Las falencias de los 100 días
Acogiéndonos a la moda de los cien días para medir o dar un compás de espera a los nuevos gobiernos, el del Cambio, que ha tratado de proyectarse como una Junta de Gobierno, dado que Martinelli enfatiza que los gobernantes son Varela y él, concluimos que este gobierno tiene sus huecos negros, esos donde no ha querido entrar, porque no entiende sus alcances o porque cree que no dan el rédito mediático fácil que ofrecen los temas simplistas que ha abordado.
El rescate de la institución Familia y la reestructuración del sistema político son dos de esos temas ignorados y desde nuestro punto de vista, son los medulares. Claro que hay que mejorar un transporte masivo, como dar una pensión asistencial a los que no tienen una del Seguro Social, o que había que estimular a los policías, esos que se rompen el cuero en la calle, no a los privilegiados comisionados y subcomisionados, lo que ha sido un error. Si a los médicos que tienen un nivel académico y responsabilidad superior se les dio quinientos de aumento en tres tramos, ¿cómo a estos señores les aumentan mil de un tajo?
Volviendo a las falencias, a poco de hurgar en las razones de muchos problemas sociales, encontramos que la falta de valores son la causa primaria de estas falencias, valores que se adquieren en la institución familia, pero si los ciudadanos salen de esta estructura en crisis, ¿qué clase de ciudadanos se producirán? Nada más y nada menos que los que hoy actúan desvalorizados en sociedad. Las naciones se organizan en Estados para que éstos suplan lo que individualmente no se puede dar una persona, entre lo que está el propiciar las mejores condiciones posibles para que se formen sus ciudadanos. En la constitución hay entre otras letras muertas, el capítulo de la Familia en el Título III. Enunciados que no se cumplen y que los políticos o no conocen o no se comprometen con ellos.
En el aspecto de darnos el mejor gobierno está el otro escollo, el sistema político, el cual ha probado, hasta la saciedad, que es un engendrador de desigualdades democráticas y por ende sociales y económicas. Presidencialismo, clientelismo y reyezuelos desprestigiados en el Tribunal Electoral, que se prestan para usar los autos oficiales para llevar a sus esposas a almorzar o que se alborotan porque “sí se puede”, son una prueba de lo que son capaces. Cuocientes, medios cuocientes y residuos gritándonos lo antidemocrático del sistema. Representantes que salen con 50 votos y otros con 10 mil. Y partidos que no funcionan es la moneda corriente en el sistema político.
Sin la atención de los ejes medulares de un Estado, familia y sistema político, nos encaminamos a tener más de lo mismo.