Las escaleras de San Miguelito
A finales de los años sesenta, gran cantidad de panameños emigraron hacia un apartado sector lleno de montañas y árboles. Donde el residir no era nada fácil, con el tiempo, ante la falta de soluciones habitacionales de parte de las autoridades de entonces, miles de personas más optaron por trasladarse a este sitio ya denominado San Miguelito.
En la actualidad este es el segundo distrito de mayor importancia en el país, después de la ciudad capital, donde sus habitantes según el último censo de población rondan los 300 mil habitantes. Para muchos de sus habitantes, el llegar a este sitio no fue nada fácil, sobre todo por lo difícil del terreno en muchas de sus partes, que no era más que montañas y se debía buscar la manera de instalarse, además de llegar y bajar del punto habitado.
Ante esta necesidad, es allí donde nacen las opciones de construir las empinadas escaleras que se pueden observar desde las vías más transitadas de este distrito, las que para los ajenos a este lugar, representan un peligro para los que allí viven.
Pero no es así para sus residentes, tal es el caso de Roberto Góndola, que tiene 25 años viviendo en este lugar, quien aseguró que no le teme a bajar o subir estas escaleras, pues "es cuestión de costumbre", agregó. Sostuvo que al principio su esposa si sentía temor de bajar la escalera, pero con el tiempo lo superó. "Lo mejor es bajar después de una fiesta y con unos tragos encima, donde pareciera que la escalera se mueve, pero te repito, es costumbre como todo en la vida", aseguró.
Por su parte, Eleonora Díaz, quien es madre soltera, dijo que llegó a este distrito en compañía de su primer esposo a mediado de los años setenta y ante la falta de un terreno llano y sumado a la necesidad de obtener una vivienda, se vieron en la obligación de instalarse en lo alto de lo que hoy se conoce como Las 500, aunque aseguró que con el tiempo se ha percatado que vive en mejores condiciones que otras familias que residen en San Miguelito. Explicó que su anterior esposo al principio improvisó una escalera en la tierra dándole la forma escalonada y al cabo de un tiempo la construyó de cemento.
Sin embargo, ante la falta de soluciones de viviendas miles de familias anualmente se instalan en San Miguelito, en calidad de precaristas, a pesar que no cuentan con las condiciones mínimas para vivir decorosamente. Tal es el caso de comunidades como San Martín, en Cerro Batea donde actualmente viven cientos de familias que ni siquiera tienen agua en sus casas.
En la actualidad este es el segundo distrito de mayor importancia en el país, después de la ciudad capital, donde sus habitantes según el último censo de población rondan los 300 mil habitantes. Para muchos de sus habitantes, el llegar a este sitio no fue nada fácil, sobre todo por lo difícil del terreno en muchas de sus partes, que no era más que montañas y se debía buscar la manera de instalarse, además de llegar y bajar del punto habitado.
Ante esta necesidad, es allí donde nacen las opciones de construir las empinadas escaleras que se pueden observar desde las vías más transitadas de este distrito, las que para los ajenos a este lugar, representan un peligro para los que allí viven.
Pero no es así para sus residentes, tal es el caso de Roberto Góndola, que tiene 25 años viviendo en este lugar, quien aseguró que no le teme a bajar o subir estas escaleras, pues "es cuestión de costumbre", agregó. Sostuvo que al principio su esposa si sentía temor de bajar la escalera, pero con el tiempo lo superó. "Lo mejor es bajar después de una fiesta y con unos tragos encima, donde pareciera que la escalera se mueve, pero te repito, es costumbre como todo en la vida", aseguró.
Por su parte, Eleonora Díaz, quien es madre soltera, dijo que llegó a este distrito en compañía de su primer esposo a mediado de los años setenta y ante la falta de un terreno llano y sumado a la necesidad de obtener una vivienda, se vieron en la obligación de instalarse en lo alto de lo que hoy se conoce como Las 500, aunque aseguró que con el tiempo se ha percatado que vive en mejores condiciones que otras familias que residen en San Miguelito. Explicó que su anterior esposo al principio improvisó una escalera en la tierra dándole la forma escalonada y al cabo de un tiempo la construyó de cemento.
Sin embargo, ante la falta de soluciones de viviendas miles de familias anualmente se instalan en San Miguelito, en calidad de precaristas, a pesar que no cuentan con las condiciones mínimas para vivir decorosamente. Tal es el caso de comunidades como San Martín, en Cerro Batea donde actualmente viven cientos de familias que ni siquiera tienen agua en sus casas.