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Las elecciones de Costa Rica y el fenómeno Abel Pacheco


Ningún pueblo es tan cercano a nosotros como el costarricense. Dicho país es nuestro país hermano por excelencia. La Guerra de Coto, que peleamos en 1921 por problemas de límites fronterizos, se superó hace muchas décadas y no quedan ya secuelas que empañen la íntima amistad tico-panameña. Ningún Presidente de otro país nos visita tan frecuentemente ni tan familiarmente como el de Costa Rica. Se comprende, por lo tanto, que sigamos de cerca y con sumo interés sus elecciones presidenciales. Las que acaban de concluir nos han interesado especialmente, en la medida en que el candidato ganador es por su abuelo materno descendiente de panameños y se siente estrechamente ligado por parentesco a Panamá.
Este hecho atrae más nuestra atención hacia lo inusuales que han sido estas elecciones y hacia lo que pudiéramos llamar el fenómeno político Abel Pacheco. Dichas elecciones se vieron marcadas por el debilitamiento del bipartidismo que había prevalecido en los últimos tiempos en Costa Rica. Un tercer partido, el PAC (Partido Acción Ciudadana), cuyo candidato presidencial había abandonado el Partido Liberación Nacional, obtuvo el 26% de los votos presidenciales en la primera vuelta, en comparación con el 31% del PLN (Partido Liberación Nacional) y el 38% del PUSC (Partido Unidad Social Cristiana). Se hizo así necesario que por primera vez en su historia los costarricenses fueran a una segunda vuelta electoral.
Además, en la distribución del Órgano Legislativo, mientras el PUSC obtuvo 19 curules y el PLN 17, el PAC logró 14, un cuarto partido, de extremo liberalismo económico, alcanzó 6 y otro ganó 1. Se configuró así un pluralismo legislativo y, en consecuencia, se afianzó la importancia de dicho Órgano Legislativo, al punto que Jaime Ordoñez comentó en La Nación de San José: "Subrepticiamente Costa Rica ha pasado ya a un parlamentarismo de facto", pues "por los próximos cuatro años, el eje del poder no estará Zapote [la Presidencia] sino en Cuesta de Moras [la Asamblea]" y la "ministra de la Presidencia [sin duda Rina Contreras, la actual Presidenta del PUSC], deberá tener especiales talentos políticos pues, en la práctica, tendrá las funciones de un primer ministro en un régimen parlamentario".
El abstencionismo aumentó algo en las elecciones costarricenses. Ya en las elecciones de 1998 éste había aumentado de un tradicional 20% a un inusitado 30%. En la primera vuelta de las recientes elecciones llegó al 31% y en la segunda al 39%. Mucho se ha discutido este desarrollo. Sobre todo se ha argumentado que el mismo implicaría una insatisfacción del electorado con los dos principales partidos políticos, sus candidatos y sus estilos de hacer política. Pero si esto fuera exclusivamente así, ¿cómo se explica que con un tercer candidato de importancia, quien hizo de su crítica a dichos partidos y a sus políticos uno de los ejes de su campaña y demostró su carisma para entusiasmar a sectores de la población, el abstencionismo no se haya reducido en la primera vuelta, en vez de aumentar ligeramente? En la segunda vuelta el abstencionismo fue menor que los peores vaticinios, algunos de los cuales anticipaban un abstencionismo de por lo menos el 45% y posiblemente de más del 50%.
Cuando le preguntaron a Abel Pacheco sobre estas altas cifras anticipadas, formuló dos comentarios que, en su estilo jocoso, destacaban aspectos de la realidad que se pasan normalmente por alto. Primero, afirmó que "hay quienes dicen que la insatisfacción con los dos candidatos generará un alto abstencionismo, mientras que yo me pregunto todo lo contrario, a saber si no será que por estar satisfechos con los dos candidatos y pensar que ambos pueden ejercer la presidencia mucha gente no vota". Y añadió: Los medios pasan un juicio negativo sobre todos los políticos -que son iguales, están motivados sólo por un interés mezquino e incluso sanción y cárcel-, pero luego se lamentan que los electores no vayan a votar, sin reconocer que han contribuido poderosamente a este resultado.
Por otra parte, el aumento del abstencionismo del 31% al 39%, de la primera a la segunda vuelta, no se puede explicar solamente por la desafección del electorado con los candidatos y los partidos. Hay que mencionar también que los costarricenses no han tenido la costumbre de la segunda vuelta, que al reducirse el número de candidatos presidenciales de 13 a 2 y darse la ausencia de candidatos a diputados y a concejales, se aminoró el número de quienes estimulaban a los electores a votar efectivamente. Además, al final las encuestas daban por descontado quién sería el ganador.
Dice mi hijo Ignacio que la gente participa en un acto político para sentir que le corre la adrenalina. Pero un proceso electoral sin embanderamientos, con la escasez de los otros distintivos partidarios, sin mítines importantes, con predominio publicitario de la televisión, que deja a los electores dispersos y, por ello, no suscita emociones colectivas, no estimula la adrenalina política. Fernando Sánchez en La Nación destacó que esta campaña había girado "más alrededor de la discusión y menos en torno a circo...Quedó demostrado, concluyó, que estamos preparados para organizar campañas más baratas y de mayor nivel". Por deseable que sea esta nueva práctica, debemos caer en cuenta de que la misma favorece la baja en la participación y en el porcentaje de votantes.
Más hondamente, pienso que el abstencionismo también responde a la superación de la pugna ideológica y geopolítica global. Esta superación reduce las diferencias entre los candidatos, quienes muchas veces resultan más similares que contrastantes en lo que representan y proponen. Ello hace necesario fortalecer la identidad de pensamiento de los partidos, sus características programáticas y lo que llamaría su sentido vital, tanto personal como comunitario, para tratar de vencer el abstencionismo.
En este contexto electoral Abel Pacheco constituyó un fenómeno que le ha permitido al PUSC sucederse a sí mismo por primera vez. A los 68 años es y proyecta la imagen de un abuelo, que sabe expresarle afecto a sus conciudadanos y al mismo tiempo decirles verdades sobre su comportamiento. Además, como psiquiatra se las dice con propósito terapéutico, sin herirlos, suscitando la esperanza de que gracias a sus orientaciones los costarricenses podrán encontrar formas de trabajar para resolver sus propios problemas.
Abel Pacheco ha participado en política desde hace años, como combatiente en una de las pugnas civiles de su país, como diputado y como presidente del partido Social Cristiano. Por su parte, su contendor Rolando Araya es un político liberacionista experimentado y su otro contendor Otón Solís fue ministro bajo la presidencia de Oscar Arias, diputado liberacionista en el período constitucional que está por terminar y, al abandonar las toldas del PLN, procedió a fundar otro partido, el PAC. Ninguno de los tres llegó a la candidatura presidencial como apolítico o como independiente.
Sin embargo, Araya quedó identificado como el candidato más tradicionalmente político y Solís como el candidato más inconoclastamente político, ya que rompió con los partidos que han gobernado a Costa Rica durante el último medio siglo. Abel Pacheco se perfiló como el candidato más originalmente político. Para alcanzar la candidatura, se enfrentó y venció al caudillismo paternalista de Rafael Angel Calderón Fournier, que hasta entonces ejercía control incuestionable sobre el PUSC. Ha completado así la labor que comenzó el actual presidente de Costa Rica Miguel Angel Rodríguez de llevar dicho partido a su condición de organización adulta, con líder pero sin caudillo.
De Calderón Fournier dijo Pacheco: "Aquí él siempre ha tenido quien lo quiere, pero no va a tener quien le ruege". Cuando después de la primera vuelta Luis Fishman, su candidato a la segunda vicepresidencia, amenazó con irse si no lo nombraba jefe único de la campaña para la segunda vuelta, Pacheco lo acompañó a la puerta y dijo que no le daría ningún cargo ejecutivo, afirmando: "Soy conciliador a muerte, pero tendía la mano y me la mordieron". Sus dos slogans de campaña fueron emotivos más que cerebrales: "Es la hora del abrazo" y "Vote por Usted", que enfatizaban su innegable don para relacionarse afectivamente con la gente común y corriente. En cumplimiento de su propósito de fortalecer la integración de los costarricenses, ha anunciado que incluirá en su gobierno a personalidades capacitadas de otros partidos diferentes. Pero en su trato ha demostrado carácter y temperamento. La noche de su triunfo, por ejemplo, no tuvo reparos en advertir que no había que confundir "el abrazo con la alcahuetería", pues su victoria era "sólo de los costarricenses buenos" y representaba una derrota, entre otros, para los que se dedicaban al comercio sexual con los niños, al narcotráfico y lavado de dinero, como también para los evasores de impuestos.
Con su hablar directo, afectuoso, pero franco y sí necesario firme, impregnado de humor y sobre todo de un humanismo popular, cálido y sin subterfugios, Abel Pacheco abordó los problemas que la gente siente a partir de los valores medulares del modo de ser costarricense. Con cerca de veinte años ofreciendo regularmente un corto programa de televisión, Abel Pacheco es un fenómeno de comunicación, familiar y entendible, entre un dirigente y su pueblo.
En mis dos recientes visitas a Costa Rica como observador electoral, por invitación del Partido Unidad Social Cristiana, le escuché afirmar metafóricamente que el desarrollo es como una ave que requiere dos alas para volar, a saber la economía y el humanismo, pero que ha estado tratando de volar únicamente con el ala de la economía y no ha podido. Él se compromete a ponerla a volar añadiendo el ala del humanismo a la de la economía, porque "mi compromiso absoluto es con los más pobres".
¿Podrá Costa Rica bajo la presidencia de Abel Pacheco poner a volar el ave del desarrollo económico con humanismo. Este es el gran desafío que tendrá que enfrentar el nuevo Presidente del hermano pueblo costarricense. Tiene la ventaja a su favor de suceder a otro presidente social cristiano, Miguel Angel Rodríguez, a quien rindió un merecido homenaje la noche de su triunfo. Rodríguez le entrega una economía que en los dos primeros años de su gobierno alcanzó altas tasas de crecimiento anual del PIB antes de verse afectada por la crisis internacional y por la deuda pública acumulada que heredó. Sobre todo ha demostrado una integridad muy diferente a la de los presidentes de nuestra región que permiten que la corrupción acose gravemente a sus países y terminan con la reputación de corruptos.
Con esa base como punto de partida es razonable esperar que el fenómeno Abel Pacheco logre para Costa Rica un éxito económico que sea al mismo tiempo una humanización de la convivencia sobre todo a favor de los pobres. Eso es lo que más necesita nuestra América Latina.
(ariyan@sinfo.net)

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