Las dos brechas
SEGÚN un informe reciente sobre nutrición en el país la cuarta parte de la población total no tiene acceso a una cantidad suficiente de alimentos nutritivos que le permita tener un crecimiento y desarrollo normal, y a la vez le asegure una vida activa y sana. Es decir aproximadamente 700 mil personas -entre ellas 150 mil indígenas- están en la esfera de la inseguridad alimentaria.
La población rural e indígena es la más afectada por esta situación, pues cerca de los dos tercios de los residentes en áreas de economía rural viven por debajo de la línea de la pobreza, recordando que en las áreas indígenas la pobreza asciende hasta el 95%.
La agricultura abarca solo el 7% del PIB y de 22% del empleo total del país. 53% de los pobres extremos dependen en un mayor nivel de la agricultura. Los pobres rurales usan la mayor parte del ingreso agrícola para su subsistencia, y siendo las dos terceras partes de la población rural, solo poseen una tercera parte de la tierra agrícola. La pobreza es mayor entre los minifundistas (2-15 hectáreas de tierra), que no poseen título de propiedad que es el caso del 93% de los hogares pobres. El valor promedio de las tierras de los pobres es menos alto, que el valor promedio de la tierra de los no pobres.
El promedio de años escolares aprobados es de apenas 3.5 entre los indígenas y 4.8 años entre los pobres no indígenas del país. La situación de la educación en las comunidades indígenas es la más desfavorable de todo el país. Según el estudio de percepciones colectivas de la comunidad del MEF, la escuela primaria existe en el 74% de ellas. Sin embargo las que no tienen escuela, sus niños están excluidos del sistema escolar especialmente las indígenas. Para el 53% de las comunidades, la calidad de la infraestructura física de la escuela es considerada entre regular y mala.
En la percepción de los pobladores no es satisfactoria la asistencia a la escuela de los niños en edad escolar, ya que solamente en el 56% de comunidades todos los niños asisten. Las causas que explican este comportamiento están relacionadas con la falta de interés de los padres; la situación económica del hogar, que incluye el trabajo infantil; los problemas relacionados con la escuela, como la falta de cupos y la distancia; los problemas familiares; y las diferencias culturales y étnicas.
El analfabetismo es del 45.9% en la comarca Ngöbe Buglé (2000); 38.5% en la Kuna Yala y 34.5% en la Emberá Wounaan, comparado con el 2.8% de Panamá y 3.7% de Colón.El acceso a educación secundaria es bastante bajo. Solamente el 26% de las comunidades tiene colegio o escuela de secundaria, y son básicamente las comunidades urbanas las más beneficiadas con estos establecimientos educativos. Pocas comunidades rurales e indígenas cuentan con colegios de secundaría y en las de difícil acceso no existen. El porcentaje de docentes con educación superior es de apenas 27.7% en la comarca Emberá y 21.8% en la Ngöbe Buglé en los años 2000, comparado son el 75.6% de la provincia de Panamá, 70% de Los Santos y 48.8% de promedio rural.
Es angustioso el problema de acceso de la educación en las áreas de pobreza crítica que expresa la profunda desigualdad, de un país donde para uno hay diez niños en un cuarto y en donde para otros existen diez cuartos para un niño.
Vivimos intensamente un sistema socioeconómico excluyente y concentrador de riquezas, y político administrativo centralista. Sistema que se reproduce contínuamente ampliando la brecha entre ricos y pobres. Si los beneficios del transitismo y la economía canalera no han llegado a ellos, la pregunta es cómo los alcanzará la multimillonaria ampliación que hoy se propone.
¿Hacia dónde va y hacia dónde quiere ir el país? ¿La dirección es correcta? Estamos transformando la maquinaria inequitativa y excluyente, por propuestas de desarrollo y democracia que tenga a la gente como protagonista y objetivo nacional de cambio?
Al sistema educativo le urgen cambios profundos y faltan propuestas educativas renovadoras que fortalezcan la capacidad de la gente de intervenir en la gestión de su propia vida.
Por ello debe desencadenarse un proceso de búsqueda de alternativas a la crisis de un sistema educativo, que debe tener capacidad para responder con la calidad y evolución necesaria a sus actuales y futuros educandos, y que carece de capacidad inclusiva para lograr sumar a segmentos de la población que quedan al margen de la instrucción, o que reciben una educación de baja calidad.
Por ello, una propuesta de desarrollo integral debe contemplar el mejoramiento integral de las condiciones económicas y sociales de la población, en especial que vive las áreas criticas. Impulsar la descentralización político administrativa del Estado panameño hacia los municipios en el marco de una estrategia contra la pobreza, transfiriéndose gradualmente competencias y recursos a las comunidades para lograr su participación en la gestión pedagógica y administrativa de los centros educativos, entre otras muchas y variadas medidas.
La brecha canalera debe tener correspondencia con la brecha entre riqueza y pobreza que azota al país. No pueden seguir desconectadas. La primera sumergida en el transitismo centralista, y la segunda en la aberrante desigualdad socio económica. La primera debe estar inmersa en una propuesta innovadora de cambio y desarrollo, que contribuya activamente en cerrar la segunda brecha. Así sea.
(raulleisr@hotmail.com)
La población rural e indígena es la más afectada por esta situación, pues cerca de los dos tercios de los residentes en áreas de economía rural viven por debajo de la línea de la pobreza, recordando que en las áreas indígenas la pobreza asciende hasta el 95%.
La agricultura abarca solo el 7% del PIB y de 22% del empleo total del país. 53% de los pobres extremos dependen en un mayor nivel de la agricultura. Los pobres rurales usan la mayor parte del ingreso agrícola para su subsistencia, y siendo las dos terceras partes de la población rural, solo poseen una tercera parte de la tierra agrícola. La pobreza es mayor entre los minifundistas (2-15 hectáreas de tierra), que no poseen título de propiedad que es el caso del 93% de los hogares pobres. El valor promedio de las tierras de los pobres es menos alto, que el valor promedio de la tierra de los no pobres.
El promedio de años escolares aprobados es de apenas 3.5 entre los indígenas y 4.8 años entre los pobres no indígenas del país. La situación de la educación en las comunidades indígenas es la más desfavorable de todo el país. Según el estudio de percepciones colectivas de la comunidad del MEF, la escuela primaria existe en el 74% de ellas. Sin embargo las que no tienen escuela, sus niños están excluidos del sistema escolar especialmente las indígenas. Para el 53% de las comunidades, la calidad de la infraestructura física de la escuela es considerada entre regular y mala.
En la percepción de los pobladores no es satisfactoria la asistencia a la escuela de los niños en edad escolar, ya que solamente en el 56% de comunidades todos los niños asisten. Las causas que explican este comportamiento están relacionadas con la falta de interés de los padres; la situación económica del hogar, que incluye el trabajo infantil; los problemas relacionados con la escuela, como la falta de cupos y la distancia; los problemas familiares; y las diferencias culturales y étnicas.
El analfabetismo es del 45.9% en la comarca Ngöbe Buglé (2000); 38.5% en la Kuna Yala y 34.5% en la Emberá Wounaan, comparado con el 2.8% de Panamá y 3.7% de Colón.El acceso a educación secundaria es bastante bajo. Solamente el 26% de las comunidades tiene colegio o escuela de secundaria, y son básicamente las comunidades urbanas las más beneficiadas con estos establecimientos educativos. Pocas comunidades rurales e indígenas cuentan con colegios de secundaría y en las de difícil acceso no existen. El porcentaje de docentes con educación superior es de apenas 27.7% en la comarca Emberá y 21.8% en la Ngöbe Buglé en los años 2000, comparado son el 75.6% de la provincia de Panamá, 70% de Los Santos y 48.8% de promedio rural.
Es angustioso el problema de acceso de la educación en las áreas de pobreza crítica que expresa la profunda desigualdad, de un país donde para uno hay diez niños en un cuarto y en donde para otros existen diez cuartos para un niño.
Vivimos intensamente un sistema socioeconómico excluyente y concentrador de riquezas, y político administrativo centralista. Sistema que se reproduce contínuamente ampliando la brecha entre ricos y pobres. Si los beneficios del transitismo y la economía canalera no han llegado a ellos, la pregunta es cómo los alcanzará la multimillonaria ampliación que hoy se propone.
¿Hacia dónde va y hacia dónde quiere ir el país? ¿La dirección es correcta? Estamos transformando la maquinaria inequitativa y excluyente, por propuestas de desarrollo y democracia que tenga a la gente como protagonista y objetivo nacional de cambio?
Al sistema educativo le urgen cambios profundos y faltan propuestas educativas renovadoras que fortalezcan la capacidad de la gente de intervenir en la gestión de su propia vida.
Por ello debe desencadenarse un proceso de búsqueda de alternativas a la crisis de un sistema educativo, que debe tener capacidad para responder con la calidad y evolución necesaria a sus actuales y futuros educandos, y que carece de capacidad inclusiva para lograr sumar a segmentos de la población que quedan al margen de la instrucción, o que reciben una educación de baja calidad.
Por ello, una propuesta de desarrollo integral debe contemplar el mejoramiento integral de las condiciones económicas y sociales de la población, en especial que vive las áreas criticas. Impulsar la descentralización político administrativa del Estado panameño hacia los municipios en el marco de una estrategia contra la pobreza, transfiriéndose gradualmente competencias y recursos a las comunidades para lograr su participación en la gestión pedagógica y administrativa de los centros educativos, entre otras muchas y variadas medidas.
La brecha canalera debe tener correspondencia con la brecha entre riqueza y pobreza que azota al país. No pueden seguir desconectadas. La primera sumergida en el transitismo centralista, y la segunda en la aberrante desigualdad socio económica. La primera debe estar inmersa en una propuesta innovadora de cambio y desarrollo, que contribuya activamente en cerrar la segunda brecha. Así sea.
(raulleisr@hotmail.com)