Las elecciones legislativas y las presidenciales
Históricamente, las elecciones presidenciales en Panamá han sido una contienda en la que participan múltiples competidores pero que en la práctica se reducen a un duelo entre el candidato oficialista y el candidato que lidera la oposición. El primero usualmente encabeza una alianza de partidos fortalecidos por su participación en el gobierno y el de oposición ofreciendo al pueblo la esperanza de un cambio proveniente de las huestes políticas que adversaron al gobierno de turno. De allí la importancia de consolidarse como uno u otro candidato.
El desgaste natural que sufre todo gobierno por ejercer el poder, pareciera haber sido superado con creces por el actual gobierno de Mireya Moscoso. Al menos, así lo indican todas las encuestas y sondeos cuando sus cifras muestran un profundo rechazo a la gestión gubernamental arnulfista y una gran decepción por las promesas electorales hechas por la actual presidenta. Es de tal magnitud tal percepción, que ahora los candidatos que no son del Partido Arnulfista o del PRD quieren distanciarse del gobierno y por ende se declaran de oposición. Así lo está haciendo Guillermo Endara, a pesar de confesar que será arnulfista por siempre, y que fue candidatizado por el partido Solidaridad, hasta hace poco miembro de la coalición oficialista. Por su lado, el candidato de Cambio Democrático, Ricardo Martinelli, hasta hace poco ministro de Asuntos del Canal, no pierde oportunidad para criticar y tomar distancia de la actual Administración.
Sin embargo, con la elección de la Junta Directiva de la Asamblea Legislativa esta semana, el panorama político se torna confuso para un país que observa con mayor detenimiento del que creen. Y así, con el abstencionismo de dos prestantes figuras del arnulfismo, a saber, los legisladores Marco Ameglio y Francisco Ameglio, la disputa entre gobierno y oposición por controlar el Organo Legislativo es decidida por los votos de los legisladores de Solidaridad y Cambio Democrático, cuyos candidatos presidenciales, como viene dicho, insisten en ubicarse en oposición al actual gobierno. Su voto: a favor del candidato oficialista, el arnulfista Jacobo Salas, quien con la presidencia de la Asamblea garantiza a Mireya Moscoso que durante su último año en el poder al menos la administración del primer Organo del Estado cooperará con su gestión. ¿Cómo deja a sus candidatos ese comportamiento de la bancada de Solidaridad y Cambio Democrático? ¿Con el gobierno o con la oposición? ¿Comprenderán los electores que la volubilidad de algunos parlamentarios respecto a mantenerse o no fieles a la línea de sus partidos se debe a la poderosa influencia del Ejecutivo más que a subyacentes alianzas entre colectivos?
La red terrorista del siniestro Osama bin Laden se adjudicó la autoría de este ruin ataque, con lo cual quedó demostrado, una vez más, el riesgo que existe actualmente en el planeta por los zarpazos del terrorismo cuya demencial incidencia, no hay que olvidar, es de carácter universal.
Si se llegó a cometer un acto de esas características en contra de la ONU, nada puede esperarse sino hechos similares por parte de estos homicidas que, repletos de odio y con obsesiva premeditación, cometen actos de ignominia.
Esos criminales pertenecen al imperio del caos, por cuanto nada les importa la vida humana, ni siquiera la suya, por eso mueren en el cometimiento de sus atrocidades guiados por el ciego y perverso fanatismo que les devora.
La propia ONU, que debe intensificar la lucha antiterrorista, con el ataque en referencia, acaba de sufrir en carne propia los aleves y demoledores golpes del flagelo al que, acertadamente, la comunidad internacional califica como crimen de lesa humanidad, precisamente por su enorme y devastador peligro.
El desgaste natural que sufre todo gobierno por ejercer el poder, pareciera haber sido superado con creces por el actual gobierno de Mireya Moscoso. Al menos, así lo indican todas las encuestas y sondeos cuando sus cifras muestran un profundo rechazo a la gestión gubernamental arnulfista y una gran decepción por las promesas electorales hechas por la actual presidenta. Es de tal magnitud tal percepción, que ahora los candidatos que no son del Partido Arnulfista o del PRD quieren distanciarse del gobierno y por ende se declaran de oposición. Así lo está haciendo Guillermo Endara, a pesar de confesar que será arnulfista por siempre, y que fue candidatizado por el partido Solidaridad, hasta hace poco miembro de la coalición oficialista. Por su lado, el candidato de Cambio Democrático, Ricardo Martinelli, hasta hace poco ministro de Asuntos del Canal, no pierde oportunidad para criticar y tomar distancia de la actual Administración.
Sin embargo, con la elección de la Junta Directiva de la Asamblea Legislativa esta semana, el panorama político se torna confuso para un país que observa con mayor detenimiento del que creen. Y así, con el abstencionismo de dos prestantes figuras del arnulfismo, a saber, los legisladores Marco Ameglio y Francisco Ameglio, la disputa entre gobierno y oposición por controlar el Organo Legislativo es decidida por los votos de los legisladores de Solidaridad y Cambio Democrático, cuyos candidatos presidenciales, como viene dicho, insisten en ubicarse en oposición al actual gobierno. Su voto: a favor del candidato oficialista, el arnulfista Jacobo Salas, quien con la presidencia de la Asamblea garantiza a Mireya Moscoso que durante su último año en el poder al menos la administración del primer Organo del Estado cooperará con su gestión. ¿Cómo deja a sus candidatos ese comportamiento de la bancada de Solidaridad y Cambio Democrático? ¿Con el gobierno o con la oposición? ¿Comprenderán los electores que la volubilidad de algunos parlamentarios respecto a mantenerse o no fieles a la línea de sus partidos se debe a la poderosa influencia del Ejecutivo más que a subyacentes alianzas entre colectivos?
La red terrorista del siniestro Osama bin Laden se adjudicó la autoría de este ruin ataque, con lo cual quedó demostrado, una vez más, el riesgo que existe actualmente en el planeta por los zarpazos del terrorismo cuya demencial incidencia, no hay que olvidar, es de carácter universal.
Si se llegó a cometer un acto de esas características en contra de la ONU, nada puede esperarse sino hechos similares por parte de estos homicidas que, repletos de odio y con obsesiva premeditación, cometen actos de ignominia.
Esos criminales pertenecen al imperio del caos, por cuanto nada les importa la vida humana, ni siquiera la suya, por eso mueren en el cometimiento de sus atrocidades guiados por el ciego y perverso fanatismo que les devora.
La propia ONU, que debe intensificar la lucha antiterrorista, con el ataque en referencia, acaba de sufrir en carne propia los aleves y demoledores golpes del flagelo al que, acertadamente, la comunidad internacional califica como crimen de lesa humanidad, precisamente por su enorme y devastador peligro.