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Las donaciones de Taiwan


Se retractó, pues, el diputado taiwanés que había denunciado que el gobierno de su país había regalado un millón de dólares a la presidenta Mireya Moscoso, por motivo de su cumpleaños. Tan pronto salió la información, antes de su desmentida, los medios de comunicación pulsaron la opinión de la gente común.
La inmensa mayoría respondió correctamente, que de haberse aceptado el estrambótico presente, habría sido una inmoralidad; mientras que un número exiguo de entrevistados no hallaron nada malo. Para nosotros, habría sido además un acto de corrupción, con todos sus efectos penales. Si hubiera sido una simple ciudadana, quizás no. Pero siendo la Presidenta de la República, no nos queda duda de su naturaleza delictiva.
Bien, no fue cierto y no hablaremos más del asunto, como no lo hicimos desde que estalló hasta su desmentido. Sencillamente, no lo creímos. Nos pareció demasiado descarado, por más que al asumir el poder su oposición nos había advertido que los arnulfistas eran corruptos artesanales, esto es, poco sofisticados; que dejaban sus huellas y rastros fáciles de seguir, regados por todos lados. Para eso, el nuevo gobierno de Torrijos acaba de nombrar al ex fiscal Cristóbal Arboleda a la cabeza de un Consejo contra la Corrupción, para que se dé gusto. Los hechos mostrarán si sirve o no, porque, por lo que sabemos, los pruebas están allí, a la vista, a flor de tierra; en mayor cantidad que la que podemos digerir y revelar. Las hemos visto. Lo sabíamos respecto a los fideicomisos, sin que nadie nos prestara entonces atención. Se perdieron, por eso, B/.190 millones y más. El Ministerio Público estaba listo para caernos encima, no a los corruptos. El gobierno tiene los nombres. Si nada hace es porque no quiere.
Pese a todo, es difícil que la señora Moscoso y persona alguna de su administración haya recibido suma alguna con el descaro que pretendió el diputado taiwanés. Pero la Fundación Mar del Sur nos da una idea de otros mecanismos, un tanto más complejos para hacerlo, con alguna apariencia de legalidad. Y habida consideración de los antecedentes que tiene la pequeña pero rica nación asiática en otros países, incluyendo a Centroamérica, bien se amerita una investigación de todas sus donaciones directas e indirectas, con o sin fachada privada, para determinar su cuantía y buen uso. Sigamos, al respecto, el ejemplo de la oposición nicaragüense que está exigiendo lo mismo al presidente Bolaños. Cuando se haga, quedaremos espantados.
Aparentemente se ha intentado ocultar a la opinión pública el que varios países del Istmo centroamericano están terminando o tienen ya en funcionamiento, los llamados "Canales Secos", supercarreteras o ferrocarriles costa-costa, que están funcionando bastante bien y que le quita clientes al Canal. Sin hablar de la altísima posibilidad, que en menos de 20 años, se abra el famoso "Paso del Norte", por la Costa Polar de Canadá, debido a que el hielo se derrite rápidamente por el calentamiento global. Los barcos podrían ir de Costa a Costa de EU ahorrándose casi tres mil km. Este paso le costaría al Canal más de la mitad de sus clientes y, salvo que ocurra un milagro, será inevitable.
Haciéndome solidario con el Dr. Jorge Illueca, que en un reciente artículo periodístico fustigó a la ACP y al Dr. Vásquez por andar divagando en senderos alejados de la realidad nacional, diría: "Los panameños deben tener presente que el Canal de Panamá no es propiedad de la ACP, sino, como bien la Constitución dice, es...patrimonio inalienable de la Nación panameña". Y eso es todo y suficiente.

101 años de Panamá América

 
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