Las críticas destructivas perjudican
Hace un tiempo escribí sobre este tema, y quiero regresar al mismo porque los panameños tenemos que pensar un poco antes de hablar, sobre todo en los medios de comunicación al público. No es posible que siempre estemos criticando destructivamente todo lo que sucede en el país, y lo peor es que no nos damos cuenta del daño que hacemos al hablar sin pensar. Si los gobiernos hacen sus obras dicen que no debieran haberlas hecho; si no las hacen, entonces dicen que eran necesarias, así que no sé dónde vamos a parar. Y lo peor es que lo rodean de unos razonamientos que no tienen ni pie ni cabeza porque no analizan con inteligencia lo que declaran, sino que se entretienen en destruir lo que hacen los demás. Esto no va solo contra el gobierno, también va con la oposición; no importa quién haga o deje de hacer, hay que criticar.
Hace unos días escuché a un economista hablar contra el metro que acaba de construirse en Panamá. No dijo nada positivo sobre la obra, todo fue que si debíamos pensar si era necesario o no; pero no dijo nada sobre la maravilla de obra que es y los beneficios que puede traer al país. Y lo peor es que ciertos medios de comunicación se prestan para esas declaraciones en contra del desarrollo del país. En días pasados, veía el canal de televisión TVN, en la mañana y luego de la tercera persona entrevistada que despedía amargura y rencores, decidí cambiar porque me cansé de lo negativo. Tenemos que ser positivos en la vida porque el negativismo no trae más que eso: amargura y rencor, y estos dos sentimientos son de lo peor que puede guardar una persona en su interior. Nada ganamos con insultos y acusaciones permanentes, cuando es más interesante escuchar lo bueno que rodea las circunstancias de la vida.
Días atrás un amigo me decía de su tragedia porque se cayó; le pregunté si había tenido fractura de algún hueso del cuerpo y me dijo que no, que solo se había golpeado algo la mano. Entonces, le dije, eso no es tragedia; míralo desde el punto de vista de que no te sucedió nada malo y solo fue el susto; búscale el lado bueno a los acontecimientos y no lo pongas como una tragedia.
Antes de la dictadura militar los panameños éramos alegres, creíamos en el ángel de la guarda que nos protegía. A partir de aquella época, nos hemos amargado y vivimos tristes y con la tragedia de la ópera italiana en la cara. Me pregunto si algún día volveremos a ser —si no los mismos, por lo menos parecidos— nuevamente alegres, dicharacheros, dispuestos a contar algo agradable, no hablar permanentemente de enfermedades y de medicinas acompañadas de tragedias que, al final, resultan desagradable para quien tiene que escucharlo. Bastante tenemos cada uno con nuestros problemas para tener que escuchar los ajenos, sobre todo si te los cuentan, no para que se los soluciones, sino para que los escuches y si quien lo hace trata de darle una sugerencia para solucionarlo, ni siquiera quieren oírla. Mira que regresó el hijo de fulana que estudiaba fuera, vino graduado, pero quiere casarse con una novia que dejó allá, en vez de hacerlo con una panameña. ¡Qué les importa eso si no es tu problema! Pero es cuestión de criticar y buscar lo que consideran lo peor.
¿Hasta cuándo vamos a ser así los panameños si tenemos tantas cosas lindas que no tienen en otros países mucho más pobres que nosotros y con menos oportunidades? Si seguimos así, un día papa Dios se va a cansar y nos va a mandar un castigo del cual no vamos a salir así no más.
No juguemos con fuego, aprovechemos lo positivo y creemos lo que puede llevarnos a alcanzar un bienestar propio sin tantas críticas por todo lo que hacen los demás que creo que es envidia y desesperación por no haberlo hecho ellos por desidia o por ignorar cómo hacerlo. Eso es todo y por eso criticamos lo que hacen los demás.
Quiero finalizar haciendo un llamado a esos negativos y amargados para que cambien su manera de hablar y sean felices algún día.