las guerrillas. Los pobres, atrapados entre tres bandos envueltos en una sucia guerra - ejército, guerrilla y paramilitares - no hacen sino aportar sus cuerpos como blanco de metralla. Es un crimen atroz.
En una de sus últimas declaraciones, referentes a Panamá, Castaño se jactó de haber gestado y ejecutado exitosamente el reciente embarque de un inmenso arsenal de fusiles, cohetes y municiones, procedentes de Nicaragua, el cual fingió sería destinado a la policía de Panamá. ¿Contó con colaboradores de aquí y allá? Seguramente que sí, pero todo permanece tras espesa penumbra, pese a los golpes de pecho de las autoridades de ambos países.
Curiosamente, se ha dicho que semejante operación nunca había sido posible sin el conocimiento de la Agencia Central de Inteligencia (CIA), por no hablar de su colaboración. Desde hace tiempo se acusa a las AUC de hacer el "trabajo sucio" al ejército colombiano. Obviamente, uno se pregunta si estos arranques de Castaño y el gobierno norteamericano no son más que una cortina de humo para desviar la atención de los hilos invisibles que unen entre sí los intereses de las diversas fuerzas que hoy se enfrentan a muerte con la guerrilla de Colombia, en reprochable contubernio de asesinos, narcotraficantes, espías y soldados.
Definitivamente fueron muchas las vivencias que tuvo mi padre con mi abuelo; lamentablemente después de la muerte de este Gran Caudillo, sólo le tocó recordarlo como solía hacerlo con nosotros, porque pareciese que la figura de mí papá se tornó en algo mítico, pasó a ser mero observador de las actividades del natalicio de su padre.
Como bien lo dijera el Reverendo Ardila: A Gerardo nunca le gustó el protagonismo; pero es que era un poseedor de grandes virtudes transmitidas a los que estabamos a su alrededor, paz, amor, respeto, conocimiento, amante de la justicia. En ocasiones decía: Los importantes son como ciegos que viven en la oscuridad. Los sabios son los estudiosos que saben equiparar y que, por lo tanto, ven las diferencias.
Gerardo fue inmensamente rico en bienes espirituales; mas no materiales, por el despojo de que fue objeto. Sólo el Todopoderoso sabe porqué deja esta vida justo el día en que su padre cumplía años y del por qué de la lectura que hiciese minutos antes de entregar su alma al Creador, leía el Salmo 49, sobre la inconsciencia del rico.
Gerardo adoró y admiró a sus padres, y el gran legado que recibió de éstos fue su vasta cultura y el gran amor que le profesaron. Todas las circunstancias de su vida se fueron anidando en su subconsciente y jamás dejaron de perturbarlo.
Hoy nos queda recordarlos a ambos y recordar las palabras que siempre me repetía: "Aida, mi padre posee ese codiciado carisma que atrae, mueve y subyuga, don casi sagrado que no se aprende y que Dios concede a pocos mortales".
Adiós padre querido, poseedor de dos dones divinos: sabiduría y equilibrio.

101 años de Panamá América

 
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