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Las dictaduras y los medios


OPINAR ES MÁS que un derecho, es una obligación ciudadana que se debe ejercer con o sin libertad. Antes que el amor o la espada, fue la palabra la que nos hizo libres. Nuestra independencia y la de toda América se realizó a fuerza de libelos, proclamas, folletines, periódicos y libros prohibidos. Aquí se estudió a Voltaire, Diderot y D´Alambert antes que en España. La universidad jesuita de Chuquisaca (Bolivia) fue nuestra Sorbona. Hoy, gracias a aquellos mártires olvidados, emitimos ideas y opiniones con cierta libertad. Pero no siempre fue así.
Aquella espada que se sirvió de la palabra, se dio vuelta en su contra en incontables ocasiones. Numerosas tiranías civiles y militares las conculcaron con violencia y sorna cuantas veces quisieron. Sin embargo, la democracia parece no tener memoria ni ánimo de venganza, pues quienes cerraron periódicos hoy escriben en ellos sin sonrojo ni culpa. Pero el mal de la libertad de expresión no viene sólo de afuera. Está en los medios. Desde que el caso Watergate los coronara como el Cuarto Poder, las empresas de comunicación social han cruzado muchas veces la vaga línea que divide la libertad de expresión de la información manipulada o tendenciosa.
Grandes cadenas internacionales de prensa, radio y televisión integran hoy un vasto imperio informativo. El señor Rupert Murdoch es dueño de más de treinta televisoras y otros tantos periódicos en distintas partes del mundo. 20th Century Fox, Fox TV, Directv, Herpes Collins Publishers, National Geographic y el New York Post son algunas de sus propiedades, tomadas al azar de una larga lista del llamado "giant mammoth of the media" la compañía The News Corporation, que ahora está en busca del conservador Wall Street Journal.
Fox News y su competencia de Times Warner, CNN, son dos ejemplos donde se ejerce la información tendenciosa. Si el gobierno republicano necesita imponer su política bélico-religiosa, ventrílocuos esforzados se encargan de desinformar a la población en programas donde al invitado no se le deja hablar espontáneamente (para ello utilizan el corte comercial o se le pregunta con la técnica socrática de la mayéutica, para hacerle decir lo que el entrevistador desea). Y esto ocurre en el país donde la defensa de las libertades ha sido la supuesta razón de su existencia política.
En la sección económica de CNN en español la manipulación es mucho más evidente, porque los latinos somos más burdos y francos. Allí se hace propaganda y se favorecen las noticias de los gobiernos afines así como se denigra y tergiversa la de quienes no lo son. Cuando los pillos que gobernaron la América nuestra en la década del 90 privatizaron hasta los aretes de la abuela, todo estaba bien. Pero cuando los pobres que dejó olvidados la teoría del derrame se cansaron, como los seguidores de López Obrador, allí es cuando estos medios demostraron su cinismo tendencioso. Nunca reclamaron el legítimo derecho del pueblo mexicano a contar correctamente todos los votos emitidos y ni qué decir de solicitar una investigación internacional del escrutinio. Así, el mundo, su mundo, sigue andando.
Cerrar con cualquier subterfugio leguleyo un medio de comunicación en una democracia, sea bolivariana y socialista o liberal y elitista, está mal. Los medios se cierran por otros medios: con la verdad y la justicia o por el convencimiento público que desde allí se está abusando de la libertad de expresión para beneficio de minorías poderosas acostumbradas a vivir de la corrupción a la que primero fomentan y luego critican.
Los medios tienen una misión social fundamental en el proceso de consolidación y legitimación democrática. El Estado tiene la obligación constitucional de protegerlos. El pueblo tiene el derecho a defenderla a como de lugar. Pero también tienen, pueblo, gobierno y medios, la obligación moral de ejercer esa libertad con responsabilidad y ética y sus publicaciones deben ser sometidas al escrutinio público y a rendir cuentas de los conflictos de interés que haya entre las corporaciones o personas a las que pertenecen y a los partidos políticos que apoyan, sostienen o publicitan. Tenemos aquí un ejemplo diáfano en lo ocurrido con la decana del periodismo panameño: La Estrella de Panamá que hoy busca reverdecer sus antiguos laureles. Otro periódicos en cambio, fueron cerrados y sus dueños y empleados vejados en su función primordial de informar la verdad. Veinte años después, mientras algunos todavía sostienen sus banderas a otros los vemos claudicar hasta en sus principios fundamentales. Cuando el negocio o la necesidad de repartir beneficios supera a su misión periodística, no queda otro camino que la declinación y el sentimiento público de otra frustración más, de las tantas que el oportunismo político le regala, cada cierto tiempo, a la ciudadanía.
Que los medios son el cuarto poder, no hay duda alguna; pero hay que saber a qué poder responden, porque con el abuso y la mentira, sea de izquierda o de derecha, se termina siempre mal. Los hermanos venezolanos tienen toda la capacidad espiritual y material para hacerle frente al problema y salir de él. Pero no creo que sea solución alguna pedir ayuda al Tío Sam ni a ningún otro país, porque si lo que se busca es la solución de Panamá, la lección de Irak puede repetirse en cualquier momento y lugar.
(drjcal@psi.net.pa)

101 años de Panamá América

 
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